Ricardo Forster

“Las PASO marcaron un retorno casi anacrónico a la política”

Reconocido filósofo y secretario de Pensamiento Nacional durante el último gobierno de CFK, Ricardo Forster analiza las claves del triunfo del Frente de Todos en las PASO y la posible impronta política del futuro gobierno de Alberto Fernández.

Ricardo Forster fue uno de los más destacados intelectuales orgánicos ligados a los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. Referente del espacio Carta Abierta, del cual decidió alejarse ya con Macri en el poder, este reconocido filósofo llegó a ocupar el cargo de secretario del Pensamiento Nacional en el año 2014. En la actualidad, lejos de las obligaciones institucionales, Forster divide sus tiempos entre las clases en la Universidad de Buenos Aires, la escritura de libros y las disertaciones académicas en diferentes provincias del país.

Forster nos recibe en su casa del barrio de Coghlan. Su rostro delata tranquilidad y confianza en lo que viene, a partir de lo que entiende será un cambio de gobierno con la victoria de Alberto Fernández en octubre. En una entrevista con El Grito del Sur, el intelectual kirchnerista identifica las claves de la victoria del Frente de Todos en las PASO y opina sobre las posibles características de un eventual gobierno de Alberto Fernández.

¿La política le ganó al big data en las PASO?

Sí, yo creo que una de las características de las PASO fue un retorno casi anacrónico a la política. Todo esto comenzó con Cristina presentando un libro de más de 600 páginas, que es absolutamente antagónico a la lógica del Twitter, de la frase hecha y de la construcción publicitaria que busca el efecto inmediato. Esta iniciativa se convirtió en un acontecimiento político, multitudinario y con una circulación impresionante que sorprendió a todos. Inmediatamente después se produjo la presentación audiovisual de Cristina con un discurso político muy potente y conmovedor anunciando la decisión de compartir la fórmula con Alberto Fernández como candidato a presidente. Éste fue un acto político que también pateó el tablero. Lo mismo con Axel Kicillof, que hizo un largo recorrido durante más de dos años subiéndose a un autito y deteniéndose en cada pueblo de la provincia de Buenos Aires, conversando y escuchando, haciendo política de cercanía de verdad, no esa que vemos en fotos o en photoshop, con vecinos de plástico o en colectivos simulados. Él también retomó una metodología que casi proviene del pasado. La campaña de Alberto Fernández también culminó con una movilización al aire libre, en un lugar emblemático de Argentina como es el Monumento a la Bandera en Rosario frente a una multitud. Me parece que es interesante para la reconstrucción de la lengua política -como una lengua de la democracia y de la emancipación- poder corrernos del imperio de las redes sociales, de una información que parece agotar el sentido de la política en quien sepa manejar mejor esas herramientas.

¿Por qué la mayoría de los encuestadores fallaron tan groseramente con la predicción de los resultados? ¿Creés que se trató de una intención deliberada?

En algunos probablemente, las encuestas son performativas. Hace mucho tiempo que las encuestas tienen una función que no es simplemente la de adjetivar lo que está sucediendo en la sociedad, sino que actúan en función de intereses y responden a una lógica ligada a determinadas búsquedas políticas. Tienen sus clientes y ordenan supuestamente el territorio de la política, imponen temas e impulsan a determinados candidatos. Hace tiempo que las encuestas están fallando, no solamente en Argentina. Fallaron también porque utilizan técnicas equivocadas: el sentido común dice que dos sectores claves en una elección -los jóvenes y los pobres- no responden a las encuestas a través de un teléfono de línea. Yo viajo mucho por el interior del país y se percibía un clima de malestar profundo, de una sensación de algo que se estaba rompiendo. Cada una de las políticas implementadas por Macri golpearon directamente el salario, el trabajo, la jubilación, el acceso a los alimentos, a los servicios, etc. Si bien lo económico tiene un peso importante, yo creo que en estas elecciones no hay que subestimar una dimensión que yo llamaría más simbólico-político-cultural. Hay algo no menor que es la contundencia del voto kirchnerista, después de una persecución inédita de 11 años si es que tomamos el 2008 como fecha de comienzo. Sin embargo, lo que se mantiene como masa crítica que crece y se consolida es algo muy interesante en esta época: un sujeto social, cultural y político que se identifica profundamente con el nombre del kirchnerismo y con la figura de Cristina, que aparece sin lugar a dudas con una envergadura muy significativa respecto a cualquier otro dirigente político.

Fotos: Abril Pérez Torres

¿Qué leyeron Alberto y Cristina sobre lo que estaba ocurriendo en los niveles más profundos de la sociedad y qué le faltó comprender tanto a Macri como a Durán Barba?

En el caso del Frente de Todos, es la continuidad de una gran tradición que implica tratar de construir un lenguaje que se corresponda con las demandas y los intereses de las grandes mayorías. A lo largo de los cuatro años del gobierno de Néstor Kirchner y de los ocho años de Cristina, la interlocución con el pueblo fue en relación a qué sociedad construir, cómo distribuir y qué derechos otorgar. Eso no significa que no se produzca un desgaste en el interior de la vida social, que no se produzcan conflictos, debilidades y límites. La memoria acumulada a veces parece diluirse y a veces regresa, una memoria de igualitarismo y de derechos que es muy profunda en la historia popular argentina. El Frente de Todos, que combina la experiencia del peronismo radicalizada por el kirchnerismo, logró interpelar, convocar y representar esa memoria clave de los sectores populares. También volvió a recuperar una relación con un sector no menor de la clase media, porque cuando vos analizás el voto de las PASO necesitás un corte transversal para sacar casi un 50% de los votos. Estos sectores medios se vieron muy castigados e incluso en cierta medida los deja en peores condiciones que a sectores populares acostumbrados a lidiar con las dificultades propias de una crisis. El discurso de Alberto Fernández comprendió que había que marcar las diferencias económicas entre dos proyectos en pugna. Si bien él habla mucho de moderación y de unidad, a la hora de construir un discurso para enfrentarse al macrismo plantea que hay dos proyectos distintos de país. En cuanto a Macri, no tiene a nadie para interpelar: además es un personaje extraño porque no ha producido efecto ni siquiera en la masa crítica de sus seguidores, si dejamos de lado ese núcleo medio hipnotizado y medio sonámbulo de resentimiento como el que vimos el otro día en Plaza de Mayo. Macri nunca logró traducir afectivamente un caudal electoral importante y en política eso sigue siendo algo bien significativo. Su discurso quedó lavado y vacío de contenido. Una vez que se rompieron las expectativas después de la elección de 2017, se acabó todo. El macrismo quedó reducido a su mínima expresión.

¿Creés que la destrucción neoliberal macrista va a dejar lugar a la posibilidad de retorno a una política emancipatoria en un eventual gobierno de Alberto Fernández?

Si uno pensase que ya no hay más chances para construir una política post-neoliberal, que tenga una tendencia a la emancipación y el igualitarismo, deberíamos dedicarnos a otra cosa. Eso no significa que el gobierno de Alberto Fernández va a tener que lidiar con una situación social y económica extremadamente difícil y también con un clima de época regional y mundial muy complejo. Alberto va a estar obligado a tomar medidas reparadoras inmediatamente: eso significa hacer algo con el precio de los alimentos, de los medicamentos y hacer algo con el salario en general, pero en particular con el de los jubilados. El próximo gobierno va a tener una legitimación de origen muy fuerte, porque ganar en primera vuelta le va a dar a Alberto unos cuantos meses de gracia, en el sentido de que los poderes económicos -que sólo piensan en sus intereses- acepten no tratar de marcarle la agenda. Pero una vez que vuelva a plantearse la pelea por la distribución de la renta, que es un tema clásico de la historia argentina, vuelve a surgir la disputa y hay que tomar decisiones. No se puede distribuir más equitativamente sin afectar los intereses de aquellos que no quieren que se distribuya. Ahí sabremos efectivamente cuál es el límite o no de un gobierno como el de Alberto Fernández.

Fotos: Abril Pérez Torres

¿Qué Alberto Fernández se verá en caso de llegar a ser Presidente: el que plantea un proyecto de país distinto al de Macri o el que desfila por los seminarios de Clarín?

Espero que sea el primero: un Alberto Fernández que esté más cerca de las necesidades de la inmensa mayoría de los argentinos y de las argentinas que de los humores de los grandes grupos económicos. Eso no significa que, para gobernar y para construir una economía que logre salir del páramo en el que estamos, no tengas que negociar con los grupos económicos o con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La gran cuestión es el lugar desde dónde negocias. A mí me pareció muy bueno el documento que hizo el Frente de Todos después del encuentro con el FMI: me parece que es muy consistente, claro y define con mucha precisión la corresponsabilidad de éste con el macrismo y detalla todas las consecuencias que tuvieron todas las políticas acordadas por el Fondo Monetario con Macri. De ahí se debería extraer una mirada y una acción en consonancia con esa crítica. Si Alberto va por un camino más o menos parecido al que implementó Macri, me parece que es un gobierno destinado a entrar en una crisis muy rápidamente. No creo que eso esté en la visión de Alberto ni de Cristina. Éste es un pueblo que busca reparación y tiene necesidades urgentes, no a resolver dentro de un par de años. Son cuestiones que hay que atacar ahora, en términos de resolver temas que son literalmente de vida o muerte.

Se avecina una fuerte confrontación con los grandes poderes económicos, pero también habrá disputa entre los diferentes sectores del Frente de Todos. ¿Esto último supone una amenaza en el corto o mediano plazo para un eventual gobierno de Alberto?

Argentina tiene un sistema presidencialista. Eso es bueno y malo al mismo tiempo: bueno porque si vos llegás a través de un acuerdo parlamentario o un frente de muchos actores diferentes, siempre tenés una zona de debilidad porque un sector grande te quita el apoyo y se te cae la posibilidad de seguir gobernando; malo porque el presidencialismo también genera arbitrariedades y la imposibilidad de abrir espacios de mayor confluencia. Yo creo que hay un tiempo de gracia, que será más corto o más largo dependiendo de ciertas circunstancias, donde los actores sociales, políticos y sindicales que participan del Frente de Todos van a actuar en función de un acuerdo a partir de una serie de medidas que se van a tener que tomar inmediatamente. Una vez que se salga de esa primer urgencia más inmediata, cuando empiecen a tomarse algunas medidas más de fondo ahí pueden surgir por supuesto las disidencias de sectores que en los últimos años transitaron por vías muy distintas. Pienso por ejemplo en el massismo o en cierta expresión de los gobernadores, o incluso también en los distintos actores sindicales. Argentina es un país que te promete todo, menos calma y serenidad.

Sobre el final del último gobierno de CFK fuiste secretario de Pensamiento Nacional. ¿Qué imaginario social nos dejan estos cuatro años de macrismo? Un 30% votó a favor de la continuidad de Macri…

A mí no me sorprende que un tercio de la sociedad se englobe en lo que podemos llamar una tradición de derecha neoliberal. No es sorprendente, siempre ha habido en Argentina una parte para nada pequeña que ha expresado a esa derecha, aunque nunca había logrado una derecha de esas características llegar por vía electoral al gobierno. Creo que un caudal de votos de alrededor de 30 puntos es razonable y hasta es bajo en relación a la capacidad que ha tenido la derecha a nivel global y el neoliberalismo en particular de penetrar profundamente en el sentido común de la sociedad contemporánea y de capturar amplios sectores populares. Ahora ha retrocedido a su voto orgánico histórico, un poquito más. Hay un retroceso, pero eso no significa que la derecha no siga teniendo capacidad de recambio y de renovación porque siguen teniendo los instrumentos. Pelear contra ello es muy difícil.

Fotos: Abril Pérez Torres