Fernando Salem

Donde el amor y la muerte se encuentran

Fernando Salem estrenó su segunda película "La muerte no existe y el amor tampoco". Una historia de
amistad, dolor y desarraigo que viene a cuestionar las definiciones del amor sobre un fondo patagónico.

Fernando dice que ahora está corriendo y es verdad. Concurre a todas las funciones de su segunda película, que es también su segundo éxito. En el Malba, en el Unicenter, en el Gaumont, «La muerte no existe y el amor tampoco» se estrenó en cines el 9 de enero y ya tiene amplias repercusiones. Pronto el director se irá a hacer una gira de presentaciones por el interior del país. El resultado de cuatro años de trabajo el es una película milimétricamente detallista que cierra por todos lados pero también deja muchas preguntas -y heridas- abiertas por resolver.

Fernando Salem es licenciado en Ciencias de la Comunicación en la UBA y realizador cinematográfico de la ENERC. Con su ópera prima “Cómo funcionan casi todas las cosas” (2015) ganó los premios a Mejor Director y Guión en el 30° Festival internacional de Cine de Mar del Plata. También trabajó en series infantiles y fue director, cocreador y guionista de La asombrosa excursión de Zamba en Paka Paka.

En su segundo largometraje Salem mezcla costumbrismo con emoción. Se entromete en cuestiones existenciales a través de situaciones cotidianas que van hilvanándose entre sí. En la trama Emilia vuelve a su pueblo natal para enterrar las cenizas de su mejor amiga, Andrea, que se suicidó. Ahí encontrará con su propia infancia, su familia, los amores pasados y los recuerdos de su juventud. Pero también deberá enfrentar algo fresco y latente: el duelo. Durante toda la historia Andrea se aparece como un personaje humano que acompaña a su amiga con su presencia espectral, siempre es silenciosa.

La película está basada en el libro «Agosto» de Romina Paula que llegó a Fernando mientras filmaba «Cómo funcionan casi todas las cosas» a través de Esteban Garelli, su coguionista en ambos films. Desde el primer momento lo atrapó y quiso llevarlo al lenguaje cinematográfico sin hacer una transcripción literal.

Los paisajes desolados de la patagonia, la paleta de colores opacos, los diálogos cortos y la música compuesta por Santiago Motorizado forman un ecosistema melancólico que evade lugares comunes. Por eso Salem habla de geografía emocional, un término que le dijeron y se fue apropiando.

En diálogo con El Grito del Sur Fernando Salem habla de “La muerte no existe y el amor tampoco” un film que es un retorno al origen, un lugar donde indagar en los intersticios pegajosos entre soledad y compañía,  pasión y costumbre, amistad y distancia y, fundamentalmente amor y muerte.

-La película se basa en el libro ‘Agosto’ de Romina Paula ¿Cómo fue trabajar con un relato prestado sin diluir la voz original ni la tuya con el co-guionista?

-Esa era una de las grandes dudas que tenía, como trabajar con un relato ajeno y un relato tan femenino. Lo primero fue hacerlo propio, identificar mis puntos de interés y trabajar con mi propio punto de vista. Hubiese sido imposible abordar el texto sin entender desde dónde lo quería atacar yo. Cuando empecé a analizarlo me di cuenta que tenía dos pilares importantes: uno el del amor y otro el de la muerte. El de la muerte es un tema lo tengo bastante elaborado y que me interesa. Dentro de la muerte está la relación de amistad entre dos amigas. Para generar eso me apoyé mucho en Antonella Saldicco (Emilia) y Justina Bustos (Andrea). Les dije que necesitaba que me ayudaran a llegar a una vínculo real entre dos mujeres porque yo me sentía -me sigo sintiendo- bastante analfabeto en términos de esa experiencia como varón. Eso me hizo entender que uno no sabe todo lo que dice en la película sino que a lo largo de la película también vas aprendiendo cosas. El otro punto fuerte de la película era el amor y ahí tenia un conflicto, si el amor es lo que dice Cortázar (Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio) o  si es algo que más de construcción, de aceptación y resignación. ¿Que es el amor para Emilia? ¿La estabilidad que le da Manuel (su pareja) en Buenos Aires o el amor adolescente de su pueblo que le remite a la pasión? En la película no sería ni una ni la otra, sino la que Emilia pueda una vez hecho el duelo.

-¿Por qué decidiste representar a Andrea como una persona física aún muerta?

-En el libro hay una la forma del relato casi epistolar de Emilia hablándole a su amiga muerta que si bien es muy atractivo yo no quería que la película sea convierta transcripción ilustrada. Entonces para mostrar esa ausencia se me ocurrió que Andrea aparezca. Yo de chico me imaginaba a los muertos de la familia a la noche y trataba de hacerles un lugar en la cama para que no tuvieran que dormir de pie, eso lejos de darme miedo me reconfortaba. Me pareció interesante que como muestra del duelo no procesado Emilia, siendo psiquiatra  y con tanto control sobre la mente, vea a su amiga. El miedo era que pareciera una zombie o que se convirtiera en una película de género pero finalmente gracias al trabajo de las actrices funcionó bien.

-La representación (o no) de la muerte es un tema sobre el que se ha escrito mucho ¿Cómo fue representar el suicidio? 

-Yo me base en la experiencia de un amigo de la infancia que se suicidó. En la película cada personaje trata de hacer algo con la muerte, algunos la niegan, otros la naturalizan, otros la sufren, otros se distancian por no saber abordar el tema. No es solo el dolor de esa muerte, sino lo que provoca en los demás. En ese sentido cuando me parece que está mejor representado el suicidio es en la escena en la que Emilia está leyendo el diario de Andrea y de repente llega a las hojas en blanco y las sigue pasando, como si fueran todos esos días que no vivió. Por eso intenté que Andrea no tenga motivaciones personales, que Andrea sea en cuanto es imaginada por Emilia en función de su duelo.

-La película narra un duelo sin ser trágica ¿Cómo se cuenta una historia de amor -y de muerte- sin caer en los clichés? 

-El subtexto es una gran alarma. Muy pocas veces los personajes están diciendo lo que quieren decir y hay como un pacto con el espectador de comprensión de que lo que no se está diciendo es por una imposibilidad. Me parece que ahí las escenas ganan en nivel y en profundidad. Por otro lado la verdad yo intento no querer lucirme ni con la puesta de cámara ni con lo que se dice, invisibilizar mi papel y ponerme en función del relato, sin utilizar artificios ni puestas de cámara que creo que tienen que ver con el cliché. El cliché aparece cuando uno tiene miedo de que algo no se entienda y termina siendo una manera burda. Pero también sé que hay que trabajar desde el cliché para romperlo.

-La espacialidad oscila entre la Capital Federal, Santa Cruz y 28 de Noviembre, el pueblo natal de Emilia. Hay un contraste entre diferentes modos de vida ¿Lo buscaste a la hora de elegir las locaciones? 

-La espacialidad la trabajamos en conjunto con Georgina Preto -la directora de fotografía-, Matías Martínez -el director de arte- y Jimena Acevedo -la vestuarista-. La conclusión a la que llegamos es que si el corazón de Emilia fuese un velcro en Buenos Aires no tenía que encontrar ninguna superficie donde adherirse. A diferencia de eso en 28 de Noviembre o en Río Turbio debería haber superficies mucho más cálidas, abrigadas, que contengan. En Buenos Aires no hay nada que la sujete, más bien superficies que la expulsan, adornos desangeladas, como una especie de desarraigo. En 28 de Noviembre -que en sí es un desierto- hay una idea de retorno al hogar, de refugio.

-El viaje de retorno de la protagonista a su lugar natal es también la historia de muches jóvenes tienen que irse a las metrópolis a estudiar o trabajar. Pero al mismo tiempo cerca Emilia decide alejarse de su familia ¿Es también una película sobre el desarraigo?

-Sí, cómo no abordar ese tema en Argentina si tenemos un país tan grande y tan poco federal. Creo que ese es un drama local porque la mayoría de los jóvenes para cumplir algún tipo de ambición profesional tiene que migrar y en ese moverse hay un desarraigo, una historia que queda atrás, hay vidas surcadas por ese viaje, hay infancias preparadas para abandonar. Entonces necesariamente es una historia sobre el desarraigo, sobre la soledad y sobre esos procesos que no se terminan de hacer. En la película Emilia tiene algo de su vida personal incompleto que no la deja avanzar. Para terminar de irse tiene que volver, saldar e irse definitivamente con el dolor que eso conlleva.

-Durante toda la trama la protagonista cuestiona las relaciones afectiva, si existe el cariño más allá del enamoramiento, cuanto dura la pasión. Incluso varias veces surge la pregunta si se es feliz en una pareja ¿Hay algo de cómo se piensan los vínculos amorosos actualmente que influyó en eso? ¿Te interpelo en lo personal?

-Yo me separe un par de meses antes de estrenar la película y son las preguntas que me hago. Esa dicotomía sobre si esos enamoramientos son un truco para que nos reproduzcamos o si realmente es posible tener una relación posible sustentables y a largo plazo con una persona con la que sentís ese enamoramiento. Lo que sucede es que a medida que uno crece va a entendiendo el truco y es triste darse cuenta de que uno ya no se enamora o que es difícil vivir una historia de amor. Parecería que la pasión queda en el mito fundacional de la pareja y luego solo se trata de resignarse, sacrificarse, tener hijxs. Supongo que la pregunta es si es posible seguir enamorándose después de ser adolescente, seguir teniendo historias apasionadas. Parecería que no hay modelos sobre eso, que solo está permitido enamorarse a una determinada edad y después se tiene que formar una pareja burguesa e ir secándose de alguna manera.

-En 2015 estrenaste ‘Como funcionan casi todas las cosas’ ¿Cuál fue la diferencia entre la primera y la segunda en tu rol como director? 

-Lógicamente en la segunda película estás un poco más confiado. En principio sabes que pudiste subir una montaña en ojotas. Ahora vas a subir otra, que es más alta, pero sabiendo que tenes algo para decir. Sin duda lo pude hacer gracias al equipo, tuve la fortuna de que mucha gente que estuvo en el proyecto anterior se volvió a sumar. Yo tengo un equipo en el cual confío, con el que me puedo mostrar vulnerable, con el cual no tengo que estar rígido a la hora de dirigir. Dirigir en gran medida es armar un equipo que funcione. Esta vez tenía miedo de no poder repetir lo que habíamos logrado en «Cómo funcionan...» y ahora por suerte estoy viendo que en las dos hay coincidencias que van formando una línea autoral que me gusta.

-En un momento de crisis en la cultura y el cine ambas películas tuvieron gran éxito ¿Cómo entendés esto? 

-No se bien como son los proyectos de mis colegas. Tal vez lo que yo tengo que es que no delego la comunicación. La misma energía que puse en la pre producción, en el rodaje y en la post producción la pongo en el lanzamiento y la distribución. Creo que hay que crear una comunidad que esté dispuesta a recibir el producto cultural que voy a emitir. Esa comunidad tiene ciertos gustos, ciertos consumos, cierto contexto cultural y económico. Algo que aprendí con «Cómo funcionan casi todas las cosas» es que -si bien se puede cambiar un hábito o generar un nuevo público- no sirve llevar tu película a un lugar donde va a ser ignorada. Creo que tenemos que ir nosotros a las pantallas. En ese sentido con mis socios le ponemos mucho el cuerpo a la película. Le damos una escala humana a una película humana, y no una escala industrial a una película humana. Hay algo de ese modelo que funciona y le da trascendencia.

-Finalmente si el amor y la muerte no existen ¿En qué punto se encuentran?

-Yo creo que la peli parte de dos premisas falsas y niegan las dos únicas cosas que sabemos que existen, aunque muchas veces vivimos como si no. Vivimos como si la muerte no existiera y miramos para otro lado. Nos sorprendemos cuando alguien muere pero en verdad lo raro es estar vivo, vamos a estar mucho más tiempo muertos que vivos. Por otro lado vivimos como si el amor tampoco existiera. Encontramos a alguien, nos casamos, tenemos la familia que nos dicen que tenemos que tener, pero cuando aparece el amor se desestabiliza todo. En la película Emilia termina entendiendo que la muerte si existe y que el amor que le dijeron no. Que el amor adolescente, idealizado, no es real pero tampoco el amor deslavado por la costumbre. Ella tiene que aprender a amar a su modo, ese es el arco de la película. Creo que de eso se tratan las historias y esas son las respuestas que buscamos cuando pedimos que nos las cuenten. Los relatos están ahí para no andar tan errantes y tan huérfanos por la vida, por eso vamos al cine.