Festival "Vamos las Pibas"

Historietas feministas: el under del under

El sábado 7 se realizará la sexta edición de "Vamos las Pibas", un evento de arte gráfico creado sólo por mujeres y disidencias. La cita es en el bar Feliza y se espera repetir la amplia convocatoria del año pasado que llegó a mil personas.

Este fin de semana se realizará la sexta edición del festival ¡Vamos las Pibas!, el punto de reunión más importante de producciones del arte gráfico argentino hechas por mujeres y disidencias. Historietas, ilustraciones, pósters, stickers y remeras inundan el bar gay Feliza a la espera de repetir las casi mil personas que concurrieron a la quinta edición.

Agustina Casot es la gestora cultural y creadora del evento. Oriunda de General Rodríguez, al oeste de la provincia de Buenos Aires, es la autora de historietas como “Diverses”, “Chongas”, “Brujas ¡Y pantuflas!”. “¡Vamos las Pibas! nace como una idea premeditada e impulsiva al mismo tiempo”, explica Agus. Ante la existencia de grupos como Carnes Tolendas, sabiendo que se hacían eventos en otros países y frente a la ausencia de estas experiencias en el país, armó una fan page de Facebook y explicó de qué se trataba. “¡Vamos las Pibas! tiene un listado de identidades invitadas a participar, así como a aquellas identidades que no. Tiene, además, un manifiesto con sus objetivos y sus ideales. No importa si sos alguien reconocide o alguien que recién arranca, todes son iguales y la autogestión es el foco al que se apunta”. Estos ideales no son recurrentes en el mundo de la historieta argentina, siendo compartidos sólo por algunos pocos eventos como la Feria Dibujadxs.

Entonces surgió el primer punto a resolver: ¿Dónde hacerlo? “Nunca recibí personalmente discriminación en otros festivales, pero sí se conoce la opinión de sus organizadores. Si se parte de que una historieta hecha por mujeres es una moda, es esperable que muchas identidades no cuenten con espacios como ¡Vamos las Pibas!, porque esa producción ni siquiera es reconocida por el grueso del ambiente”. Por estas cosas, desde el inicio la seguridad para les artistas fue uno de los puntos en los que más se trabajó. Si en ¡Vamos las Pibas! hay discriminación, la persona se va. En este contexto, aparece Feliza. “Supe que estaba por inaugurar, porque conozco a quienes trabajan ahí, y les pedí una fecha”, cuenta Agus. “Significó encontrar un espacio donde cada elemento está en sincronía. Ante el más mínimo problema, hay un acompañamiento instantáneo para resolverlo”. La búsqueda de espacios cuidados ya estaba resuelta.

La aparición del festival tuvo un resultado instantáneo, fruto de las condiciones del mundillo. “Hacerlo significó que muchas personas logremos mostrar nuestro trabajo sin necesidad de ser validades por ningún chabón ni otra persona del medio”. Y esto se expresó rápidamente en la concurrencia porque, como nos cuenta Casot, “muchas personas pudieron consumir aquello que buscaban, muchas personas conocieron cosas que no conocían y muchas personas comenzaron a producir aquello que faltaba”. ¡Vamos las Pibas! generó un espacio de contacto entre el público y las autoras, lo que abrió miles de posibilidades. “Esa gente no estaba representada en otros festivales y ¡Vamos las Pibas! viene a suplir esa necesidad. Somos el under del under de la historieta”.

El festival, de la mano de su gestora, transformó el rechazo de gran parte del ámbito en virtud. “Mucha gente sigue reacia a ¡Vamos las Pibas! y eso permitió que el evento se abra más allá del mundillo, que encuentre su público rompiendo esas barreras”. A partir de ahí, Casot construyó. “Aquello en lo que el circuito de autores y editoriales avanza muy a paso lento y no responde a la demanda, ¡Vamos las Pibas! pudo responder. Se pudo correr del prejuicio de miles de autores y pocas autoras, porque cada edición muestra que existen decenas de autoras produciendo y que es la industria la que elige no poner el ojo ahí”.

En cada edición se comercializa una publicación dedicada completamente a historietas hechas por autorxs participantes del festival. Esta vez cambia su nombre a “VLP”. Agustina nos explica la transformación: “¡Vamos las Pibas!, si bien su nombre es con “A”, no es un festival para mujeres. Participan mujeres, pero junto a lesbianas, no binaries y otras identidades disidentes”. Si bien la mayor parte de les autores se identifican con el pronombre femenino, existen otras identidades invitadas a participar del evento. “Cambiar el nombre del festival era muy engorroso y sería una puerta para que varones cis quieran ocupar el espacio más allá de su rol de público general, entonces modificamos el nombre de la revista para que todes sean bienvenides a ser parte de ese fanzine”.

El festival evolucionó y es hoy uno de los más convocantes de la Ciudad de Buenos Aires. Como explica Agus, «el público no viene a ver a tal o cual artista, sino la producción de historietas con contenido LGBT, que es lo que me interesa mostrar”. ¡Vamos las Pibas! puso sobre la mesa que el circuito ignora aquello que funciona, “está pasando, es el festival donde las pibas más venden y, por ende, donde el público más compra”. Derriba el prejuicio y concluye: “Esto no es una moda”.