El pogo feminista más grande de la historia

Nuestramérica es feminista

El 34º Encuentro terminó con debates álgidos y pieles vibrantes. Aunque aún queda mucho por discutir, los feminismos argentinos demostraron nuevamente su potencia en el Encuentro con mayor convocatoria de la historia.

Posición no es pose, es la posible muerte de la pasividad inerte

Maite Amaya 

 

El Encuentro siempre es un suceso asombroso, creativo, masivo, performático, heterogéneo. Un mar que a veces es torbellino, terremoto, sismo. El Encuentro es y fue tormenta sobre La Plata -territorio Querandí-, donde llegó para quedarse como un carnaval con 30 cuadras de mujeres, lesbianas, bisexuales, no binaries, travestis y trans.

Nada de lo que sucede en esos tres días empieza ni termina allí. Las estrategias de organización, que comienzan a tramarse meses antes, corren las lógicas machistas de partidos políticos, centros de estudiantes y grupos de amigues para poner a las pibas y pibis a la cabeza.

Nada de lo que sucede comienza ni termina ahí y, sin embargo, ese lapso de tiempo es único. Cuando llega el momento, como afluentes de un río, les encuentres desembocan en la ciudad elegida. Van soles u organizades, militantes o apartidaries, concurrentes históriques o principiantes. Van camuflades de brillo, de colores vivos, con las mechas de pelo sueltas o trenzadas. Forman una masa seductora, fascinante, misteriosa. Les desconocides se reconocen con tan solo mirarse enverdecides por el pañuelo. El pañuelo -estampado a la piel- es muñequera, riñonera, aros colgantes, collar, llavero. Es tatuaje y glitter arbolado bajo los ojos. Es la muchedumbre atravesada por una lucha propia o ajena, por la experiencia de una madre, una abuela o una amiga. O por algo que tal vez nunca les sucederá pero igual se hace carne.

Fotos: Catalina Distefano

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Este encuentro estuvo atravesado por algunos debates fundamentales. Uno de ellos fue la necesidad de nombrarse plurinacionales e integrar a las disidencias sexo-genéricas. Este cambio en la denominación no es una mera formalidad, ya que -como se reiteró en varias ocasiones- lo que no se nombra no existe y, como dicen los feminismos hace años, lo personal es político.

Llamarse plurinacional es la manera de reconocer la existencia de diferentes etnias en el territorio argentino: cada una con su dialecto, su cultura, su propio funcionamiento. La necesidad de agregar otros colectivos sexo-genéricos apela a romper el binarismo y dejar de entender a las mujeres como únicas participantes del Encuentro, siendo que hace años lesbianas, bisexuales, travestis, trans y no binaries están presentes. “Nuestro feminismo es incómodo. Se declara anticapitalista, antirracista, plurinacional, disidente, alegre y furioso. Tiene el desafío de arrasar con los conservadurismos para escribir y dibujar, con todas nuestras identidades y colores, la revolución”, manifestaron desde la campaña #SomosPlurinacional en los afiches que repartieron.

Fotos: Catalina Distefano

La tormenta -que se llevó puesta la inauguración- pospuso la votación por el cambio de nombre, pero no logró diluirla y desde la campaña #SomosPlurinacional se insistió en que la discusión se dé en cada uno de los talleres para votarse el lunes en el acto de cierre.

El domingo al mediodía tuvo lugar en Plaza San Martín una asamblea de feministas del Abyayala – la forma con la que los pueblos originarios nombran a América que en lengua Kuna significa «tierra madura», «tierra viva»-. Allí se realizaron ceremonias de saludo al sol y a la luna dirigidas por la líder maya de Guatemala, Lolita Chávez. También se prendió incienso y se recordaron las luchas ancestrales de los pueblos originarios. Estuvieron presentes Claudia Korol, Marlene Wayar y la comunicadora Liliana Hendler, quien condujo el acto por momentos. Durante el evento se recordaron a Berta Cáceres, a las niñas muertas en Guatemala, a Marielle Franco y hubo expresó solidaridad con la lucha en Ecuador, resaltando la importancia de romper el cerco mediático. «Nuestras cuerpas, territorios recuperador», cantó la rapera mapuche Urraca Negra Mc cuando le tocó el micrófono.

En las tres jornadas de talleres -por los cuales se calcula que pasaron 60 mil personas- continuó el reclamo por el reconocimiento de los pueblos originarios. En el espacio de “Mujeres indígenas y recuperación de la identidad indígena originaria”, que tuvo tres comisiones en la Facultad de Periodismo, se propuso que las mujeres originarias pudieran encabezar las marchas de inicio de todos los Encuentros, que coinciden con el 12 de octubre. Además instaron a que la plurinacionalidad no sea sólo el cambio de nombre, sino que se incorporen ceremonias originarias en los Encuentros y materiales en otras lenguas que lleven al movimiento feminista a cuestionar hacia adentro sus propios privilegios. Por otra parte, se propuso impulsar el pluriculturalismo en la currícula de los colegios, incentivando a que se enseñen lenguas originarias y que la educación sexual integral sea intercultural, consultando antes con referentes de los pueblos originarios. También exigieron el cumplimiento de la ley 26.160 para finalizar el relevamiento de los territorios, ya que sin tierra no hay identidad.

Fotos: Catalina Distefano

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Otro debate fundamental del Encuentro fue el impacto que tiene el neoliberalismo y el endeudamiento sobre los cuerpos de mujeres y disidencias sexuales. A dos semanas de las elecciones que parecieran ponerle fin al macrismo, los colectivos sobre los cuales más impacta la desocupación y la informalidad laboral saben que la recuperación económica no será instantánea. Si bien el cambio de gobierno trae aires de esperanza, pasarán meses hasta que el yugo del FMI afloje y, sin duda, serán las mujeres y feminidades las que deberán sostener con trabajo no remunerado (doméstico, emocional y de cuidados) los núcleos familiares.

En esta coyuntura resulta fundamental materializar los estragos de la pobreza con estrategias concretas ya que, como expresaron Luci Caballero y Verónica Gago en su libro “Una lectura feminista de la deuda», entender en clave de género el endeudamiento supone oponer los cuerpos y las narraciones concretas de su funcionamiento a la abstracción financiera.

Los reclamos urgentes no dejaron de lado los históricos. Este año, por primera vez las integrantes de H.I.J.A.S estuvieron presentes en el Encuentro con un conversatorio sobre Género y Derechos Humanos, organizado por la regional de La Plata. Además, el domingo al mediodía se realizó la primera asamblea federal de trabajadores de prensa.

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Fotos: Catalina Distefano

Como era de esperarse, la capital de la Provincia de Buenos Aires estuvo constantemente vallada durante el fin de semana, algo que ya había sucedido el año pasado en Trelew. Las medidas de seguridad, que se agudizaron en torno a la Catedral, constaron de una gran cantidad de efectivos de la policía -desproporcionada para los mínimos disturbios ocurridos- y paneles de metal entretejido negro clausurando los accesos a las calles céntricas.

El gobierno macrista -en un patético intento de pink washing- buscó disimular la violencia institucional trayendo de otras localidades policías mujeres, en un operativo que constó de 4.000 efectivas. Sin embargo, como explicaron en redes sociales las agentes, las violencias no sólo no mermaron sino que se recrudecieron. Doscientas trabajadoras de la Policía Bonaerense del partido de Tres de Febrero fueron trasladadas hasta La Plata y debieron dormir sobre cartones y trabajar durante horas sin que el municipio les acerque comida, dejándolas sin resguardo de la tormenta. “Hay compañeras que llegaron y las mandaron en plena lluvia a los lugares asignados”, explicó una de las trabajadoras al diario Página|12. “Tres se descompusieron por hipotermia y hay otra a la que le bajó la presión, se cayó y se abrió la cabeza”.

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El domingo, alrededor de las cinco de la tarde, las organizaciones comenzaron a formar sus columnas. Cada una tuvo sus encargades de logística, seguridad, mística, agite. Los bombos temblaron con la fuerza del impacto de las mazas, las diagonales de La Plata se llenaron de pibis encontrándose y perdiéndose, quedándose o yéndose: hormigueando.

En la marcha, que ocupó treinta cuadras y convocó a unas 500 mil personas, se hicieron eco los reclamos del movimiento feminista. Algunos históricos, pero irresueltos, otros que surgen a partir de nuevas demandas. Una vez más se dijo basta de travesticidios y transfemicidios, cupo laboral trans, aborto legal ya, Educación Sexual Integral, presupuesto para generar inclusión laboral y políticas de seguridad y se repitió que, si vivas y libres, también desendeudadas nos queremos.

Aunque la mayor parte de la marcha decidió evitar la Catedral, algunas agrupaciones se acercaron a la iglesia, donde hubo enfrentamientos aislados con la policía. Muches reclamaron también por la separación de la Iglesia y el Estado.

Los curiosos no faltaron.

Las fotos del dron develaron que fuimos miles.

La multitud que recorrió desde la confluencia de 1 y 60 -esquina cercana a donde se vio por última vez a Johana Ramallo- hasta el estadio único de La Plata no dejó de cantar y saltar, a pesar del viento frío que impactó con fuerza contra las caras. Canciones de cancha subvertidas, reggaetones machistas vueltos fiesta -como un espejito rebotín donde dejamos de ser objeto-, cumbias pegadizas. Vítores que gritan que no somos amigas sino lesbianas que no paramos de garchar. Pelucas rosas de las Socorristas en Red que festejan el mero hecho de hacer tramas de compañía, rimas que invitan a probar la concha nacional y popular.

Evita, Cristina, Milagro Sala, Juana Azurduy, Marielle Franco, Diana Sacayán, Lohana Berkins, Pepa Gaitán, Higui, matriarcas y traviarcas vuelven como imágenes, como risas, como cantos, se materializan en miles de voces. Lucía Pérez, Micaela García, Pia Budracco, Maite Amaya, Nadia Echazu, Araceli Funes. Nuestras muertas reviven en cada pulsera que se agita, en los mechones de pelos colores, en las nucas rapadas, en los labios violetas y rojos -que muerden, que gritan, que besan-, en las banderas que ondean al viento pampero.

Fotos: Catalina Distefano

Las tortas, las travestis, las trans, les no binaries, bisexuales, intersexuales, las afro, las originarias, las secundarias, las mayores, las villeras, las negras, las gordas, las putas, las migrantes, las peronistas, las troskas: por un momento la unión funciona como tiempo muerto entre tanta disputa electoral, un tiempo muerto que se conjuga en futuro, configurando una fuerza imparable. Desde arriba parecen puntos. Miles de puntos que forman un mapa, miles de pecas sobre la piel, una piel que no es tersa ni usa crema anti-age porque conserva el paso de los recuerdos, porque lleva encima la ternura de la experiencia. Miles de puntos, como los que ensartaron las artistas que tejieron su bandera larguísima en base a retazos.

500 mil personas. Una multitud que desdibuja las diagonales del laberinto platense. Un magma irrefrenable que se extiende, hace erupción desde el centro de la tierra. El cielo se pone naranja tras un horizonte borrado.

Nuestramérica es verde, sabrosa, bailantera.

Nuestramérica es feminista.

Foto: Catalina Distefano