Entrevista a Gustavo Zbuczynski, presidente de ARDA

«La mayoría de los problemas no tienen que ver con las drogas, sino con los mitos asociados a las drogas»

Encierro, ritmo y sustancia: Gustavo Zbuczynski, presidente de la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina (ARDA), reflexiona en diálogo con El Grito del Sur sobre consumos problemáticos en plena cuarentena. "La prédica del abstencionismo planteó la cuestión del encierro, y no solamente para los adictos sino para todos los usuarios", dice.

Gustavo Zbuczynski es psicólogo, presidente de la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina (ARDA) y trabaja desde hace más de 15 años en el Centro Carlos Gardel de Asistencia en Adicciones.  En un contexto de aislamiento, donde aumentan los consumos de alcohol y sustancias, El Grito del Sur lo consultó sobre consumos problemáticos, reducción de daños y terapias de encierro.

—Hace poco sacaron en las redes de ARDA un manual de reducción de daños. ¿Cómo surge esta iniciativa?

—No es una práctica nueva. Ya en el año 2000 sacamos el primer manual sobre reducción de daños en Argentina. Ahora cambiaron las formas, lo reconvertimos al formato de las redes pero la tarea sigue siendo generar recomendaciones y formas de cuidados y reducción de daños.

—¿Qué sucede con la cuarentena, el encierro y las personas con consumos problemáticos?

—Muchos de nosotros trabajamos junto a personas con adicciones y estas recomendaciones nacen porque fuimos recabando información sobre qué estaba pasando. Algunas de las situaciones que se desprenden de la situación de encierro nos las que imaginábamos y es claro que agrava todos estos problemas. Hay distintas experiencias, pero los daños ligados a la ilegalización de la sustancia se agravan con la presencia de las fuerzas de seguridad en la calle todos los días. Además, la mayoría de los usuarios consume generalmente fuera de casa y hoy los tenés a todos consumiendo adentro.

—¿Qué pasa con el consumo en los sectores populares?

—Todo lo que es un problema en sectores altos y medios se agrava cuando pasa a los sectores populares. Desde la calidad de las sustancias a las que se puede acceder hasta la circulación por la calle o la portación de cara que las fuerzas de seguridad continúan haciendo. No es lo mismo una cuarentena para el usuario de Recoleta en un semi-piso que para un pibe en un barrio vulnerable.

—¿Existe una utilidad terapéutica en las terapias de encierro?

—En esta situación, donde todo el mundo está pasando por la experiencia del encierro, una de las cosas que planteábamos es que ahora se entiende lo que implica obligar a la gente a un encierro forzoso y por un tema de consumo. Nosotros surgimos en oposición a todo lo que tenga que ver con el dispositivo de encierro, que es la respuesta del abstencionismo desde el ámbito sociosanitario a a las cuestiones que tienen que ver con los tratamientos de drogas. Desde el surgimiento del Centro Gardel o el Centro Agudo Ávila en Rosario, venimos discutiendo que se imponga la necesidad del encierro para este tipo de cuestiones. Hay una utilidad de la internación para una muy pequeña cantidad de casos y, en todo caso, las internaciones deberían ser por cuestiones de índole psicopatológica o en casos que revistan riesgo. Nosotros fuimos pioneros en defender la Ley Nacional de Salud Mental. En el año 2001 teníamos una Ley de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires y ya preveía que la internación era el último de los dispositivos terapéuticos, sólo cuando hubieran fracasado todos los anteriores. Con lo cual el encierro debería ser algo extremadamente restrictivo. El tema es que la prédica del abstencionismo planteó la cuestión del encierro, y no solamente para los adictos sino para todos los usuarios. Había un gran negocio atrás, favorecido en la época del menemismo y que se asentó en adelante.

—El discurso de la guerra contras las drogas también habilitó la militarización de barrios populares.

—Siempre que se intenta resolver cuestiones sociosanitarias a través del uso de la fuerza terminamos en estas cuestiones. Esto ha pasado no solamente con las drogas, la historia de la salud mental tiene un largo recorrido en esto. Ya en un prólogo a una publicación de ARDA, Eugenio Zaffaroni hablaba de la emergencia penal contra las drogas, que antes fue contra las brujas, antes contra las mujeres y con el paso del tiempo fueron cambiando los grupos. Cuando se detecta una emergencia penal se da rienda suelta a la excepción y al quehacer de las fuerzas de seguridad.

«Es una falacia que el encierro pueda ser un componente para el bienestar subjetivo»

—¿Qué recomendaciones darías para una persona q convive junto a alguien con consumos problemáticos?

—Hay gente que incluso se entera en estas circunstancias. Quienes consumían afuera de la casa y ahora consumen adentro, viven con otras personas que podían saber o no de ese consumo. No todos los consumos son iguales. Si hay una recomendación general para dar (aunque es difícil porque no sabemos la relación de esa persona con la sustancia) es que la vía del juzgamiento es lo primero que hay que dejar de lado: no juzgar al otro por lo que hace. La mayoría de los problemas que tienen que ver con la convivencia no son problemas vinculados a las drogas, sino a los mitos asociados a las drogas. El problema de una esposa, una madre o un marido se plantea en términos de «Mirá lo que me estás haciendo». Pero las personas consumen independientemente de lo que le puedan hacer al otro. Lo erróneo no es el consumo de drogas sino la interpretación que hace el otro de ese consumo, más aún cuando el otro supone que se lo hace a él. Yo he escuchado gente que dice: «Prefiero que mi hijo esté muerto antes que consuma drogas». Esto tiene que ver con toda la carga emotiva que le ha puesto el abstencionismo a la cuestión de las drogas: nos dicen que todo consumo es una adicción, que toda adicción es un hecho delictivo, y terminás siendo adicto, vicioso, delincuente y un montón de cargas que no tienen que ver con el consumo como tal.

—¿Qué recomendación le harías a la juventud que hace un uso recreativo en cuarentena?

—El uso recreativo puede ser muy distinto según las personas, los usos, las sustancias. En general, se tiende a pensar en un uso recreativo de la marihuana, pero es un error porque no es la única sustancia que se utiliza. En estas circunstancias las drogas de diseño no se están usando tanto porque requieren un contexto distinto. Sin embargo, en tantos años de asistencia, no conozco gente que haya desarrollado adicción a drogas de diseño. Es un uso recreativo en fiestas. De todas formas, no esta bueno sacar esas sustancias de diseño de su contexto original. En relación al cannabis, hay recomendaciones en cuanto al stock, porque si nos dicen que no salgamos a la calle, una buena idea puede ser stockearse. Ahora, mucho cuidado con esto, porque si me agarran con 5 gramos o con 20 gramos la causa judicial puede llegar a variar. Tenemos que tener extremado cuidado, sobre todo en un marco de tanto control de las fuerzas de seguridad. Por último, la recomendación por la ausencia de la sustancia. En Argentina se dio un fenómeno en 2001 que, ante la crisis económica, empezó a escasear la cocaína. Entonces la oferta fue de paco y muchos usuarios de cocaína terminaron consumiendo pasta base, enganchados con sustancias de mucho peor calidad. Cuidado que la ausencia de la sustancia no te lleve a consumir algo de peor calidad.