Les jóvenes del siglo XXI

La nueva oleada es con la juventud a la cabeza

Nacides y criades antes, durante y después de la enorme rebelión del 2001 en nuestro país, los y las jóvenes de hoy en día piensan cada uno de sus movimientos en clave política. Hablamos de actores polítiques forjades al calor de grandes luchas sociales que dieron sus primeros pasos en un contexto de conquista de derechos.

«Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica», proclamó Salvador Allende, quien se desempeñaba como presidente de Chile, en un acto en la ciudad de Guadalajara (México) nueve meses antes de su muerte. La misma frase fue utilizada una y otra vez en distintas latitudes hasta convertirse en un mantra de las nuevas generaciones que vieron en la política una herramienta de transformación para cambiar todo lo que deba ser cambiado.

Foto: Virginia Robles

Antes de ser noticia por el boom de la generación Z o centennial les jóvenes ya habían protagonizado grandes peleas, sobre todo en defensa de la educación pública. Trazaron un largo e imborrable recorrido desde la puerta de cada una de sus escuelas hasta el Ministerio de Educación, estuvieron una y otra vez en la Plaza de Mayo, se identificaron con les estudiantes desaparecides en la Noche de los Lápices, se abrazaron con las Madres y las Abuelas, pasearon por los medios de comunicación para darle cátedra a más de uno que intentó subestimarles. Se amarraron fuerte los pañuelos blancos para gritar Memoria, Verdad y Justicia, los mismos pañuelos que pronto se teñirían de verde para inundar las calles con el reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito. Fueron les ‘maleducados’, ‘conchudos’ y ‘chiquitas’ que Feinmann no pudo callar.

Pibis que entre los 13 y los 18 años se aferraron a cada parte, por más mínima que sea, de su escuela, esa escuela pública en la que flamea la celeste y blanca. Ayer, en su día, cada une de elles reafirmó su derecho a ser estudiante y a ser militante de la educación pública, laica y de calidad. Porque son elles quienes reciben las viandas en mal estado, quienes observan con tristeza cómo se derrumban los colegios, son también quienes año tras año le dicen hasta luego a les miles de chicos y chicas que podrían haber sido sus compañeres si el Estado cumpliese con la obligación de garantizarle una vacante a todos y todas desde los 45 días de vida.

Foto: Catalina Distefano

Ser joven en la Argentina implica por sí mismo cargar con una pesada mochila a la que le sacaron los libros y los útiles escolares para colmarla de prejuicios y estigmas serviles a un sistema que busca seguir oprimiéndoles. El pibe chorro, el vago que no quiere estudiar, la fanática de los boliches que cometió el enorme pecado de utilizar una pollerita demasiado corta, o peor aún, la que no pudo terminar de expresar con cada fibra de su cuerpo que no quería que la violen. La juventud argentina fue golpeada sistemática y sistémicamente a lo largo de los años, pero dijo BASTA.

Los pibes y las pibas que llegan hoy a las escuelas ya no se resignan a ser el objeto de crítica de la opinión pública, no soportan que se sigan sumando rostros a las remeras y nombres a las paredes, están cansades de asistir a una vida teñida de luto por cada injusticia. Las cosas cambiaron y la juventud se plantó para dejar atrás el divisionismo, el individualismo y la lógica meritócrata que quisieron implantarle. Se abrieron paso en las escuelas, en las calles, en los escenarios y en el Congreso.

Foto: Virginia Robles

«Y si ahora gritamos y cantamos en modo de protesta
Es porque preguntamos bien y nadie nos dio una respuesta», sintetizaría el joven cantante Wos, de 21 años y egresado del Mariano Acosta.

En los últimos cuatro años les jóvenes vieron en peligro mucho de todo con lo que crecieron y fue ese el último ‘click’ que necesitaron para atreverse a ir por todo. Empezaron a tejer redes y fortalecer otras cubriendo todos los frentes, se animaron a soñar con un futuro joven que esté un poquito más cerca del ideal que persiguen. «El sueño se hace a mano y sin permiso», cantaba el artista cubano Silvio Rodríguez tan solo un año después de la vuelta a la democracia en nuestro país. Debieron pasar crisis, muertes, golpes y caídas para parir generaciones que se animen a materializar aquella prosa.

Así se fueron apropiando de viejas y de nuevas peleas: los feminismos incorporaron a millones de pibas que hicieron del pañuelo verde su uniforme y este año se vio nacer a distintos colectivos como Jóvenes por el Clima, que busca concientizar sobre el cambio climático desde una perspectiva popular, y Les Jóvenes, un grupo de pibes y pibas de distintas edades reunides por el espanto que les causó cuatro años de políticas neoliberales, pero unides también por la esperanza de construir otro país. «Lo único más grande que el amor a la libertad es el odio a quien te la quita», diría la joven referenta Ofelia Fernández.

Foto: Abril Pérez Torres

Mercedes Pombo tiene 19 años y su militancia empezó desde muy chica cuando iba en brazos a la marcha del 24 de marzo, convocatoria a la que años más tarde asistió por sus propios medios. «Recuerdo estar llorando la muerte de Néstor (Kirchner) a los 10 años y cosas como esas me marcaron para siempre», dice en diálogo con El Grito del Sur. También participó durante algún tiempo de voluntariados, pero comprender que había que ir más allá la llevó a tomar la decisión de involucrarse en un partido político y dar el último paso.

Diego Belaunzarán Colombo, «Diega» para les amigues, empezó a participar políticamente una vez que ingresó al colegio Carlos Pellegrini. De todas formas, debido a que su madre es fotógrafa, su padre periodista y su tío fue desaparecido por la última dictadura cívico-militar, asegura que siempre sintió un fuerte interés por la historia y la política social. «Empecé a militar con la idea y con las ganas de construir una educación mucho más democrática», afirma en relación a las que fueron sus primeras batallas desde su trinchera preuniversitaria.

Lucía Cámpora es una de las candidatas más jóvenes que este año forma parte de la lista porteña del Frente de Todes y los principios de su militancia se remontan al último año del colegio secundario, cuando tenía 17 años. Su primer acercamiento fue a través de las actividades que realizaba el Centro de Estudiantes del Nacional Buenos Aires en un comedor de la Villa 21-24. «Empecé a militar porque tenía la noción de que vivíamos en una sociedad muy desigual, con muchas injusticias, y la manera de combatirlas e intentar resolverlas no era quedándonos en casa sino involucrándonos en la política», cuenta.

Ya no se hace política únicamente con camisa y corbata, es la hora de les jóvenes y llegaron para quedarse.