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Cecilia Pavón: Una mujer que trabaja de escribir

“Todos los cuadros que tiré” es el nuevo libro de Cecilia Pavón, editado por Eterna Cadencia. En este compilado de relatos se ve a la literatura convertida en vida y no al revés.

Los relatos que componen Todos los cuadros que tiré tienen un elemento en común: la incertidumbre. El no saber, o por lo menos el no estar segura, atraviesa a este libro que divaga sobre lo que significa (o puede significar) ser una mujer que escribe. Sin embargo, el tono que transmite la narradora, o la escritora, o las dos, es de un temple increíble. Si no es un fluir de la conciencia bastante ordenado es una anécdota graciosa y/o trascendental, o es una opinión, o es un deseo, pero en cualquier caso, la sensación es la misma: amigarse con todo.

El desamor, la maternidad, el trabajo, el hogar (sobre todo el hogar) son algunos de los tópicos que ocupan la mente de esta mujer que trabaja de escribir. La poética, lejos de aparecer al romantizarse estos asuntos, aparece justo en los fragmentos que uno menos esperaría: «Voy a hacer una confesión que me hace sentir mal. (…) Entré a la tienda de H&M con la esperanza de que la ropa que me comprara me ayudara, de vuelta en Buenos Aires, a conseguir novio. (…) La tristeza de la soledad me hizo tener sentimientos tan desdichados como la creencia de que si yo estoy bien vestida alguien me va a amar. Y una mujer que escribe, escribe siempre del amor».

Así se procede a desmantelar la manufactura y dejar respirar a los sentimientos en bruto. No intervenirlos. Convertir la materia prima en producto nuevo. El libro es fundamento y retruco de sí mismo, desde el momento en el que la narradora, o la escritora, o las dos, proclaman en mayúscula NUNCA VOY A SER ESCRITORA.

Esta escritora-noescritora plantea preguntas interesantes: “¿la felicidad es lo contrario a la escritura?” “¿Y si en vez de querer comer bien me propongo a empezar a escribir bien?” “¿Qué es un poema?” “¿Hay alguien que en este momento esté escribiendo un poema?” Hilando despreocupadamente asuntos como estos Todos los cuadros que tiré va creando un universo ligero, pequeño y cercano. En él, no se descubre la literatura entre los resquebrajos de la cotidianeidad, sino la vida va tomando forma cuando se la escribe. Y se la ve desnuda, borroneada, sin límites. La vida es la ficción que nos contamos.