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¿Por qué el macrismo avanzó en la UBA?

En 8 de los 13 centros de estudiantes de la UBA ganaron tendencias que se encuadran directamente en Juntos por el Cambio o que sostienen vínculos estrechos con sus estructuras. ¿Qué pasó en la universidad más grande del país para que sus estudiantes voten a contracorriente de la realidad nacional?

Terminaron las elecciones UBA y los resultados dejaron mucha tela para cortar. En una casa de estudios con un padrón de 300 mil alumnos, la mayoría de los centros de estudiantes quedaron en manos de tendencias propias o afines al gobierno de Mauricio Macri. Tras la aplastante derrota del macrismo a nivel nacional y en todas las provincias (con excepción de Córdoba y CABA), surge la pregunta crucial: ¿Por qué les estudiantes de la universidad pública más grande del país optaron por votar a los representantes estudiantiles de Cambiemos? Aunque el poder real de la Universidad reside en la casta de profesores titulares que deciden sobre el masivo de docentes y estudiantes, analizar los resultados en los centros de estudiantes permite estudiar las tendencias del claustro más dinámico y con mayor vida política al interior de la Universidad.

¿De qué hablan cuando hablan de reformismo?

Detrás del autoproclamado título de “reformismo” se esconde la Juventud Radical de Capital Federal y sus satélites aliados. Referenciados en Emiliano Yacobitti (3° candidato a diputado en CABA por la lista que encabeza Macri), debieron lavar su histórica identidad al interior de la Universidad después del año 2001, pasando de ser la tradicional Franja Morada a llamarse Nuevo Espacio y adoptar identidades específicas en cada una de las facultades. El punto de partida es claro: la Franja Morada, en la mayoría de las facultades, esconde su pertenencia política nacional al proyecto de Cambiemos, a diferencia de lo que hacen los espacios referenciados en el Frente de Todos, o con más vehemencia, las formaciones de izquierda.

El “reformismo” es conducido de manera hegemónica por Yacobitti y la Cantera Popular (tendencia interna de la UCR), pero en él conviven también el Partido Socialista (Roy Cortina), flamante incorporación de las listas de Juntos por el Cambio, y espacios “independientes” como el LAI de Agronomía -afín a la Sociedad Rural-, el MLI de Ingeniería -con estrechos acuerdos políticos y económicos con el Rectorado- o la UES de Sociales, peronismo ortodoxo que conduce Cristian Bay, dirigente estudiantil denunciado por acoso sexual.

Más allá de esto, los radicales cuentan con una importante ventaja: las autoridades que manejan la Universidad son parte de la Unión Cívica Radical y sostienen vínculos aceitados que les permiten una cooperación fluida entre claustros al momento de presentar proyectos y optimizar recursos. Del otro lado de la grieta, pese a algunos intentos germinales (el espacio “Otra UBA es posible”), existe una gran desconexión entre representantes estudiantiles, graduados y profesores.

El Frente de Todes

La formación de unidad que contiene a espacios del kirchnerismo y de la izquierda quedó ubicada como la primera minoría en el escenario UBA, desplazando al histórico trotskismo. Esta alianza, conducida por La Mella y La Cámpora, también tuvo sus reconfiguraciones internas: en Exactas, los kirchneristas vencieron a la agrupación de Itai Hagman, aunque juntos lograron hacerse con el centro de estudiantes de Filosofía y Letras.

Una primera conclusión es que el escenario antimacrista que intentaron replicar desde el amplio Frente de Todos no encontró sustento en la Universidad: con un Macri casi derrotado, la denuncia de los vínculos entre la Franja Morada y el gobierno nacional no prosperó. El estudiantado, golpeado por cuatro años de crisis económica, optó por las tendencias que ofrecieron un beneficio en términos materiales y de gestión: los cursos de invierno le ganaron al antimacrismo. Muchas de las conducciones del Frente de Todes que fueron derrotadas se recostaron sobre una línea muy “política” que no prendió: les estudiantes de la UBA priorizaron el precio de los apuntes al encuadramiento nacional.

También, en estos años, el estudiantado cambió: durante el kirchnerismo, con un gobierno progresista, había espacio por izquierda para que surgieran tendencias críticas (La Mella) o antagónicas (trotskismo) al gobierno de Cristina. Primaba entonces un debate más ideologizado, atravesado por la discusión de proyectos de país. Con la llegada de Macri y la consecuente dificultad para acceder y permanecer en las facultades, les estudiantes relegaron la discusión por el modelo nacional para privilegiar las condiciones de cursada: un repliegue defensivo en el que no hay tiempo para discutir sobre Reforma Agraria, cuando la permanencia en la Facultad depende de poder acceder a materiales más baratos.

El triunfo en Filosofía y Letras y la excelente performance en Derecho, que le permitió al Frente de Todes en esta última obtener la minoría en Consejo, representan dos victorias para este sector que, a base de acuerdos de unidad, se consolida como la principal oposición a la hegemonía morada en la Universidad.

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La caída del trotskismo

En tercer lugar, acusando un retroceso histórico, se ubicó el Partido Obrero. Lejos de las posiciones que le permitieron dirigir de manera continuada la Federación Universitaria de Buenos Aires por casi 20 años, la formación de izquierda perdió los centros más importantes que conducía (Filo y Medicina), sostuvo dos pequeños bastiones históricos (Veterinaria y Farmacia) y retrocedió de manera notoria.

El caso de Medicina es llamativo: el Partido Obrero pasó de conducir el Centro, uno de los más importantes de la UBA, a obtener apenas un 7% de los votos y quedar en tercer lugar. En Psicología y Sociales, dos facultades de peso y vinculadas al pensamiento crítico, el trotskismo no pudo superar el 15%. Farmacia y Bioquímica la sostuvo a pesar del importante avance del Nuevo Encuentro y en Veterinaria, el soviet animalista, tuvo que sufrir para conservar el centro de estudiantes.

Ahora, con este nuevo escenario, queda ver qué pasará con la FUBA, que hasta ahora era dirigida por una alianza entre el PO y el Frente de Todes (La Mella- La Cámpora- Nuevo Encuentro), pero donde el reformismo alcanzó mayoría en la Junta Representativa y puede hacer efectiva su histórica ambición de recuperar la Federación.