¿Quién es la presidenta autoproclamada?

Bolivia entre «Machos» y provida

Frente a un Senado vacío y con una sonrisa exagerada, Jeanine Áñez se autoproclamó presidenta de Bolivia y sentenció: "La Biblia regresa al Gobierno. La Biblia regresa al Palacio".

«Las iglesias también nos acompañan.

La Biblia regresa al Gobierno. La Biblia regresa al Palacio”

Frente a un Senado vacío y con una sonrisa exagerada, Jeanine Áñez levanta una imponente biblia encuadernada en cuero. Abogada, presentadora de televisión y hermana del pastor evangélico Juan Carlos Áñez, la segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores boliviana se autoproclamó presidenta luego del golpe de Estado que generara la salida de Evo Morales, Álvaro García Linera y Adriana Salvatierra.

Nacida en el departamento del Beni, Áñez fue electa como senadora en 2009 por el partido Plan Progreso para Bolivia-Convergencia Nacional, principal oposición a Morales en ese entonces. Previamente fue asambleísta constituyente entre 2006 y 2008. Ahora Áñez argumenta que, tras la renuncia de los máximos mandatarios de Bolivia, el vacío de poder le otorga la potestad de asumir la presidencia. Sin embargo, los parlamentarios del MAS -mayoría en ambas cámaras-, explicaron que tanto la renuncia de Morales como la asunción de un nuevo Ejecutivo deben ser aprobados previamente por el Congreso.

Para el país vecino es una excepción que una mujer ocupe la presidencia. El único antecedente en Bolivia data de 1979 cuando Lidia Gueiler estuvo apenas 244 días al frente del gobierno, antes de ser derrocada en julio de 1980 por Luis García Meza. Sin embargo, Áñez encarna todo el espíritu de los movimientos conservadores y antifeministas. Aliada de la Iglesia, fue parte del Congreso Iberoamericano por la Vida y la Familia realizado este año en Panamá.

Como era de esperar, su primera reunión fue con las cúpulas de las Fuerzas Armadas y de la Policía. Mientras tanto, en nuestro país, su asunción fue celebrada por el grupo antiderechos “Con mis hijos no te metas”. Su cuenta de Twitter es una muestra de su pensamiento y accionar político. En 2017 Áñez publicó»¡Cristina Fernández! ¿Creíste que tu poder era eterno? ¡Te tocó dar cuentas a la justicia!», en relación a las causas que implicaban a la expresidenta argentina.

Áñez viene a completar una etapa fundamental del golpe: la transición institucional. Pese a no contar con el aval de los votos, su asunción autoproclamatoria le permite al sector golpista un triple efecto: deslindar a Carlos Mesa, principal opositor electoral, del proceso golpista; correr de la centralidad al “Macho” Camacho, empresario del gas en Santa Cruz, ultrareligioso y racista, el principal promotor de la violencia de calle; y evitar una transición en manos de las Fuerzas Armadas, brazo ejecutor del golpe.

Del otro lado, con Evo Morales en México, el MAS pugna por recuperar la institucionalidad. Con mayoría legislativa, 13 años de gestión económica exitosa y una aprobación popular de más del 45% (porcentaje que obtuvo la fórmula presidencial Morales-Linera hace menos de un mes), la decisión de resguardar la vida de los principales dirigentes y evitar confrontaciones que condujeran a una guerra civil, dan la pauta de que el partido más popular de Bolivia intentará sostener su representación para presionar a los golpistas desde las posiciones de poder que aún conserva.

“Vengo a pacificar Bolivia”, rugió Áñez desde el estrado, mientras se comprometía, frente a un Senado vacío, a convocar a elecciones en el menor plazo posible. La autoproclamada presidenta fue rápidamente reconocida por los presidentes Jair Bolsonaro y Donald Trump, quienes salieron presurosos a dar el visto bueno a su asunción, pero el escenario no fue el mismo en otras latitudes. De hecho, el propio Mauricio Macri aún no se ha pronunciado y evita dar muestras de aceptación a la investidura de Áñez.

El panorama de cara al 2020 deja una fuerte polarización de escenarios en una Latinoamérica en disputa. Mientras las opciones de ultraderecha se fortalecen (tal es el caso de Brasil, Colombia y ahora Bolivia), nuevos progresismos emergen y construyen marcos de articulación novedosos. El Grupo de Puebla y la vinculación entre México y Argentina, que conforman la segunda y tercera economía de la región respectivamente, permiten augurar una Latinoamérica en llamas pero con una disputa más álgida que nunca.