Nuevo colegio preuniversitario en Escobar

«Salir de la Ciudad era un desafío para la UBA»

El colegio preuniversitario "Dr. Ramón Cereijo" es la nueva apuesta de la UBA en la provincia de Buenos Aires. En una entrevista con El Grito del Sur, el flamante rector, Leandro Rodríguez, habla de los desafíos y perspectivas para esta nueva institución.

Sobre una calle de doble mano recientemente construida, se puede leer el letrero dispuesto en la fachada del nuevo edificio que dice «Colegio Preuniversitario UBA Escobar Dr. Ramón A. Cereijo«. Lo que había sido un campo inhabitado durante décadas, se transformó de un día para el otro en la primera institución de este tipo dependiente de la Universidad de Buenos Aires emplazada por fuera de la metrópolis porteña.

El ambiente tranquilo no es sólo potestad de los alrededores de la moderna construcción, sino que se apodera también de los pasillos en un estilo arquitectónico que llama poderosamente la atención. En un cartel situado a la derecha, rodeado de una intensa luminosidad y de pequeños árboles de interior que rozan los albores del techo, se explica quién fue Ramón Antonio Cereijo: «Economista y docente, se desempeñó como Ministro de Hacienda del gobierno de Juan Domingo Perón entre 1946 y 1952. Acompañó con su firma el trascendental decreto de 1949 que estableció la gratuidad de la enseñanza universitaria, un derecho que permitió el acceso a la universidad a amplios sectores de la población sin importar su origen y estrato social».

Algunas fotos de la histórica inauguración del pasado lunes 9 y una placa que muestra las firmas del presidente Alberto Fernández, el gobernador Axel Kicillof, el rector de la UBA Alberto Barbieri y el intendente municipal Ariel Sujarchuk. El edificio está todavía a medio terminar, pero los trabajos de construcción avanzan a paso firme con el objetivo de albergar en casi 5.000 metros cuadrados 12 aulas, un salón de música, un laboratorio, un gabinete de informática, una biblioteca, 5 talleres y un polideportivo abierto a la comunidad. Debido a la alta repercusión que dejó la jornada de inicio del ciclo lectivo, el 18, 19 y 20 de marzo tendrá lugar un nuevo período de inscripción al curso de ingreso de cara al año 2021.

El flamante rector del Cereijo no es un improvisado en la materia: ya fue vicerrector y rector en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini. En su despacho, al cual le restan algunos detalles para ser terminado, Leandro Rodríguez recibió a El Grito del Sur para hablar del significado que tiene para la UBA el emplazamiento de la primera institución preuniversitaria en la provincia de Buenos Aires y de las perspectivas del colegio para los próximos años.

¿Cómo fue el proceso por el cual se decidió emplazar el primer colegio preuniversitario dependiente de la Universidad de Buenos Aires en la Provincia?

Fue una iniciativa del intendente Ariel Sujarchuk. Él le presentó al rector Alberto Barbieri la propuesta de crear una escuela preuniversitaria en Escobar y juntos firmaron un convenio con la entonces gobernadora María Eugenia Vidal. El Municipio se hizo cargo de la construcción del edificio a través de fondos propios y la provincia de Buenos Aires aceptó sustentar los salarios docentes, mientras que la UBA realizó la supervisión académica y la designación de docentes. Ese fue el puntapié inicial y después hubo un montón de trabajo para armar los programas curriculares, aprobarlos en el Consejo Superior de la Universidad y hacer este edificio que hoy tiene 2000 metros cuadrados, pero que en agosto va a tener casi 5000. Fue todo muy vertiginoso, hubo mucha voluntad política pero también mucha cabeza de mucha gente experta en el tema.

¿Se entendió a Escobar como un lugar estratégico para encarar esta iniciativa?

La Universidad de Buenos Aires entendió que le acercaban un proyecto para el cual aportar y sumarse. Abrir una escuela preuniversitaria en el conurbano, con dos orientaciones que no estaban presentes (Medio ambiente / Diseño, Arte y Multimedia), y salir de la Ciudad era también un desafío para la UBA.

¿Cuáles son las expectativas para este 2020 como institución?

Son muchas. Nosotros ya venimos trabajando hace un año con los chicos y chicas de primer año, dado que en 2019 hicieron el curso de ingreso, así que ya los conocemos y sabemos quiénes son nuestros alumnos. Partimos de un escalón por encima en relación a lo que hacen otras escuelas. Queremos llevar un programa muy exigente en lo académico, acompañar a los chicos y chicas en su paso de la primaria a la secundaria, y también insertar al Cereijo en la comunidad de Escobar a partir de talleres y propuestas de extensión. Estamos pensando para el segundo semestre en talleres de robótica y programación abiertos para toda la comunidad, puesto que una de nuestras columnas en los seis años de la orientación es el tema de la informática.

Resultan inevitables las comparaciones con el Pellegrini y el Nacional Buenos Aires, pero los territorios y el contexto de creación son muy distintos. ¿Puede generarse una tensión en torno a eso?

Más que una tensión, nos vamos a apalancar sobre eso. Hay ventajas en la relación que Escobar tiene con el medio ambiente y con el territorio. Vamos a tomar lo mejor de la tradición de las escuelas preuniversitarias de la UBA, pero también le vamos a agregar algo de identidad propia en cuanto a que el Cereijo tiene una currícula diferente y va a tener también un espíritu diferente. Conozco las escuelas preuniversitarias de la UBA desde que tengo 13 años y cada una tiene una impronta distinta. Vamos a hacer historia al andar y hoy estamos fundando una escuela que va a ser tan tradicional como las otras a lo largo de los años, pero que va a tener la particularidad de mirar al futuro.

El intendente de Escobar, Ariel Sujarchuk, fue el principal impulsor de esta iniciativa.

¿Creés que hay desafíos e innovaciones necesarias para una institución de este tipo con el objetivo de transitar este siglo XXI?

Sin duda. Desde lo arquitectónico, tenemos aulas con mucha más luz que en otros lugares y con doble circulación de aire. Tenemos bancos que se pueden utilizar de forma clásica, en aula asamblea o en reunión de 6. También contamos con mucha tecnología en cada una de las aulas para incorporar estos desarrollos a la didáctica. Lo mismo con la informática y una currícula diferente: somos la primera escuela del país que tiene Educación Sexual Integral (ESI) durante los seis años. Tenemos a partir de cuarto año un régimen que no es por la división, sino por créditos de las materias. Vamos a incorporar el contenido de las primeras materias de la UBA XXI en los últimos años, para que los chicos y chicas salgan directamente con eso aprobado. Claramente, innovar en una escuela que nace y se funda de cero es más fácil que en las escuelas donde las tradiciones generan fortalezas pero también resistencias a los cambios.

Las instituciones ligadas a la UBA siempre han sido muy proclives a la politización. ¿Cómo piensan que se va a dar ese proceso?

Yo no puedo negar mi historia: fui secretario general y presidente del centro de estudiantes del Pellegrini. Primero hay una ley de Centro de Estudiantes, entonces las autoridades no tenemos que inventar mucho. Nosotros vamos a incentivar que los chicos y las chicas participen activamente, que sean parte de la vida cotidiana y de las decisiones del colegio. Más aún en una escuela que se funda. Creo que los alumnos van a estar incorporados a la vida institucional del colegio, van a tener sus espacios de reunión y su vida política aquí adentro.

Leandro Rodríguez (a la derecha), flamante rector de la institución, durante la inauguración del pasado lunes 9 de marzo.

¿Cómo te imaginás esta institución de acá a 20 años?

Yo me la imagino más consolidada e irradiando innovación en la didáctica y en la pedagogía de muchas materias. Me la imagino también comprometida con el territorio y la comunidad educativa de Escobar, tomando sus mejores prácticas y haciendo llegar nuestras mejores prácticas. Me la imagino no sólo como una escuela, sino también como un espacio de reunión del barrio con un polideportivo que se use todo el tiempo y muchas actividades tanto internas como externas. Además me imagino chicos y chicas graduadas con un gran nivel académico y un fuerte compromiso social con lo que los rodea.

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