Presupuesto 2020

Desde la política fiscal y por un presupuesto hacia la igualdad

Si bien en la apertura de sesiones Alberto Fernández dejó sentada su posición sobre ciertos temas, aún continua la incertidumbre respecto al presupuesto 2020. Redistribución de impuestos, reasignación de recursos y estrategias para paliar las desigualdades sociales serán necesarias de cara a una recuperación económica.

En el discurso del último domingo Alberto Fernández sentó posición sobre muchos de los temas a tratar en los primeros meses del año. Sin embargo, también dejó algunos interrogantes respecto al presupuesto 2020 que se presentará entre abril y mayo. En este sentido, la política fiscal resulta fundamental para redistribuir riquezas y capitales intelectuales, culturales y económicos.

La política fiscal: entre el IVA y Ganancias

El Estado, vía la Administración Nacional, efectúa gastos, o mejor dicho, inversiones. Si fuese una torta, la porción más grande serían las jubilaciones, transferencias monetarias, pensiones (prestaciones sociales), transferencias a otras áreas del sector público y privado y el pago de los intereses de la deuda pública contraída en otros períodos.

Por la otra parte un Estado puede obtener dinero de la toma de deuda con sectores privados o el BCRA, de las retenciones a las exportaciones y de los impuestos. La política fiscal, en este sentido, fija objetivos de obtención de ingresos públicos, estabilidad económica y redistribución desde la inversión pública.

¿Entonces por qué América Latina hoy en día es la región más desigual del mundo según la Comisión Económica de América Latina y el Caribe (CEPAL)? Esta organización explica que la política fiscal no está contribuyendo a reducir las desigualdades (pre)existentes de los países latinoamericanos. El motivo se debe a la “composición y la cuantía de los ingresos fiscales”. Por ejemplo, la carga tributaria en la mayoría de los países europeos es del 38,5% mientras que ese número desciende al 19,8% en América (datos del 2010 al 2015 de la CEPAL). Ello puede explicarse por nuestra fuerte cultura que demoniza la cuestión tributaria y tiende a evitar su práctica pese a que ella tenga ventajas, como por ejemplo la poca volatilidad respecto a precios internacionales.

También es importante analizar “lo redistributivo”, es decir la capacidad del Estado y cómo aplica las políticas tributarias. De aquí se observan dos problemas: el primero está relacionado a lo que en Argentina se denomina “impuesto a las Ganancias”. En promedio, los países de América tienen un impuesto a la riqueza del 1,4% a diferencia de países de la Unión Europea donde el porcentual llega a ser del 10%. El segundo, relacionado a los impuestos sobre el patrimonio. Según datos del informe de la CEPAL “el peso de la recaudación tributaria proveniente de impuestos sobre el patrimonio en el periodo 1990-2014 fue para América Latina, en promedio, del 0,8% respecto al PIB”, la mitad que lo que fue en países de la Unión Europea o de la OCDE.

Un lectura feminista del presupuesto

Una mirada transversal y feminista respecto a los impuestos y a la cuestión tributaria fiscal da lugar a preguntarse por los productos de higiene menstrual gravados por el IVA y el refuerzo “al rol cuidador de las mujeres” de algunos programas sociales.

Respecto a los productos de gestión menstrual también gravados por el IVA es importante resaltar que, incluso con una brecha salarial del 27%, toallitas y tamponen pueden llegar a representar hasta un 10% de los ingresos de una mujer, según datos de @EcoFeminita. Por otro lado el Banco Mundial asegura que alrededor del mundo la falta de acceso a los productos de gestión menstrual, genera ausentismo escolar y laboral (se calcula que se pierden entre el 10%-20% de días de clase). Otra cuestión que mencionar respecto del IVA es que, si bien en la jerga económica se lo considera un impuesto “regresivo” -es decir  que a medida que aumentan los ingresos, se disminuye el total a pagar- en Argentina, las personas con menores ingresos destinan mayor parte de este al pago del IVA. Esto es debido a que, al ser proporcional, el peso fiscal es mayor en los sectores de ingresos más bajos. A su vez, las personas con mayores ingresos tienen más capacidad ahorrativa, montos que quedan exentos del IVA.

El segundo problema que se menciono es el de ciertos programas que generan una figura de “beneficiaria” respecto a las mujeres y vuelven a reforzar el rol de cuidadora. Por el ejemplo, si bien la Asignación Universal por Hijo mejora las condiciones materiales de vida y en cierto punto favorece a una independencia económica, está atada a condiciones del cuidado. En palabras de Corina Enquirez Rodriguez: “genial que las mujeres reciban una transferencia -discutamos incluso si eso es o no una remuneración a su trabajo no remunerado- pero distribuyamos ese trabajo, no lo hagamos como un mecanismo que refuerce su rol cuidador.” También es importante señalar que, mientras que en un país donde 1 de cada 2 menores de 14 años vive en condiciones y situaciones de pobreza, la AUH llega a cubrir el 77% de la Canasta Básica Alimentaria, que a su vez establece montos insuficientes para el pleno desarrollo de las actividades de las infancias.

Pensar la economía como un todo demanda un análisis con perspectiva de género, un abordaje respecto al y los presupuestos (Nación, Provinciales y Municipales), la política fiscal y la cuestión. En un contexto donde el 40% de la población vive sin cloacas, más del 15% no cuenta con acceso al agua potable y el 70% de las personas pobres son mujeres es necesario desarrollar políticas sociales que atiendan las necesidades puntuales desde una mejor y más transparente asignación de los recursos, entendiendo que las desigualdades sociales, económicas, culturales y ambientales impactan de distinta manera según identidad de género, distribución geográfica y rango etario. Hay que pensar al presupuesto desde los feminismos, entendiendo especificidades territoriales de cada población y/o colectivo para poder construir una sociedad como la que tanto reivindicamos.