Disputa Capital

La RosCABA se intensifica a un mes de las elecciones

Lammens crece al calor de la albertización porteña y apuesta por los votos en blanco, los lavagnistas y los recuperables. Larreta se despega (aún más) de Macri, se muestra con Lousteau y se aferra a los votos de Espert para evitar el ballotage.

Falta apenas un mes para las elecciones que definirán el futuro de la Argentina por los próximos cuatro años y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se juega un partido más que caliente. El triunfo en las primarias de Horacio Rodríguez Larreta por 14 puntos no le permitió respirar tranquilo y la buena performance de Matías Lammens, sumada a la paliza a nivel nacional de Alberto Fernández sobre Mauricio Macri, augura que el escenario para octubre no está cerrado en la ciudad más rica y desigual de la Argentina.

Ambos lados ya están jugando sus cartas. Desde el Frente de Todes la madre de las apuestas es llegar al ballotage y para eso se perfilan distintas tácticas. En principio comenzó una campaña de ‘albertización’ de la Ciudad, invitando al candidato presidencial a diferentes actividades y pegándolo a la figura de Lammens. La jugada tiene un objetivo doble: aumentar el caudal de conocimiento del presidente de San Lorenzo y al mismo tiempo achicar el margen de corte de boleta, especialmente en comunas donde Alberto ganó y Lammens terminó abajo por menos de 2 puntos.

Asimismo, en el Frente de Todes se emocionan con tres datos interesantes: los blancos, los lavagnistas y los recuperables. Comencemos por los blancos: la Ciudad de Buenos Aires fue el distrito con mayor caudal de votos en blanco, un 8% del padrón, triplicando el porcentaje nacional. La posibilidad de incorporar algunas de estas voluntades en la lógica del voto útil -con el fin de echar a Larreta- puede ser un factor que aglutine a este sector importante en disputa. Por otro lado, y en un escenario cada vez más polarizado, la posibilidad de que un considerable número de votantes que optaron por Matías Tombolini y Roberto Lavagna en las PASO se vuelquen hacia Lammens, es otro hipótesis que podría robustecer a la fórmula opositora. Por último, los recuperables: aquellos que apuestan a ganador, los decepcionados con Macri y los que pueden “saltar de bando”: según una encuesta de la Universidad de Belgrano, el 27% de los porteños y las porteñas podrían cambiar su voto en octubre.

Del otro lado de la grieta, la apuesta es por conservar lo conquistado. Sin embargo, el escenario se presenta muy complejo. Larreta corrió definitivamente a Macri de su campaña y comienza a mostrarse con Martín Lousteau, un perfil que considera que puede consolidar cierto voto esquivo al PRO. Asimismo, ya jugó una carta importante: José Luis Espert, candidato presidencial que obtuvo 2% de los votos a nivel nacional y que no cuenta con representante en la categoría de Jefe de Gobierno, ya anunció que apoyará la formula de Juntos por el Cambio. Esta jugada puede ser leída desde dos ángulos distintos: el triunfalista, que augura la suma matemática de los votos, y el catastrofista, un poco más cercano a la realidad. Larreta, que ya había cedido posiciones en el cierre de listas (Ferraro, Lousteau, Yacobitti y Cortina salieron fortalecidos sobre los PRO puros) debe volver a ampliar su alianza con sectores externos en su búsqueda por evitar el ballotage. La incorporación de Espert le resta peso propio al economista liberal, que se había mostrado como un outsider crítico del PRO, reduce su espacio de representación y muestra un gesto de desesperación de Larreta que intenta salir a pescar los pocos votos que le faltan sin perder lo que pudo acumular.

El voto útil, la cumbia (¿premonitoria?) de Sudor Marika, el efecto arrastre de la elección nacional y la disputa por extender la frontera opositora hacia el norte son variables que definirán el escenario de un posible ballotage. En ese caso ya será otra historia, con todos los cañones mirando a la Ciudad. Por ahora, la primera parada se define por pocos votos y los candidatos lo saben.