34° Encuentro Plurinacional de mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries

Cuerpes, discurso y deseo

En el marco del 34° Encuentro Plurinacional, se realizó el taller “Mujer, Relación con el cuerpo y Políticas de los cuerpos”. Durante tres jornadas se discutieron las micropolíticas que inciden en nuestra percepción de la corporeidad, el amor propio, el deseo y el tabú.

El 3 de junio de 2015 las mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries parimos el primer Ni Una Menos. No sólo por Chiara Páez, una chica de 14 años embarazada que había sido asesinada y enterrada por su novio en Santa Fe. También era por los 225 femicidios del 2014. Eran Diana García y Melina Romero, tiradas en la basura. Era Micaela Ortega, hallada en un descampado. Era Lucía Pérez, empalada. Eran todas las sillas vacías en las mesas de tantas casas.

Fotos: Catalina Distefano

El movimiento Ni Una Menos marcó el comienzo de una nueva oleada de militancia feminista local. En 2017 Argentina adhirió por primera vez al Paro Internacional de Mujeres. En 2018 llevó al Congreso el debate por el aborto legal, seguro y gratuito. Y este fin de semana del 2019, en La Plata, se realizó el 34° Encuentro Plurinacional de mujeres, lesbianas, bisexuales, travestis, trans y no binaries, donde nuevamente más de 200 mil personas demostraron que al silencio no se vuelve nunca más.
En el marco del Encuentro se realizó el taller “Mujer, Relación con el cuerpo y Políticas de los cuerpos”, en el cual salieron a la luz todas las micropolíticas que inciden en nuestra percepción de la corporeidad y las decisiones que con respecto a ella tomamos. En el debate se habló de menstruación y desconocimiento del ciclo menstrual como totalidad, anticoncepción, modelos de belleza estereotípica, ESI, amor propio, deseo y tabú: todo esto, atravesado por el uso y desuso del lenguaje. Porque el cuerpo, como toda construcción social, está sostenido por un modelo comunicativo.

Foto: Catalina Distefano

La disconformidad mueve montañas y capitales. Todos los discursos alrededor de la figura femenina han tenido siempre modos imperativos: robaron la decisión y encerraron el deseo. Crearon madres nunca cansadas que adoran a sus hijes las 24 horas del día. Crearon amas de casa siempre apasionadas por la cocina y la limpieza. Crearon esposas devotas, adornos de sus maridos. Crearon chicas sin pelos ni celulitis en minúsculas bikinis entrando prolijamente al mar. Entonces en la vida real, millones de madres sintieron culpa, millones de amas de casa se convencieron de que eran solo eso, millones de esposas resintieron a sus maridos y millones de personas se sintieron incómodes con sus cuerpos, no se sacaron la ropa en la playa o ni siquiera se fueron de vacaciones.
Así la cultura dice cómo debería lucir lo femenino a partir de esas enunciaciones, que traen aparejado el desconocimiento del cuerpo propio partir de los no discursos.
No faltaron en el taller las docentes que trajeron anécdotas acerca de la vergüenza en la cara de chicas de 12, 13 años, cuando tienen que pedir ir al baño para ponerse una toallita, el miedo a mancharse el pantalón, la exposición al no poder meterse en la pileta, el desconcierto frente al dolor.
– ¡Qué bueno que te convertiste en señorita! Ojalá que nunca nadie lo vea.
– ¡Qué bueno que te convertiste en señorita! Pero lo tenés que esconder.

Fotos: Catalina Distefano

Se habló de la menstruación como entrada a un mercado que trata de vender productos descartables que habrá que comprar al mes siguiente, y al mes siguiente, y al mes siguiente. En este sentido muchas compañeras contaron sus experiencias con la copita: un elemento de gestión menstrual que en los últimos tiempos sumó muches usuaries. No sólo porque es un método más ecológico que no genera tantos desechos tóxicos y dura entre 7 y 10 años, sino porque conlleva el descubrimiento de la vagina: sus formas, tamaños, dimensiones. También ayuda a derribar mitos o preconceptos alrededor de la sangre: cuánta es, de qué color es, qué olor tiene. Además de la copita se mencionaron otras alternativas, como las toallitas de tela, que son reutilizables y no tienen químicos como las descartables.
Asimismo hay otra realidad, que es la de les compañeres que no tienen acceso ni a un tampón y no pueden pensar en copita o toallita de tela porque tienen que pensar qué van a comer a la noche. Porque, como se discutió en varias talleres, quienes apenas pueden comprarse toallitas no pudieron venir al Encuentro. Y si lo hicieron probablemente estaban en otras aulas debatiendo cómo combatir la pobreza desde una perspectiva de género.

Fotos: Catalina Distefano

El Encuentro es un buen espacio para reflexionar sobre la cadena que forman sociedad – lenguaje – cuerpos. Un espacio donde hace 34 años se discute política de otra manera. Porque, mientras que en el debate presidencial la macro política sólo se ocupaba de disputar un lugar en la quinta de Olivos, miles de mujeres lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries estaban debatiendo las micropolíticas que impactan sobre las corporalidades diversas e inciden en nuestras formas de construir el género. Hoy, nuestro cuerpo es una construcción social constante y consciente. Hoy los espacios de encuentro y las redes de sororidad son herramientas que derriban culpas y estereotipos desde un análisis colectivo y amoroso.

Fotos: Catalina Distefano