Femicidio en Olavarría

Valentina Gallina y un Estado que nos sigue postergando

Valentina Gallina fue encontrada muerta el sábado pasado en su casa de Olavarría. Todas las sospechas apuntan a su novio con quien convivía. Hace una año había abierto una casa en recuerdo de su madre, asesinada en 2008 por su pareja. Radiografía de las violencias que se reproducen ante un Estado sigue postergando a mujeres, lesbianas, travestis y trans.

Tal vez soñaba un mundo mejor, como la mayoría de les militantes. Tal vez quería cambiar la historia, como quienes dan mucho a cambio de nada. Tal vez creía en la justicia social, la que se construye entre muches y se forja entre todes. Tal vez por eso hace un año había abierto La Casa Valeria en memoria de su madre, Valeria Cazola, quien en 2008 fue asesinada por su pareja. Valentina Gallina tenía 19 años y vivía en Olavarría, donde militaba en el Movimiento Popular La Dignidad. El comunicado que elaboraron las compañeras de su organización la describe como “una piba de los sectores populares, que militaba contra las desigualdades sociales que imperan en este sistema capitalista y patriarcal. Era una persona profundamente comprometida con sus compañeras, con sus amigas y sobre todo con la lucha por un mundo más justo e igualitario”.

Valentina falleció el sábado pasado en el Hospital Municipal Héctor Cura. La policía de Azul confirmó que no presentaba heridas de balas de fuego y que el fallecimiento fue debido a un edema encefálico intercraneal. Esto dejó invalida la hipótesis de su novio y principal sospechoso que, cuando recibió a la policía en la casa que ambos compartían, aseguró que Gallina había recibido un balazo de parte de unos individuos que la habían atacado. En este momento Alejandro Diego Pais se encuentra detenido luego de negarse a declarar frente al  fiscal general de Olavarría  Doctor Christian Urlezaga,  también el fiscal general de Azul, Marcelo Sobrino participó de la investigación. A Pais se lo imputa de un homicidio triplemente agravado: por el vínculo, por la alevosía del caso y por la violencia de género previa que se pudo demostrar a partir de las lesiones anteriores en el cuerpo de Valentina. En el transcurso del crimen hasta hoy al menos tres mujeres denunciaron haber sufrido violencia por parte del acusado. El padre de Valentina asegura que son más.

Desde las organizaciones sociales resaltaron la importancia de que el Estado Municipal intervenga, sin obviar que esto también es consecuencia del un gobierno neoliberal que durante cuatro años asignó $11 pesos por día por mujer a combatir la violencia. “Estamos convencidos/as que si el Estado  garantizara que las diferentes dependencias funcionaran escuchando, cuidando, protegiendo y accionando en favor de todas las mujeres y disidencias el #NiUnaMenos estaría más cercano». Y enfatizaron que la cadena de indiferencia estatal que mata y abandona a mujeres y disidencias viene de larga data. «Consideramos este caso emblemático y bisagra en la lucha contra violencia porque podemos corroborar que durante los últimos 11 años el Estado SIEMPRE HA LLEGADO TARDE. Y no lo soportamos más”. El hartazgo y la bronca parece ser el mismo que llevó a mujeres, lesbianas, travestis y trans a levantarse en masa para realizar el primer paro del gobierno de Mauricio Macri.

El día lunes una multitud marchó desde la plaza principal de Olavarría hasta la «Oficina de la Mujer y Familia» de esta localidad. Acompañando a los familiares y amigos de Valentina y Valeria estuvieron los allegados y las allegadas de Mabel Olguín quien fue encontrada muerta el 29 de diciembre pasado.

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Según el observatorio de violencias de género “Ahora que si nos ven” en el 2019 hubo 327 femicidios, el 46% cometidos por la pareja de la víctima y en el 63% de los casos en la vivienda de esta. En diciembre fue el pico máximo del año con 30 crímenes. En el 2020 ya se contabilizaron 5 femicidios en una semana.

Natalia Gherardi del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género manifestó en entrevista con la TV publica “Lo que sorprende es la repetición. Ni las políticas ni la conciencia social que se ha ampliado en los últimos años termina de derivar en una reducción de casos. La violencia de género siempre es multicausal pero en esta situación llama la atención que en un hogar donde faltó la madre víctima de un femicidio hubo una ausencia del Estado en términos de acompañamiento psicológico para contribuir a desaprender cierta normalidad de conductas violentas”.

Las violencias machistas llegan a todo y a todes, incluso a quienes luchan contra ellas. Nadie está exento de caer en las trampas del patriarcado por conocerlas ni combatirlas. Es tal la transversalidad del sufrimiento (pero también de la alegría y las luchas compartidas) que mujeres y disidencias de diferentes clases, lugares y ocupaciones se encuentran en un movimiento común, que si bien pural y multiple, tiene una misma columna vertebral: vivas y vives nos queremos.

La violencia de género en las relaciones sexo afectivas no puede ser un contenido rápido ni superficial que se dicta en las escuelas las pocas veces que se logra aplicar la Ley de ESI.  No puede simplificarse en frases que se cristalizan en slogans como “si duele no es amor”. Porque nada nos hace inmune a ella, porque puede cambiar su forma y sus manera y porque está interrelacionada con muchos otros factores.

“La justicia en general llega tarde, siempre después de que ocurrieron los hechos, ni que hablar en los femicidios. Podemos nombrar un montón de cuestiones en donde el Poder Judicial y los Ministerios Públicos Fiscales todavía fallan en la investigación temprana y la adecuada aplicación de la respuesta que hace falta. Pero antes de eso fallan las políticas públicas, la educación, la inserción laboral para que las mujeres sin independencia económica no tengan que sostener relaciones violentas” agregó Gherardi.

Cada vez que la justicia llega tarde una vida se trunca y eso afecta no solo a quienes la rodeaban a la víctima sino que deja mella en toda una sociedad que lo avala. En 2019 según el observatorio antes citado contabilizó 235 niñes que perdieron a sus madres por femicidios.  Por eso cada vez que se aplaza la aplicación de la Ley Micaela (Ley 27.499) que establece la capacitación obligatoria en la temática de género y violencia contra las mujeres a todes los empleades del Estado la principal institución del país sigue siendo cómplice. Cada vez que se dificulta la  reparación económica para hijas e hijos víctimas de femicidios que establece la Ley Brisa, otra familia se perjudica. Porque eso cada vez que se despide a trabajadoras que arman estructuras para contener y combatir la violencia de género se abandona a su suerte otra posible víctima de femicidio.

Hoy Valentina no está. Incluso después de muerta la violencia de los medios de comunicación hegemónicos la persiguió publicando  imágenes de la escena del crimen y etiquetándola bajo titulares amarillistas. Tampoco están Valeria ni Mabel. Detrás a sus amigues, familiares y compañeres gritan que no les da lo mismo. Son muchas y muches por les cuales se espera y exige que el nuevo Ministerio de la Mujer, Género y Diversidad aplique lo antes posible políticas transversales de prevención y erradicación de las violencias machistas. Porque el patriarcado para extender sus tentáculos nos necesita en espacios aislados y son las redes de contención feministas, muchas veces promulgadas y auspiciadas por parte del Estado, las que lo harán  temblar.