Polémica por las prisiones domiciliarias

Feminismo y cárceles ¿En nombre de quién se habla?

La decisión de otorgar la prisión domiciliaria a personas privadas de la libertad desató la rabia de la derecha. Los cacerolazos estallaron y muchos dijeron que el feminismo había muerto al avalar la liberación de violadores y femicidas. Una vez más el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans volvió a decir 'en nuestro nombre no'.

En su libro “Marcos de Guerra. Las vidas lloradas”, la teórica estadounidense Judith Butler explica cómo se puede lograr que ciertas vidas sean dignas de ser lloradas y otras no. Esto, en rasgos generales, significa que a partir de factores sociales -entre ellos los medios de comunicación- se integra al inconsciente social que la pérdida de algunas vidas nos deben conmover y resulta necesario duelarlas, mientras que con otras -leídas como inferiores o amenazas para nuestra integridad- es legítimo aplicar la violencia y sus muertes no implican dolor ni duelo. “(…) Puesto que aquellas vidas no se ‘consideran’ susceptibles de ser lloradas y, por ende, de ser valiosas, están hechas para soportar la carga del hambre, del infraempleo, la desemancipación jurídica y de la exposición diferencial a la violencia y la muerte(…)”, manifiesta. En Argentina, durante la pandemia que nos azota actualmente, quedó muy en claro cuáles son las vidas que merecen ser lloradas y cuáles no: las de los pobres no, las de los presos tampoco.

Fotos: Atrapamuros

Desde que se propuso -en base a recomendaciones de organismos internacionales- que se otorgue el beneficio de la prisión domiciliaria a ciertas personas privadas de su libertad, gran parte de la sociedad soltó su rabia punitivista. A través de declaraciones malintencionadas se habló de una liberación masiva de presos, aunque esto fue desmentido tanto por el Presidente como por la Ministra de Seguridad. Además, en nombre del feminismo se dijo de que cientos de femicidas y violadores podrían recobrar su libertad. Los cacerolazos no tardaron en llegar y las cucharas golpearon contra las ollas tan difíciles de llenar en los barrios populares, donde miles de personas hacen malabares para atravesar la cuarentena.

Stephanie Darling es referenta de la agrupación “Atrapamuros”, que trabaja con personas privadas de la libertad. Ella entiende que, en un momento tan complejo para la militancia territorial, derribar “fake news” resulta fundamental. “Se perdió la visión de que los presos y las presas son personas. A los presos se les restringe sólo la libertad ambulatoria, no dejan de ser sujetos portadores de derechos. Las cárceles, desde antes de la aparición de la COVID, son lugares de hacinamiento donde no hay condiciones de sanidad, por eso son focos de contagios súper graves. Desde Atrapamuros aceptamos la estrategia de dar prisiones domiciliarias para las personas que no hayan cometido delitos graves, ya que es una forma de reducir las posibilidades de propagación del virus. ¿Qué pasaría si todos los presos se enferman? En ese caso, el sistema de salud se colapsaría”.

Las medidas tomadas surgen de recomendaciones de organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Organización Mundial de la Salud. Además, según el relevamiento de Atrapamuros, la inmensa mayoría de los presos (46%) tienen conducta ejemplar dentro de las cárceles, 18% muy buena, 16% buena y 4% regular. También remarcan que sólo saldrán bajo prisión domiciliaria quienes no hayan cometido delitos violentos y que una de las mayores causas de sobrepoblación en las cárceles se basa en que el 48% por ciento de los detenidos están procesados y no condenados.

“Los cacerolazos demuestran una suerte de neofacismo que se reaviva contra los gobiernos populares y no podemos dejar de pensar que son los medios los que fogonean este tipo de intervenciones. Nada tienen de espontáneas, tienen otros intereses de fondo. Se dice que Alberto Fernández quiere liberar a los presos cuando es el sistema judicial el que debe decidir esto. En verdad es una forma más del odio de clase”, aclara.

Fotos: Atrapamuros

Carina es integrante de Red de Mujeres Moreno y acompaña a los familiares de personas privadas de su libertad. Al respecto, explica: “Los pibes ponen el cuerpo pero los familiares también sufren. Desde afuera no saben con quién comunicarse, cómo conseguir los permisos, ni cómo abordar estas situaciones. En los barrios no hay acceso a la información, a la comunicación ni a la tecnología”, asegura. Además aclara que el virus fue contagiado por los guardias de seguridad o quienes tienen circulación fuera de las cárceles. “Los presos intentan higienizarse como pueden, pero llegan 5 jabones en pan para un pabellón de 36 personas. En algunos penales hay mujeres con hijos totalmente expuestas al peligro, también mujeres mayores de 60 años que en algunos casos tienen VIH, diabetes o hipertensión. Las están dejando morir”.

La (supuesta) muerte del feminismo y su reencarnación

Ni bien pudo, la derecha misógina y patriarcal acusó al feminismo de permitir que se “liberen” femicidas y violadores. “El feminismo ha muerto”, clamaron sin molestarles que las mujeres sean las más perjudicadas por el desempleo. En primera instancia, resulta fundamental distinguir que los feminismos se conforman por diferentes vertientes con distintas posiciones. Pero, más allá de eso, los datos demuestran que lo que denuncia la derecha es falso. En su nota “Coronavirus y fake news”, Irina Hauser explica que desde el SPB informaron que entre el 17 de marzo y 17 de abril del 2019 se liberaron 44 acusados de delitos contra la integridad sexual; mientras que en el mismo período del 2020 este número se redujo a 38. Las domiciliarias vinculadas a dichos delitos durante la pandemia son más de 30. Sin embargo, resulta fundamental pensar por qué la estructura judicial accede a este tipo de permisos.

Por su parte, Atrapamuros relevó que la inmensa mayoría de las personas privadas de su libertad cometió delitos por supervivencia y los responsables de delitos sexuales serían un 11,3%.

Fotos: Atrapamuros

“Nosotras venimos diciendo que los jueces son patriarcales. No queremos que se liberen ni violadores ni femicidas, nosotras acompañamos a los pibes comunes que recibieron condenas leves, presos por robo de una moto o de una cartera, encerrados sin acceder a una conmutación de pena. A los que no están liberando es a los pibes que entran dentro de grupos de riesgo y tienen condenas leves. Desde el barrio conocemos los abusos de poder y no estamos a favor de las cárceles ni de las leyes punitivistas que criminalizan la pobreza, mientras los ricos siguen impunes. Ellos son los saqueadores de este país, los que nunca van a llegar a la cárcel», dice Carina.

“Las feministas estamos acompañándonos en tiempos donde el machismo recrudece, pero es una decisión de los jueces a quién se libera y a quién no. A lo sumo deberíamos pensar si los jueces tienen o no perspectiva de género y porque no llega al poder judicial la Ley Micaela. Se le carga al feminismo de una responsabilidad que no es nuestra”, concluye Stephanie.

Fotos: Atrapamuros