Yamina del Real

«En el patriarcado nunca cabes»

Performer, cantante, fotógrafa, socióloga y sexóloga feminista, Yamina del Real es una caja de sorpresas. La artista mexicana habla del cuerpo como lugar de enunciación y de cómo la ausencia se materializa en sus obras.

Lleva el pelo larguísimo en espirales rojos y cuando lo suelta, en sus fotos, se convierte en un elemento más de la composición. Yamina del Real es una caja de sorpresas: performer, cantante, fotógrafa, feminista. De origen mexicano, habla fluido balanceándose de un tema al otro mientras el café se enfría sobre la mesa de un bar de Palermo.

Su trayectoria artística comenzó de niña en el colegio, donde se sentía atraída por el teatro y la música. Sin embargo, por la exposición y la vergüenza que le generaban las presentaciones, terminó inclinándose hacia las artes visuales.

Veinte años después habla de su praxis como algo más cercano a la conjunción de saberes de los creadores renacentistas que a la especificidad acética del arte contemporáneo.

Serie Presencia Ausente 2014

Nacida en un hogar donde los roles hegemónicos estaban cambiados -su madre trabajaba fuera de la casa y su padre se quedaba a cuidarla-, desde pequeña cuestionó por qué las mujeres al casarse debían perder su apellido. Sin embargo fue a los 18, luego de ser discriminada por uno de sus profesores en la universidad, cuando se asumió feminista.

Las primeras performances de Del Real fueron en los 2000, en el marco de una organización que buscaba visibilizar y prevenir el VIH/SIDA en toda la población. “En México todas las campañas de lucha contra el VIH-SIDA eran llevadas a cabo por gente que sufría la enfermedad o tenía alguien cercano, esta lucha incansable la dieron principalmente desde la comunidad LGTB. La lucha contra el VIH quedaba limitada a los ‘ putos sidosos’, como se decía despectivamente en esa época. Había un nivel de ignorancia y discriminación terrible. Y esto logró que la enfermedad avanzara en la población en general que no se consideraba a sí misma de riesgo La moral hetero-patriarcal normativa y la iglesia hacían fiesta. Por fin llegaba el castigo merecido por pecadores. Y ahí fue donde nosotres sentimos la obligación de incidir. Donde hay un cuerpo, hay una batalla moral. El VIH-SIDA violentó tanto la relaciones erótico-afectivas, la manera mirarnos y de acercarnos a otres, que toda la herencia de libertad amorosa y sexual que se había ganado en los 70s la estábamos perdiendo por una enfermedad de transmisión de sexual.”

La Patria (2012)

Aún sin ser consciente de ello, desde el primer momento el cuerpo fue su lugar de enunciación. Finalmente, éste se convertiría en el tema medular de su producción, el rastro que -cual hilo de Ariadna- siempre se puede retomar para guiarse por su obra. La presencia, la ausencia, el amor, la violencia y la muerte son otros de los tópicos que aparecen en sus creaciones. “El cuerpo es el vehículo de las ideas; por eso, para controlarnos nos confiscan el cuerpo. Nos reducen al silencio, reducen nuestros cuerpos y sus placeres. Hemos aceptado la delgadez como sinónimo de belleza y deseo. La mala noticia es que no importa cuan delgada seas, en el patriarcado no cabes”.

Yamina realizó su Máster en Sexología tras recibirse de Licenciada en Sociología y cursar como oyente la carrera de Psicología: todas estas disciplinas se hibridan en su obra. La mayoría de sus series fotográficas tienen desnudos propios y ajenos y, aunque nunca trabajó con asistente, cuando hace autorretratos siente que algo de ella misma se desdobla entre la fotógrafa y la modelo. En mi obra indago sobre la genealogía del cuerpo, particularmente el cuerpo de las mujeres, como objeto social, filosófico e histórico. Curiosamente aunque parezca estar atravesada por el erotismo, porque siempre uso mi cuerpo desnudo, mis piezas son poco eróticas en un sentido estricto. Me apropio de mi cuerpo, lo hago discurso. No niego su erotismo, al contrario, el erotismo es una fuerza que las mujeres debemos recuperar”.
“El arte es la síntesis de la experiencia intelectual y emocional, condensa el conocimiento para que les espectadores puedan observar y reflexionar sobre situaciones que quizás de otra manera no podrían verlo. Te lleva a reflexionar sobre el hecho desde diferentes ángulos. El arte llega a la cabeza y al corazón”.

Serie Juarez (2011)

Fue la realidad de su país la que la llevó a interesarse en los cold case -los casos congelados por el sistema judicial-.En México, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2017 murieron 3430 mujeres a causa de un presunto homicidio, es decir, nueve mujeres son asesinadas al día. Esta estadística duplica el número del año 2008, cuando hubo 1425 mujeres víctimas de homicidio en el país. De las casi 3500 víctimas relevadas por dicho instituto, el 50% tenía entre 15 y 34 años al momento de perder la vida. Año a año son cientos los expedientes que ya no se revisan, y las madres siguen esperando justicia mientras se suman más nombres a las listas.

Su primera serie fotográfica con ella como su propia y única modelo fue cuando atravesada por la indignación y el dolor que la violencia de género dejaba en su país, comenzó a investigar los feminicidios en Ciudad Juárez. «Cuando empiezo a hacer fotografía autoral contemporánea, casi sin proponérmelo mi tema es la violencia en contra de las mujeres, y ahí aparecen las mujeres muertas y desaparecidas en Ciudad Juárez. Era un fenómeno llamativo por la cantidad de casos, la mayoría sin resolver. No se sabía quién o quienes asesinaban a esas mujeres. Hasta que se fue descubriendo que las causales eran muchas, tenían que ver con cosas de las que no se hablaba: violencia intrafamiliar, trata de personas, narcotráfico, y hasta asesinos seriales estadounidenses que cruzaban la frontera para cometer esos asesinatos. Eran muchísimos factores, que se sintetizan en una palabra: feminicidios. Violencia ligada al género. Atravesada por la violencia sexual, la necesidad poseer, someter, usar y destruir el cuerpo de las mujeres. Porque el feminicida no les concede a las mujeres el derecho a una vida propia. Si hay algo que atraviesa las violencias hacia las mujeres es que no somos dueñas de nuestro cuerpo. La sexología me interpela también desde ese lado».

Serie Juarez 2011

En otras de sus series trabajó sobre la historia de una chica que, después de una ruptura amorosa, relató en Facebook su suicidio en tiempo real. Fue entonces cuando la cuestión del cuerpo, como elemento vivo, como ente físico que ocupa un lugar en el espacio, se contrapuso a las redes sociales como posibilidad de enunciar virtualmente dispersando la corporalidad.

“Me angustiaba no poder asistir, ayudar a alguien que estaba en una situación extrema del otro lado de una computadora. Ella estaba allí y nosotres éramos espectadores. Me shockeo, ver cómo las redes sociales terminan convirtiéndose así en el lugar donde podés existir sin necesidad de ser. También la indefensión de lo pasional: a las mujeres se las deja en ese lugar de la necesidad amorosa y locura emocional. Un lugar que te obliga desaparecer para estar. Me parecía importante hablar de ese suicidio, por lo simbólico. Casi en toda mi obra hablo de muerte, no solo la que tiene que ver con lo tangible y real de la muerte del cuerpo, también las diferentes muertes o duelos por las que atravesamos durante la vida”, explica y agrega que también trabajó con un grupo de madres con hijas atravesadas por la anorexia y bulimia y el rol de las redes en el “contagio” psicológico de estas enfermedades.

Aunque entiende las contradicciones del movimiento y se alarma ante el avance del punitivismo, Yamina concibe que la perspectiva de género es transversal a toda su creación, uniéndose como hiedra incluso cuando no estaba planificado: “Hay mujeres -y hasta hombres-que no se sienten feministas pero leen mi obra en clave de género. Para mí es muy importante que lo que hago sirva para revisar la relación con su cuerpo, su historia, para reflexionar como y desde qué lugar nos vinculamos. Matan, violan, golpean, maltratan mujeres todos los días. Es importante que la sociedad y las mujeres al ver mis fotos piensen en ellas, en otras mujeres y que si la obra logra conmover y hacer reflexionar, y si esa reflexión lleva a reaccionar y accionar esa es mi ganacia» afirma.

Serie La geometría del cuerpo 2015

Ante los cuestionamientos por un lado que usar su cuerpo desnudo era hacerle el juego al discurso patriarcal del desnudo femenino para placer masculino, y por otro lado este mismo discurso patriarcal la interpelaba por no aprovechar su cuerpo para hacer fotografía erótica. Ahí se decide a realizar una serie en la cual utilizó su cuerpo como un objeto más, casi mustio, entre otros objetos cotidianos. “Pensé cómo expresar que somos vistas como objetos sexuales sin derecho al goce, sin caer en la misma censura que enuncio. Como evitar negarme una vez más, reducirme para caber, taparme para no ser mirada. He aprendido que siempre, hagas lo que hagas con tu cuerpo el otro siente con derecho a opinar y a condenarte. Fue una serie muy divertida, porque al poner mi cuerpo en lugares y situaciones extraordinaria, lo volví un objeto significado.

«Ahora estoy trabajando en la idea de vestir mi cuerpo, pero cuando yo le pongo ropa a mi cuerpo, lo estoy significando, lo reduzco a esa ropa, de alguna manera lo disfrazo, ese cuerpo es un significante de algo”.

Algunos galeristas y curadores dicen vender mi obra no es fácil. Sobre todo porque no estoy jugando el juego de poner lo erótico y la belleza por sobre el discurso. No hablo de la belleza del cuerpo femenino, no hago una obra “bonita», mi discurso está por encima de la belleza”. dice en forma contundente, y suma que la obra de los grandes artistas varones no puede descartarse por haber tenido actitudes machistas, sino que son objetos sensibles e históricos que aunque es necesario mirarlos con las gafas violetas. Sin dejar de lado el análisis antropológico.

Señal de la Cruz (2011)

El próximo 7 de diciembre, Yamina se presentará en el Espacio Simona cantando rancheras, como un vuelta a su primer amor: la música. Apropiarse del género tradicional mexicano, siempre interpretado por varones, es también virar el sentido del curso de la historia
«Cantar rancheras supone volver a hablar del discurso amoroso y apropiarse de eso. La música ranchera era un territorio que hablaba del deseo y el dolor masculino, casi no hay compositoras mexicanas de música ranchera. Cantar canciones escritas por hombres, que durante mucho tiempo se interpretaban en masculino aunque fueran mujeres las que las cantaran. Me interesa ahora contarlas desde mi historia amorosa y cambiarles el sentido, pasar de objeto pasivo, a sujeto activo. Antes no podías hablar públicamente de los hombres con los que habías tenido sexo porque la sociedad tendía a juzgarte. Ahora sé que no tengo que cuidarle el honor a ninguno de los varones que me rodean. El feminismo tiene la obligación de apropiarse del deseo, de hacer que ese deseo cotidiano que les pasa los hombres también te pase a vos”

 

Serie Presencia Ausente 2014