Julio De Vido

«Es impostergable una reforma judicial»

Ministro de Planificación durante los 12 años del kirchnerismo, De Vido se encuentra detenido en Ezeiza por "administración fraudulenta" en la causa Once. El Grito del Sur se acercó hasta la penitenciaria para charlar sobre los vaivenes en la Justicia, Cristina y Alberto Fernández. "No creo en el progresismo", sentencia.

Para llegar al salón de visitas hay que atravesar cinco puertas y tres controles. No se puede pasar nada: celular, llaves, mochilas, todo queda en un locker pequeño ubicado en el puesto de control principal, donde cinco guardias toman mate y discuten para ver quién de ellos acompañará a los visitantes. Somos un plantel peculiar: un cura, tres sindicalistas, un diputado provincial, dos dirigentes políticos y un periodista militante, que llegamos con los pocos alimentos que pudimos pasar para entrevistarnos con Julio De Vido y Amado Boudou.

Allí, en un amplio salón, nos reciben ambos. Sobre la mesa un libro de Cortázar y otro de Paul Auster. Las referencias a la literatura son constantes e implican uno de los principales pasatiempos en prisión de quienes fueran ministro de Planificación y vicepresidente de la Nación, respectivamente. De Vido y Boudou se ven bien, todo lo bien que permite una cárcel: escuchan radio, debaten de política y se informan de todo lo que sucede con la transición hacia un nuevo gobierno. Se ríen y también hacen chistes. Hablan de quienes vinieron a visitarlos y de quienes prefirieron olvidarse de ellos. «Miguel fue uno de los pocos senadores que vino y me dio una mano», sorprende De Vido en referencia a Pichetto, candidato a vicepresidente de Macri.

La conversación es amena y cargada de política: los desafíos de la nueva etapa, el rol de Cristina como conductora, la difícil tarea de Axel Kicillof al frente de la provincia, los insultos de Grabois y el papel que debiera desempeñar el futuro Ministro de Desarrollo. Durante la reunión prefiero no interrumpir con preguntas, escucho y aporto lo que pienso, trato de entender qué están pensando dos de los cuadros de mayor cercanía a Cristina Fernández de Kirchner, ahora presos. Al día siguiente, quedamos que Julio me llamará desde el teléfono de Ezeiza para completar la entrevista. «La siguiente llamada proviene de una penitenciaría federal», advierte la voz monocorde al otro lado del teléfono, y es el pie para que comience la charla.

¿Por qué está preso Julio De Vido?

No hace falta entender mucho de política para ver que hubo una persecución sistemática, que fuimos discriminados y separados de nuestros cargos. Yo era diputado y no tuve el derecho a defenderme, me tenían preparado un proceso viciado de toda nulidad. Además aplicaron la Doctrina Irurzun, de excepcionalidad, para atender a un determinado número de dirigentes políticos y discriminar a algunos sobre otros. Ahora, después de dos años preso, la Justicia dictamina que no puede haber prisión preventiva. Además hay que destacar la irregularidad de todos los procesos con intervención de peritos, como en la causa «Once 2», donde el perito afirmó que el tren no frenaba pero mi defensa probó lo contrario. Lo mismo sucede en la causa de los cuadernos truchos, o en la causa de la obra pública. Los peritos que proferían agravios contra la ex presidenta fueron los encargados de todos esos peritajes truchos.

¿Te considerás víctima del lawfare?

A mí los términos que definen cuestiones en inglés no me cierran: en mi país y en distintos gobiernos de la región se dieron fenómenos parecidos, de manipulación de la Justicia por parte del embajador norteamericano y servicios de inteligencia. Sin embargo, muchos dirigentes, cuando hablan de lawfare, hacen referencia sólo a algunos imputados. Pero los que estamos presos hoy, estamos presos injustamente, desde los dirigentes políticos hasta los empresarios nacionales que fueron víctimas de extorsión por parte del fiscal Stornelli, Elisa Carrió y Paula Oliveto.

¿Ves necesaria una reforma judicial?

Solemos identificar a la Justicia con una venda que dice que es ciega, sorda y muda, pero el problema es cuando tiene la venda corrida, cuando nos persigue a un grupo de dirigentes. La independencia del Poder Judicial es, de por sí, relativa: es un poder del Estado tan político como los demás. Todos los jueces son elegidos por presidentes y ratificados por el Congreso. Cuando discriminan a un sector de la sociedad no son dignos de llamarse agentes de justicia. Además me parece vergonzoso que sean vitalicios, es la peor herencia del derecho romano. Creo que es impostergable una reforma judicial.

¿Cómo ves la situación del país que recibe Alberto Fernández?

Hay 4 grandes problemas en Argentina. El primero es que el comercio exterior está en manos de 7 multinacionales, por lo que resulta urgente para el gobierno que viene recuperar el comercio exterior. Es la única manera de Argentina de hacer justicia social y pagar la gigantesca deuda que nos deja este gobierno. El otro tema es el hambre. Néstor decía que tiene que haber una solución inmediata: la dieta se resuelve con carne, leche y huevos, de manera inmediata. A su vez, la cuestión de la Justicia debe tener una prioridad absoluta, no solamente por los métodos que se utilizan sino por personajes nefastos como Stornelli, que no se presentó 7 veces a indagatoria. A nosotros, por mucho menos, nos allanaron los domicilios. Luego, el tema de los servicios públicos: el Estado debe detentar el monopolio de los servicios públicos porque hoy son el principal método de fuga de divisas al exterior.

¿Cómo lo ves a Alberto Fernández?

A Alberto Fernández lo único que le pido es que recuperemos la iniciativa en las calles como lo hace la derecha en manos de Macri. Néstor decía que el poder no es algo que te mandan en una cajita. Por eso, cuando tenés la iniciativa popular, hay que ejercer el poder.

¿Cómo caracterizás lo que sucede en Bolivia?

En Bolivia hay un golpe de Estado fascista, llevado adelante de una forma más atroz que en las dictaduras del 80. Tenemos que poner atención a su repercusión en toda la región. Bolsonaro es un gobernante fascista y va a tener un protagonismo regional que tenemos que arrancarle. La intervención venezolana con el TIAR es el caso más grosero de estos nuevos métodos golpistas.

¿Creés que puede surgir una nueva oleada progresista en la región?

No creo en el progresismo, creo en el nacionalismo revolucionario y en el protagonismo popular. Creo que los progresismos suelen ser aliados de los neoliberalismos. La mejor muestra es el gobierno de Larreta, que no es progresista pero come de sus márgenes.