Alberto presidente

Costó, pero Macri se va

El ánimo en el búnker del Frente de Todos fue lo más parecido a un trampolín emocional, que bajó al asombro por los 40 puntos de Macri a la certeza de la victoria irreversible. Los discursos describieron un país en llamas y una transición que asoma compleja.

Si no se sufre, no vale. El melodrama peronista confirma esa máxima popular elección tras elección. Cuando a las nueve de la noche las pantallas mostraron a Mauricio Macri por encima de los 40 puntos, hubo varios en el bunker de Todos que necesitaron un contenedor de mandíbula. La fiesta se apagó de repente y lo que empezó a ensordecer no fueron ya las canciones de hinchada en homenaje a Néstor Kirchner, sino el murmullo. Que se ganó, se ganó. Que hubo fiesta, con Cristina –ausente en las PASO– incluída, la hubo. Pero el que llegó sin aire y con la lengua afuera, contra todos los pronósticos de la previa, no fue el presidente saliente sino el electo.

La explosión en abrazos no llegó hasta que Alberto y Cristina pisaron el escenario, pocos segundos después que el gobernador electo de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. Faltaban pocos minutos para las once de la noche y sonaba “Rezo por vos”, coreado en tono de desahogo. De la tensión acumulada a lo largo de toda la noche, y también a lo largo de los últimos cuatro años. Y ahora sí, con la certeza irrompible de que la presidencia de Mauricio Macri es parte del pasado. “Hoy Alberto es presidente de todos los argentinos” dijo entonces CFK, y sonó como un pellizcón en el brazo.

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“Me reuniré con Macri y empezaremos a ver como transcurrimos el tiempo que nos queda” fue lo primero que dijo Alberto después de agradecer el resultado. Al lastre del país que recibe, con 35 por ciento de pobreza, dos años consecutivos de inflación por encima del 50 por ciento, recesión y crisis cambiara, se le suman los 40 puntos que cosechó Mauricio Macri en plena retirada. “La Argentina que viene necesita el esfuerzo de todos”, parafraseó enseguida a CFK, que le había hablado directamente al presidente saliente pidiéndole responsabilidad en una transición que ya asoma compleja.

Cuando promediaba la elección, el directorio del Banco Central informó que a las diez de la noche habría una reunión para “analizar las medidas a tomar” en función del resultado. La sombra de otro lunes negro, similar al del 13 de Agosto, también apaciguó los festejos: en una Argentina que tambalea y que llegó a la elección en plena corrida cambiaria no hay demasiado lugar para los excesos de felicidad. 

Apenas sí para sentir el alivio de un cambio de gestión. La paradoja del próximo gobierno radica en que se construyó sobre una crisis que puede estallarle en las manos. A propósito del tema, fue Axel Kicillof el que lo dejó en claro: “Lo primero que vamos a tratar de lograr es salir del desastre, resurgir de las cenizas. Después, recién sí, vamos a tratar de sembrar el futuro”, dijo el candidato a gobernador electo.

“La que ganó fue la politización popular, todo ese esfuerzo que se hizo”, dijo Axel y la militancia, aludida, sintió la primera caricia. “Se viene una etapa de reconstrucción de la provincia, y después a pensar el futuro y tirar para adelante. Así llegamos, por eso nos votaron”, remató y pasó el micrófono.

A esa hora, el conteo, clavado en el 95 por ciento de las mesas escrutadas, marcaba 47,98 por ciento para Fernández-Fernández contra un 40,90 por ciento de Macri Pichetto a nivel nacional. En provincia, Axel se imponía sobre Vidal por un margen mayor, de 52 a 36. Macri, en cambio, festejaba en el reducto de la Ciudad, donde Horacio Rodríguez Larreta llegó al 55 por ciento, superando ampliamente la mitad más uno para evitar el ballotage; y se recuperaba en varios distritos de interior respecto de las PASO. En Mendoza, por caso, dio vuelta la elección de agosto y terminó 3 puntos por encima de Fernández.

Otra vez fallaron las encuestas, a ambos lados de la grieta. Y confirmaron que, al votar, los pueblos se sorprenden a ellos mismos.

“Gracias Néstor donde estés”, recordó Alberto a su amigo, del que fuera Jefe de Gabinete. La figura del ex presidente, que funcionó como el espejo donde Alberto elije mirarse, sobrevoló toda la jornada. La propia Cristina volvió a referirse a “él”, dijo que los 27 de octubre son para ella días “tristes” pero que “hoy, estoy feliz, como nunca en mi vida pensé que iba estar un día como hoy”. Casi el mismo ánimo con el que todos se retiraron de la calle Corrientes.