De autoritarios y liberales: una hipótesis sobre la ultraderecha argentina

Espert, Gómez Centurión y la metáfora de la hydra

Uno de los principales errores que ha cometido el campo popular argentino es caracterizar a la derecha como un bloque monolítico y homogéneo. José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión son la expresión bicéfala de una realidad política compleja, con sus raíces en la historia.

Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla. Sun Tsu, El arte de la Guerra

Octubre de 2019: un estudio de Tv, los dos pelados, los dos de traje. De un lado, sonriente y suelto, José Luis Espert, mediático economista ultraliberal, representante de una pequeña pero emergente porción del electorado que busca explicaciones a los problemas del siglo XXI en la mano invisible del mercado, el culto irrestricto a la libertad individual y que, en su cruzada, encuentra al Estado como el principal límite para su realización personal. Del otro, ceño fruncido y tono castrense, Juan José Gómez Centurión, militar retirado, veterano de la guerra de Malvinas, partícipe activo de los levantamientos carapintadas y ex director de Aduanas del macrismo. Profundo enemigo del «curro de los Derechos Humanos», militarista, religioso y conservador, ganó espacio en la política argentina a partir de la reacción conservadora de «las 2 vidas» frente a la emergencia de un movimiento feminista cada vez más revolucionario.

Uno de los principales errores que ha cometido (cierto sector de) el campo popular argentino es caracterizar a la derecha como un bloque monolítico y homogéneo. En cualquier ámbito de la vida, un error de diagnóstico no puede conducir más que a respuestas desatinadas y, por eso, resulta interesante estudiar las contradicciones, similitudes y disonancias que existen al interior del ideario conservador argentino. Pero esta vez no nos centraremos en el discurso de Mauricio Macri y su desfalleciente gobierno de turno, sino en la expresión bicéfala que tuvo la ultraderecha autóctona en el debate presidencial: una contradicción que atraviesa etapas históricas y que resignifica sus formas, pero que persiste y se reinventa.

La metáfora de la Hydra

La Hydra de Lerna es un antiguo personaje de la mitología griega: un monstruo con un único cuerpo y varias cabezas, de aliento venenoso y sangre letal, capaz de regenerar las cabezas que perdía. La metáfora de la derecha argentina se parece más a este ser mitológico de múltiples rostros -pero cuerpo común- que a una mesa chica y ordenada donde se acuerdan civilizadamente los principios rectores del conservadurismo criollo.

Lo que a simple vista parece ser la divisoria coyuntural de la ultraderecha argentina, encubre una contradicción histórica, ideológica y política que puede buscarse en los orígenes de nuestra república. Jóse Félix Uriburu y Agustín Pedro Justo fueron los primeros golpistas que poblaron este suelo y quienes dieron inicio a una larga tradición de asaltos militares al poder, que se perpetuaría hasta el regreso de la democracia en 1983. En aquellos lejanos años ´30, Uriburu expresaba la derecha autoritaria y nacional: bajo el programa de «orden, jerarquía y autoridad», suprimió las instituciones de la democracia y e intentó sustituirlas por un sistema corporativo. La otra cabeza de aquella hydra era la de Justo, aliado con los radicales anti yrigoyenistas, de vocación liberal, que instaló una caricatura de «democracia» con fraude y violencia y blandió en alto los mejores manuales de la ortodoxia: redujo el gasto público, contrajo la circulación de moneda y aplicó severas medidas de austeridad fiscal.

La grieta entre autoritarios y liberales en el campo conservador de nuestro país no es nada nueva pero vale detenerse en sus formas más actuales, entender sus similitudes y diferencias y los valores a los que apelan para movilizar. Si bien aquí tienen menor peso relativo que en otras latitudes de la región (Jair Bolsonaro en Brasil, Jóse Antonio Kast en Chile o Fabricio Alvarado, el candidato evangélico de Costa Rica), al mismo tiempo expresan un fenómeno en auge a nivel mundial y, aunque lejos del Ejecutivo, permanecen en la búsqueda de ampliar su representación parlamentaria.

Dios, familia y propiedad privada

Juan José Centurión fue, sin lugar a dudas, la sorpresa de la última elección. El representante actual de la ultraderecha autoritaria obtuvo 2,62% de los votos. Antiliberal y antiglobalización, el discurso de Centurión se encuadra en un nacionalismo discursivo, que proclama que la crisis actual se debe a la desintegración de los valores tradicionales, asociados a la religión. Entre sus enemigos, destaca una profunda aversión por el movimiento feminista y lo que define como «ideología de género». Minorías raciales y religiosas, migrantes y disidencias sexuales, son otras de las figuras que surgen como obstáculos para el retorno al pasado ideal, a una bonanza inexistente más allá de las reivindicaciones románticas de un tiempo de grandeza.

Centurión se presenta como la expresión local de las viejas formas del fascismo, actualizadas a un período de decandencia del capitalismo industrial. La respuesta cultural a la agonía de un modelo de producción que mientras cae se aferra a viejos valores en su añoranza por el resurgimiento de tiempos mejores. Dios, familia y propiedad privada.

Liberal conservador

Con un 2,18% del total de votos válidos, José Luis Espert se ubicó mucho más abajo de lo que sus asesores esperaban. Expresión de una parte del voto joven y rebelde, buscó expresar una opción antisistema por derecha. Ultraliberal en lo económico, en el debate presidencial abandonó su componente más libertario en lo cultural para acercarse a posiciones más ortodoxas: el curro de los Derechos Humanos, la privatización del sistema universitario y el combate a la «ideología de género». En lo económico, siguió al pie de la letra el guión de la ortodoxia: restringir el derecho a huelga en la educación pública , tratados de libre comercio con Inglaterra y Estados Unidos, «dinamitar el sistema de leyes laborales”. De libertades económicas y restricciones civiles: un liberal conservador vestido de rebelde libertario. La expresión de una derecha citadina, ultraconectada, joven y moderna.

La Hydra ultraderechista tuvo dos caras en el debate. Sin embargo, comprender sus diferencias no implica que Centurión no sea profundamente liberal en su planteo económico o que Espert no represente la «mano dura» en materia de seguridad o el oscurantismo cultural. Lo cierto es que, mientras en otras latitudes conviven, en Argentina ambos sectores se mueven (por ahora) por separado, como una Hydra: con distintos rostros pero con un cuerpo común.