Aumento de las retenciones a la soja

Retenciones: ¿es verdad que el campo somos todos?

La narrativa del “campo somos todos” no es más que una posverdad: en Argentina, las sociedades anónimas explotan más del 35% de la tierra fértil. Sin embargo, la identificación con la Patria Sojera genera revuelo a la hora de implementar retenciones.

Los países que no emiten divisas tienen dos opciones para conseguirlas: tomar deuda o aplicar «retenciones» a la exportación. La tenencia de divisas por sí misma no garantiza mucho: el gobierno de Mauricio Macri incrementó la deuda externa en un 40% y el destino de esos dólares no fue ni al desarrollo productivo ni a la distribución de las riquezas. En relación a las exportaciones, 111 países del mundo (más de la mitad del total) aplican retenciones. En Argentina, las tierras productivas y fértiles son una de las principales fuentes de ingresos. La narrativa del “campo somos todos” (¿todes?) no es más que una posverdad: en Argentina, las sociedades anónimas explotan más del 35% de la tierra fértil. El éxito de la apropiación identitaria rural por parte de quienes o no tienen campos o los tienen pero en escala ínfima, colaboró a la desestimatización del «conflicto rural» allá por el año 2008.

Daniel Pelegrina – Presidente de la Sociedad Rural Argentina

¿Qué es lo importante de las retenciones?

Los Estados necesitan plata para gestionar políticas públicas. Esa plata puede conseguirse o produciendo (y vendiendo), tomando deuda o recaudando fiscalmente. Argentina goza hace ya varios años de una «renta diferencial a escala internacional»; o sea, muchas tierras fértiles con muy buenas ganancias. No hay que pensar la calidad del suelo en términos meritocráticos «del esfuerzo», simplemente se encontraron en factores naturales que motivaron beneficios capitalistas. Es por ello que el Estado intenta apropiarse una porción de la ganancia que genera el uso de nuestros suelos y redistribuir los beneficios hacia el resto de la sociedad.

Es llamativa la cantidad de prejuicios en relación a las retenciones. Es probable que el sentido de pertenencia de una buena parte de la sociedad con el campo se encuentre arraigada en la inserción de Argentina dentro del mercado mundial. «El Granero del Mundo» es un modelo que beneficia a unos pocos, que encuentra su actuación estelar en la desregulación estatal y en la falta de controles cambiarios. El modelo agroexportador concentrado es antagónico de un modelo que distribuya las riquezas y capitales (intelectuales, económicos, culturales, etc).
Según datos del último censo agropecuario, del 2002 a la fecha, más de 83.000 productores/as cerraron sus tranqueras siendo “reemplazades” por grandes tenedores de tierra. A la actualidad, el 1,1% de los grandes productores explota el 36% de las tierras. Existe un 12% de los pequeños/as que trabaja el 0,04% de las tierras e, incluso fuertemente golpeada por las devaluaciones, la agricultura familiar sostiene al 54% del empleo rural en la Argentina. En este sentido, el nuevo régimen de retenciones decretado por el nuevo Gobierno no afecta de igual manera a los pequeños productores que a los grandes terratenientes. De hecho, e incluso más interesante, el Foro Agrario comunicó su apoyo a la medida del equipo económico de Alberto Fernández.

Pensar un modelo alternativo a la Patria Sojera

Las retenciones y el dólar turista no discuten otra cosa que la distribución de las escasas divisas que la Argentina tiene y cómo utilizarlas/gestionarlas. El Estado tiene la obligación de cuidar a les ciudadanes y al territorio nacional. Nadie quiere pagar más por lo que antes pagaba menos, pero es importante entender las prioridades sociales en un país que intenta decretar la Ley de Emergencia: la importancia de pagar 30% más un iPhone en Estados Unidos o una comida en Italia no puede compararse con la urgencia de importación de medicamentos oncológicos o para tratar la inmunodeficiencia. Al margen, en 2017 el porcentual de personas que migraron o viajaron al exterior es de menos del 25%: entonces, en definitiva, es una construcción social en el imaginario argentino el «viaje al exterior». Los derechos humanos básicos contemplan el derecho a la salud, a la educación, a la integridad física y psicológica, a las identidades de género. Nadie niega o pretende evitar que la gente viaje al exterior, pero sí es importante no caer en el argumento liberal de que el Estado debe ser garante de un derecho inalienable de mantener el dólar bajo para el turismo.

El modelo al que apostamos es muy distinto al de la Patria Sojera, esa que hoy manifiesta su descontento con el desdoblamiento de retenciones, la misma que arrasó a más del 90% de los bosques nativos en Córdoba. Durante los últimos 4 años, la inflación mensual promedio del 4% y el aumento del 300% al 2000% en los servicios afectó a la mayoría de la población argentina. Hoy, se propone un fisco coherente con la devaluación: es distinto fijar $4 por dólar con un dólar a $38 que hacerlo con una cotización de $60. El desdoblamiento de las retenciones tiene un efecto real en apenas 20 productores de soja. No existe demasiado margen a la queja ni a la acción: en cuatro años (2015-2019) el dólar aumentó de $12 a $60. El comercio internacional se rige en dólares y, por ende, la importación de insumos y productos de consumo final de hogares y gobiernos también. El aumento de la divisa encareció nuestra calidad de vida (aumento de alimentos, principalmente) y restringió el acceso a bienes del consumo cotidiano (medicamentos traídos del exterior). Más temprano que tarde íbamos a tener que pagar los platos rotos de las ganancias extraordinarias de los grandes productores sojeros que derivaron de la devaluación.