Romper el aislamiento

Por un sindicato sin violencias

La victoria feminista llevó cuatro años de lucha colectiva: en una asamblea extraordinaria se resolvió expulsar a Patricio Klimezuk del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA). El hecho marca un antes y un después para lxs trabajadorxs de prensa y quienes combaten las violencias dentro de las organizaciones.

“Rompa el aislamiento”: el imperativo de Rodolfo Walsh en la pared de la sala donde se realizó la asamblea aquella mañana quedó resignificada. Yamila entró acompañada de colegas, amigas, compañeras de militancia para presenciar un momento que esperó por muchos años: el debate sobre la expulsión de quien ejerció contra ella violencia psicológica, hostigamiento y abuso de poder. Sin embargo, la instancia no se trataba solo de eso, sino de la legitimación de su decir y su demanda que es, a su vez, la  de muchas trabajadoras de prensa: el fin de las violencias por parte de varones con protagonismo dentro de los sindicatos y medios.

Yamila militaba en la CTP -previo a la existencia del SiPreBa- y él era el referente político. Mantuvieron un vínculo durante un año hasta principios de 2015 y, a mediados de ese año, ella decidió compartir con compañerxs su historia. “Se trató el tema con mucho secretismo, entre muy pocos compañeros. Se tomaron supuestas medidas de seguridad -el denunciado no podía tener contacto conmigo-, pero eso era imposible porque él era uno de los referentes, compartíamos el espacio de militancia”. Tras la creación del SiPreBa en 2015, Klimezuk fue elegido como Secretario Gremial de la Comisión Directiva provisoria. “Para ese momento ya se sabía de mi denuncia. Cuando llegan las elecciones para la comisión definitiva pensé: ‘Yo no quiero que haya un violento dentro de la organización en la que milito’”, recuerda Yamila. Entonces, el 2 de abril de 2016 se animó a hablar nuevamente en la Secretaría de Mujeres y Géneros. Sin embargo, su demanda no fue bien contenida por sus compañerxs en aquel entonces y abandonó la militancia.

“Me costó mucho dejar de militar. Me sentí expulsada, sentí que mis propios compañeros y compañeras me dieron la espalda ante un hecho sumamente grave, como es tener un dirigente violento dentro de la organización”. Según recuerda, la sensación que tuvieron junto a sus compañeras en ese entonces fue que no se estaba dimensionando la violencia que ella había sufrido.

Foto: Catalina Distefano

La persistencia 

Laura Salomé Canteros es periodista y militante. También acompañó a Yamila a lo largo de estos años en su denuncia. Y el martes se hizo presente en la asamblea. “Yo hablé como una de las que acompañó la primera denuncia contra el violento y que, producto del sistema de impunidad, se alejó de la militancia sindical, desesperanzada”, cuenta. Su lectura de este punto de quiebre es que lo sucedido fue muy importante, sin embargo “fue evidente que las mujeres y disidencias dentro del sindicato -y como parte de uno de los gremios más masculinizados- deben tener una estrategia de alianzas con el movimiento feminista en general para lograr conquistas generales como ésta, avanzar hacia espacios libres de violentos y violencias patriarcales”

“Las denunciantes deben ser, desde este momento, tenidas en cuenta como voces políticas. No solo porque son militantes y activistas sociales y políticas sino también porque entienden esa denuncia como una responsabilidad de cuidar a otras”, explica Laura.

Es que, como en muchos otros espacios, la demanda de los feminismos no tiene que ver únicamente con la presencia de mujeres y disidencias en espacios de toma de decisiones sino, sobre todo, con la valoración de las narrativas feministas: “Es necesario hacer una reflexión colectiva en relación al ejercicio del poder y lo que les cuesta en estos espacios a las compañeras pedir y elevar la voz en representación de muchas otras”, agrega Laura Salomé.

El comunicado publicado por el sindicato tras la expulsión va en consonancia con la necesidad de hacer una autocrítica y crear espacios de recepción y contención de las demandas de esta naturaleza. “Somos conscientes de que hemos recorrido un camino con dificultades y que los aprendizajes no se agotaron aquí. Tenemos enormes desafíos por delante; entre ellos multiplicar los espacios abiertos y colectivos como la Secretaría de Mujeres y Géneros, que apuntalen nuestra formación en esta materia y motiven la participación de cada vez más compañerxs”, dice. En ese sentido, además de la expulsión de Klimezuk se resolvió en asamblea avanzar con la presentación del Protocolo de Actuación contra la Violencia de Género el próximo 28 de octubre, un proyecto de Licencia por Violencia de Género para presentar ante las empresas y, por último, una modificación Ad Hoc del estatuto -actualmente en trámite en el Ministerio de Trabajo- con el objetivo de incorporar la figura de la violencia de género a las “faltas graves” del régimen de sanciones.

La asamblea extraordinaria resultó importante y conmovedora para muchas de las afiliadas y delegadas que vienen dando batallas dentro de sus propios medios y en el sindicato. María Laura da Silva, delegada de Télam, concluyó que “la potencia de este hecho político no radica solamente en la expulsión de un afiliado, sino que significa el punto de partida para la construcción de un sindicato que escuche a las compañeras y que genere una militancia libre de violencias desde la propia estructura institucional hasta en los modos de relacionarse y militar gremialmente”.

“Creo que esto que pasó el martes es el cierre de una etapa”, agrega Yamila. “Es una victoria colectiva de las trabajadoras de prensa que decimos de verdad que ya no nos callamos más. Eso quedó muy claro en la asamblea: las organizaciones sindicales levantamos las banderas del feminismo. Queremos tener organizaciones donde queremos militar libres de violencias machistas”. “Nunca podría haber llegado sola a esto. Pero ahora se trata de volver a juntar los pedacitos y reconstuirse”, concluye.