Esa obsesión del Pro

¿Por qué el macrismo volvió a perder en la 31?

La urbanización se lleva millones del Banco Mundial y el BID, pero el Pro no logra hacer pie en el territorio. Rodríguez Larreta duplicó sus números de las PASO, pero quedó muy lejos del 67 por ciento del Frente de Todos.

El domingo de la elección, un pasacalle cruzaba de lado a lado la avenida Carlos Perette, donde se ubica la tradicional feria de la Villa 31. “Votá a Rodríguez Larreta, votá la urbanización”, se leía en letras blancas imprenta sobre fondo amarillo. Una decena de carteles como aquél permanecían colgados desde hacía un mes en distintos puntos del barrio. Descontento con el resultado de las PASO, el Jefe de Gobierno había literalmente retado a los funcionarios de la Secretaría de Integración Social y Urbana, el brazo del Pro en el territorio, y les había pedido que tradujesen en votos cortantes y sonantes la millonaria inversión que el Ejecutivo realiza en el barrio. Pero la persistencia del pasacalle en plena veda, colocado para colmo a pocos metros de la escuela Filli Dei -habilitada para votar-, pareció un exceso de obediencia. Los propios vecinos enojados con la gestión alertaron a los fiscales de la oposición y mandaron a bajarlo.

“Hasta trajeron camiones con mercadería para repartirla con la boleta”, cuenta una histórica militante del barrio a El Grito del Sur, para graficar “el nivel de obsesión” del Pro con el resultado en la 31. También hubo algún que otro chispazo dentro de las escuelas, porque el oficialismo llevó más de un fiscal por mesa, muchos de ellos trabajadores de la propia Secretaría que conduce el ex Sushi Bar Restó Diego Fernández. La última carta fue gastar dos millones de pesos para producir piezas audiovisuales mostrando los progresos de la urbanización.

El despliegue dio resultado: Rodríguez Larreta logró duplicar el porcentaje respecto de agosto. Cosechó casi el 32 por ciento de los votos, muy por encima del 16,9 que obtuvo en las PASO y hasta del magro 19,6 final de Mauricio Macri en la categoría Presidente.

Pero el problema para el Pro, igualmente, sigue estando en la fuerte adhesión del barrio al kirchnerismo: tanto Alberto Fernández como Matías Lammens se llevaron más del 65 por ciento de los votos. Todas las elecciones se chocan con el mismo muro: el peronismo juega allí de local, dado que nunca perdió una elección ni bajó del 50 por ciento, ni siquiera en 2017, durante el auge amarillo.

El pasacalles que pedía el voto para Larreta, en la mañana del domingo de la elección, a pocos metros de la escuela Filli Dei.

Pero a la hora de pensar la composición del voto dentro del barrio hay que tener en cuenta que se trata de una muestra poco significativa: en el circuito 5 de la Comuna 1, donde votan los vecinos de la 31, hay poco menos de 9000 electores habilitados para votar, repartidos en apenas 26 mesas, y se estima que en el barrio viven unas 60 mil personas.

Hay, por un lado, un universo importante de vecinos que se ven obligados a declarar otro domicilio para poder conseguir trabajo, producto del estigma. Muchos otros, con un arraigo persistente en el interior o el conurbano, desde donde llegaron a vivir a la 31, y donde siguen votando. Y otro tanto que no figura en el padrón.

“Reforzamos la militancia en la 31 como lo hicimos en cada barrio o comuna donde vimos que no nos fue bien en las PASO”, dijeron desde el entorno del Jefe de Gobierno respecto de la filtración de las “órdenes” de mejorar los números en el barrio. “Pero somos respetuosos del voto de cada uno, que tiene múltiples razones”, se atajaron.

Si bien cómo votó ese universo fuera del padrón es una incógnita, los resultados dentro del circuito de la 31 hablan a las claras de los problemas de la gestión para hacer pie en el barrio, pese a los millones que se bajan. La mudanza de 800 familias del bajo autopista al conjunto de nuevas viviendas en el sector YPF, por caso, se planificó para mediados de este año pero sigue sin concretarse, en buena medida por la desconfianza de los vecinos sobre la calidad de las viviendas pero también porque temen perder lo construido durante generaciones por un supuesto beneficio (el de tener una casa nueva) que no termina de convencerlos. Para colmo, muchas de esas viviendas fueron tomadas el domingo mismo de la elección.

La reubicación de la primera tanda hacia el complejo “Containera” dejó a grupo numeroso de familias sin soluciones, y a otro tanto desencantadas con el nuevo destino. La casi nula contemplación al desguace familiar y la firme organización política de los vecinos, que reclaman y exigen cada derecho que entienden les corresponde, hacen que el apuro del Gobierno por mostrar resultados choque con los propios intereses de las personas supuestamente beneficiadas por la urbanización. Una de las reivindicaciones más fuertes de la Mesa Participativa de Urbanización y otros espacios comunitarios de militancia barrial es la necesidad de tener voz y voto en las decisiones que se toman sobre su propio devenir.

Pero el Pro también cuenta con su núcleo duro. El histórico dirigente Teófilo Tapia, que resistió las topadoras de la dictadura, es un ferviente defensor de la urbanización. A través de la Secretaría se destinan fondos para las cooperativas del barrio, que también apoyan el proceso. Enfrente, la militancia es mucho más importante y heterogénea, y abarca todas las expresiones populares: desde el peronismo hasta la izquierda independiente.

Eso lo sabe Diego Fernández desde el vamos. Pero tanto él como el resto de los funcionarios, Rodríguez Larreta incluido, tienen que explicar a las autoridades del Banco Mundial, que pusieron 170 millones de dólares hace dos años, y a los jefes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que pusieron otros 50 millones, por qué la gente no acompaña el proceso, la conclusión más rápida que puede sacarse al mirar los resultados de las elecciones.