La diputada más joven de Latinoamérica

Ofelia Fernández, la abanderada de les centennials

Ofelia Fernández ya no es sólo la promesa de campaña para atender las demandas juveniles, sino que se ha convertido en la principal garantía de que éstas se cumplan. Feminismo, educación, economía popular y juventudes en una conversación a fondo con la legisladora más joven del continente.

A poco más de dos años de su irrupción en la escena pública y de su debut a gran escala en la arena política a raíz del enorme debate en torno a la legalización del aborto en nuestro país, Ofelia Fernández recibió a El Grito del Sur en su despacho de la Legislatura porteña. Con tan sólo 19 años y con una impronta única que la destaca por sobre el resto, Ofelia logró convertirse en la diputada más joven de Latinoamérica. Más se intensificaba el debate sobre la Interrupción Voluntaria del Embarazo y más crecía su figura, hasta convertirse en una especie de abanderada de la juventud argentina. En una distendida y profunda entrevista, la legisladora porteña del Frente de Todos habla sobre feminismo, educación, economía popular y algunos proyectos en los que viene trabajando.

Foto: Catalina Distefano

¿Qué balance realizás de estos últimos dos años desde tu vuelco a la escena pública?

Fueron dos años muy fuertes, pasaron un montón de cosas. De alguna manera hay una cuestión más de orientación política y otra más personal de cómo se atraviesa ese proceso más vinculado a lo que significa pasar a un lugar de tanta exposición y esas dos cosas un poco se cruzaron al principio, cuando con el debate del aborto se constituye de repente una especie de referencia en mí en relación al planteo de una generación en esa temática. Esa amplitud que logró el mensaje me dio al principio un poco de claustrofobia, entonces intentaba no salirme mucho de la casilla en la que ya estaba, cosa de poder preservar una cuestión más pacífica en relación a algo más humano. Es raro que la gente empiece a opinar sobre lo que decís, el miedo a que te bardeen en primera instancia me replegó. Yo empecé a militar de muy chica por muchas más cosas que el aborto, y de hecho entiendo el aborto como una consigna que expresa muchos otros planos de la desigualdad, de la injusticia y de la violencia. Entonces, de repente me encontré muy limitada en cuanto a lo que decía por ese miedo. Y el primer aprendizaje fuerte que marcó esta etapa fue cuando me di cuenta que no tenía que resignar lo que venía haciendo y creyendo en función de caer bien, sino aprovechar ese capital político que acumulé con esa discusión para debatir otras cosas y poder complejizar o radicalizar algunas discusiones.

¿Cuáles son las expectativas para este 2020 en relación al aborto?

Para mí éste es el año del aborto legal. Legalización a todo trapo. En primer lugar porque el 2018 fue un punto de alza pero no el tope, todavía sigue ascendiendo y sigo creyendo que podemos seguir contagiando y convenciendo. Pero que sobre todo hubo un temporizador que se activó ahí viendo también cómo el Congreso le dio la espalda a la movilización más grande, en un marco de cuatro años de mucha organización. Fue un hecho histórico, un hecho que se va a estudiar, que se va a discutir mucho tiempo, porque es la fundación de un movimiento que condensa en el aborto su primera conquista concreta en términos de organización popular. Entonces, pienso que se activó ese temporizador y ahora explota. Hay un compromiso tan fuerte que yo tiendo a pensar que esos compromisos dan resultados y logran lo que se proponen, y además por supuesto la voluntad política que hay en el Ejecutivo es una gran virtud a la hora de pensar esta discusión. Porque, además de imponer ese debate y mostrar la urgencia y disponernos a conquistarlo, sabemos que hoy estamos en un contexto en el que si los números están más apretados tenemos gente que va a moverse en función de eso: Alberto, Cristina, y eso es esperanzador también.

Foto: Catalina Distefano

¿Por qué creés que fue el aborto lo que generó ese pico máximo de movilización en la juventud?

En primer lugar tiene que ver el contexto en que nos formamos: somos hijos de la mejor democracia hasta ahora, hijos del kirchnerismo. Entonces, crecer políticamente, en el sentido de formarte en un contexto de ampliación de derechos, ya es una base que funda un tipo de ambición y de expectativa. En segundo lugar, el factor de que también ese crecimiento fue al calor del Ni Una Menos, en una generación en particular que del año 2015 en adelante comenzó a tener ciertas discusiones. Justo el aborto no es una discusión arbitraria, condensa muy bien todas esas discusiones que veníamos teniendo: tiene que ver con el aborto en particular y que tiene que ser legal porque nosotras somos las que tenemos que decidir cuándo somos madres, y todo lo que ya sabemos, pero el aborto en definitiva es una pedagogía que atraviesa un montón de planos porque la discusión del aborto, por ejemplo, permitió que la ESI -que era un reclamo que ya tenían los colegios secundarios- tome otra masividad y otra relevancia. Después, la posibilidad de que un montón de compañeras se dieran cuenta ejerciendo el liderazgo en relación a esa consigna, que podían ejercer el liderazgo en relación a todo lo demás, que era una deuda que tenía pendiente ese mismo movimiento secundario.

La primera reunión que mantuviste en la Legislatura después de tu asunción como legisladora fue con los vendedores ambulantes nucleados en la CTEP. ¿Por qué?

La primera reunión fue con los vendedores ambulantes porque nos parecía importante atender a una problemática que en la Ciudad de Buenos Aires está muy profundizada: los cagan a palos, les roban la mercadería, básicamente gobierna el macrismo desde hace mucho tiempo. Pero, además, lo que me parece interesante es que hoy la política no asume a la economía popular como un sujeto político y transformador del todo y creo que en el macrismo se demostró que hay una capacidad organizativa en el sector que merece atención no sólo a los problemas que te puedan marcar, sino a las soluciones que te proponen. Lo que me parecía piola, además, es que si bien ellos conocen este edificio porque tienen muchos problemas con las normativas de Ciudad, nunca entran al edificio y eso fue lo loco de decir «bueno, llegaron, entraron», y en esa imagen asumí mi compromiso a hacer más que una foto o un video y poder trasladarlo en una política concreta.

Foto: Catalina Distefano

También te reuniste con los y las docentes. ¿En qué proyectos estás trabajando para estos sectores?

Con el sector de la economía popular estamos trabajando en diversas áreas, son muchas ramas y entonces cada cual necesita de sus cosas específicas: con cartoneros y cartoneras estamos trabajando en cómo garantizar la real implementación de la Ley de Basura Cero, cómo reglamentarla y seguirla en relación a los derechos que les faltan; predios dignos; que sea un trabajo registrado; así como en términos ambientales declarar de interés a las promotoras ambientales y garantizar -en vez de obstáculos- la relevancia que tienen para que la Ciudad no sea un caos; financiamiento de programas para el tratamiento de adicciones; para los textiles es otra cosa, y para los demás sectores otras. En materia educativa lo primero que vamos a laburar tiene que ver con la comida en las escuelas, con las viandas, y que de hecho se vincula con lo que nombraba antes porque tiene que ver en primer lugar con una inyección presupuestaria. Es muy poco lo que invierte el Gobierno de la Ciudad en la comida para cada pibe. En nuestro proyecto la idea es que se cambien las concesionarias por cooperativas gastronómicas y por cooperativas rurales que garanticen mejores alimentos y sin agrotóxicos.

¿Por qué elegiste, entre todos tus proyectos, presentar primero el de la reglamentación de la Ley Micaela en CABA?

Creíamos que era una manera de marcar que cualquier política tiene que estar atravesada por eso y que, por lo tanto, eso no tiene que ser un lujo que se dé este despacho o los despachos compañeros, sino cualquier elaboración política. Esa era un poco la base de nuestra iniciativa parlamentaria, sumado a lo histórico de la imagen del gabinete de Alberto Fernández formándose en género. Nos parecía que fue muy emblemático ese suceso. Si bien no es material todavía, es una inversión muy fuerte y habla de un reconocimiento de la perspectiva de género como parte necesaria de la política pública que es histórica en ese sentido y nos parecía bien replicarlo en una Ciudad en la que, por ejemplo, hay un miembro del gabinete denunciado por golpear a su mujer.

Foto: Catalina Distefano

Hace algunos días te reuniste también con Maca Sánchez, quien está ahora al frente del Instituto Nacional de la Juventud. ¿Qué pudieron charlar?

Sí, tenemos la idea de poder hacerlo relativamente seguido y tener ese vínculo aceitado. Para mí es una gran noticia que ella esté ahí sin que haya tenido que abandonar su carrera en el fútbol. Nunca el INJuve tuvo una presencia muy significativa, o fue un simplemente un canal para pibes y pibas, entonces me parece interesante la apuesta que está haciendo ella. Su plan es abrir casas del INJuve en muchos lugares, que sean casas recreativas y de educación, pero la problemática a la que ella está yendo más al hueso es a que las tasas de desempleo juvenil son mucho más altas que las de desempleo general, que ya son altas. Entonces está armando un plan integral para generar empleo joven y eso ya es otro tipo de jurisdicción, pero planteamos un acompañamiento más simbólico. Yo le conté lo que venimos haciendo acá y hay puntos de contacto en los que se trata más bien de darnos una mano.

¿Qué opinión te merece la apertura de sesiones ordinarias del jefe de Gobierno?

El domingo fue un día agitado, empezamos con la apertura de sesiones ordinarias en la Legislatura, vino Horacio Rodriguez Larreta a narrar su programa de gobierno del 2020. Y digo narrar no arbitrariamente ni aleatoriamente, fue básicamente una ficción, un relato totalmente alejado de la realidad que vivimos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Digo, una ciudad ideal lejana a los problemas y demandas reales que vivimos diariamente, tanto con mentiras o provocaciones en relación a cosas que mencionó sobre el arte callejero por ejemplo, una voluntad para tomar decisiones en igualdad de género en una mesa completamente masculina y más cosas que se pueden mencionar, además de eludir la situación que consta de un déficit habitacional del 20% de los y las habitantes de la Ciudad de Buenos Aires, de 7 mil personas en situación de calle, de una plaga de dengue importante y un vaciamiento general que por supuesto no fue diagnosticado ni caracterizado porque tampoco veo que pretendan resolverlo. Sin embargo, por suerte tuvimos después la apertura de sesiones del Congreso Nacional en el que vemos que la relación se invierte, que los y las de abajo son la primera página de cualquier programa en cualquier área, así que espero que podamos compensar por ahí y empujar hacia una ciudad más justa y más igualitaria. Estamos trabajando para eso.


Vamo a calmarno

Foto: Catalina Distefano

En tu figura se condensa una mezcla extraña entre un componente influencer y el de la referenta feminista estudiantil. Si tuvieses que definir, ¿dirías que sos una influencer política o más bien una política influencer?

Una política influencer, porque una influencer política suena medio como que llegué tarde. Es loco lo que pasa porque nunca se terminó de entender bien qué significa ser influencer, a mi me da un poco de gracia, pero bueno creo que tiene que ver con poder armar una forma de comunicación constante y dedicada, no pensar que es menor la decisión sobre cómo decir las cosas. Me divierte un poco lo que se construyó e influye también el factor de novedad que rompe un poco el esquema tradicional de cualquier político. Vos comparás  mi perfil con el de cualquier otro y es notoria la diferencia, hay como una estrategia que no es la de la gran mayoría y eso tiene que ver, por ejemplo, con que yo manejo mis redes y una cuestión generacional sobre todo.

En los últimos días, desde la cuenta @peronista0gorila se hizo una votación en la que salió que sos peronista. Pero, ¿vos te considerás peronista?

No tajantemente, o sea, primero que nada porque me da que a esta altura de la historia tenerla a Cristina y no darle nombre a ella es un poco injusto. A mi siempre cuando me preguntan digo que soy Cristinista, ni siquiera Kirchner. En un sentido de reivindicación histórica contemporánea me parece más interesante ese fenómeno o me siento más cercana a ese proceso. Si bien entiendo perfectamente la mística peronista, la dinámica que le otorga a la política argentina desde siempre y la capacidad de impregnarse de una determinada manera en una sociedad entera, que es muy interesante. Pero bueno, creo que hay que poder pensar en la superación de esas identidades, a pesar de darle el reconocimiento y el lugar que tienen para fundar esas nuevas identidades incluso.

Foto: Catalina Distefano

¿Cuál fue el último libro que leiste?

Economía femini(s)ta, Mercedes D’Alessandro

Si tuvieses que nombrar 3 referentes, ¿quiénes serían?

Juan Grabois, Álvaro García Linera y Lula Da Silva

¿Y 3 referentas?

Cristina Fernández de Kirchner, Eva Duarte de Perón y Natalia Zaracho

¿Te considerás influencer?

Y sí -risas-. Te das cuenta en el contraste con otras generaciones que hay cosas que están en un chip y no en otro, eso lo percibo.

Te teñís mucho el pelo…

Arrepentida total. Me hice verga, lo odio. Me acababa de hacer un botox capilar antes de teñirme de rubia la última vez y dije «increíble, esto está re suave», hasta que un día soñé que era rubia y fue un «listo, me tiño», y me cagué el pelo para siempre.

Foto: Catalina Distefano

¿Cómo es un día en la vida de Ofe?

Son muy cansadores todos los días. Es despertarme a las 8 o 9 de la mañana -muy temprano para mi parámetro- y es una cosa tras otra, una cosa tras otra y me olvido de comer o cosas por el estilo, así que un día en mi vida es un día bastante enajenado. Pero siempre algo me llevo al hacer tantas cosas y escuchar a tanta gente. Lo que recomiendo a las personas ansiosas y que hacen muchas cosas es que se den un tiempo para sistematizarlo porque sino se pierde, yo eso no lo hago mucho y ahora estoy intentando armarme un esquema.

¿Qué rescatas de estos casi tres meses como legisladora?

Para mi es muy nueva la posibilidad de no sólo caracterizar lo que pasa, qué esta mal y qué está bien, sino con eso que está mal cómo carajo se transforma. Estos dos meses estudié mucho con qué herramientas y mecanismos se implementa una alternativa a esas cosas que se denuncian, y de repente ves que es un trazado muy fino en el que cada detalle es relevante por estar todo el tiempo relacionando a qué interés estás defendiendo y con cuál estás confrontando.