No Tan Distintas y la militancia en tiempos de COVID

“Nuestra organización es un devenir constante»

La organización No Tan Distintas acompaña desde hace 12 años a mujeres y disidencias que estuvieron en situación de calle o en riesgo de estarlo. Sin embargo, el aislamiento social les obliga a generar nuevas estrategias de contención contra la crueldad de la calle.

La pandemia no se trata solamente -como si fuera poco- de un virus que se expandió dejando miles y miles de muertes alrededor del mundo. La pandemia es también una radiografía que pone de relieve las desigualdades de género, de clase, de raza y la xenofobia. Así, la COVID cristalizó que algunas personas se consideran más dignas de cuidados que otras y que en la sociedad argentina las desigualdades no son solo económicas y laborales sino también sociales. Sin embargo, también dejó a la vista que las redes de solidaridad y contención que generan los feminismos hace años son herramientas fundamentales para la supervivencia. No Tan Distintas es un gran ejemplo de esto, acompañando desde hace 12 años a mujeres y disidencias que estuvieron en situación de calle o en riesgo de estarlo.

El proyecto comenzó en el año 2008 como un grupo mixto de activistas, pero en 2011 se decidió que estuviera formado solamente por mujeres, lesbianas, travestis y trans, dado que, de una forma u otra, los varones cis colonalizaban los espacios de decisión. En el año 2015 el grupo comenzó a gestionar el Frida, único centro de integración para mujeres y disidencias abierto las 24 horas. Sin embargo, en 2018 las No Tan Distintas (NTD) decidieron dejar ese espacio para que lo siguieran manejando las propias integrantes del centro. A partir de allí la organización tomó diferentes formatos, reinventándose: apareció el TUM (Taller de Usos Múltiples) para realizar talleres recreativos, hacer acompañamientos personalizados y formar un alquiler colectivo en Merlo, provincia de Buenos Aires, que llamaron Casa Leonor.

“Nuestra organización es un devenir constante, nuestra tarea y nuestro modo de acompañar se va transformando mientras van cambiando las problemáticas sociales y los gobiernos”, cuenta Florencia Montes Paz, integrante de NTD. “Buscamos ampliar derechos y construir experiencias comunitarias feministas, acompañamos a mujeres y disidencias que estuvieron en situación de calle o a punto de estarlo, a personas en situaciones de vulnerabilidad, en alquileres, centros de salud mental o bajo violencias de las que no pueden escapar por carecer de autonomía económica”, explica.

Fotos: Catalina Distefano

El distanciamiento social, preventivo y obligatorio afectó directamente a las mujeres, lesbianas, travestis y trans que forman parte de la organización. El pasado 2 de mayo, este medio fue el primero en confirmar que había dos casos de COVID-19 de personas en situación de calle y que desde las organizaciones sociales se estaba exigiendo un protocolo especial para controlar dicha situación.

Estefania Galeano es parte del TUM, allí desayunaba, almorzaba y merendaba, además tenía garantizada la carga de la SUBE. “A mi me cambió la vida el TUM, yo no tenía adónde ir ni sabía cómo seguir. Las chicas me ayudaron a hacer un curriculum, a repartirlo. Ojalá cuando termine la cuarentena pueda volver a ese espacio porque lo aprecio mucho, es un lugar de contención que extraño y necesito”, cuenta y agrega que aún no sabe si le asignaron o no el subsidio de ANSES.  Marcela Civello también forma parte del TUM, ella explica que el aislamiento cambió totalmente su situación. “Esto de la pandemia y del aislamiento me jugó muy en contra. Gracias a No Tan Distintas yo pude salir de la calle y encontré un lugar donde vivir porque en el espacio me ayudaron mucho. Ahora a veces me cuesta poder cargar el celular para comunicarme con mis compas del grupo por Whatsapp”, dice.

En 2019, el último censo de personas en situación de calle realizado por las organizaciones sociales dio un total de 7.251 personas, mientras que el del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta -el mismo que deja abandonados a los habitantes de las villas durante la cuarentena- contabilizó solo 1146.

Fotos: Catalina Distefano

Como explicaron las integrantes de No Tan Distintas en una entrevista anterior con El Grito del Sur, los motivos por los cuales mujeres y personas trans quedan en la calle son distintos a los de los varones. En general, las mujeres están implicadas en casos de violencia intrafamiliar o abusos y las personas trans son expulsadas de sus casas al momento de transicionar. En la calle las violencias se agudizan porque, al ser en el espacio público, más actores se suman al ejercicio de la violencia. “No es solo que tu pareja te cague a palos, sino que si viene un policía te boludea porque sos mujer. Además, si la persona está en situación de consumo y muy dependiente de una sustancia se expone a manipulaciones sexuales para conseguir más”, explicó Montes Paz en dicha ocasión.

Karina vive en Casa Leonor, el alquiler colectivo que generaron desde No Tan Distintas en 2018. El año pasado publicó el libro de poemas “Me quedé en Karina”, donde narra sus experiencias en situación de calle. Ahora comparte la casa con sus compañeres, donde comenzaron una huerta a fin de autoabastecerse y con planes de poder vender. “Estoy pasando la cuarentena con mucha angustia, me dedico a la huerta y trato de tener una buena relación con les demás porque cuando hay mucho encierro los ánimos se alteran. Trato de llevarlo lo mejor posible para no caer en una paranoia”.

“Casa Leonor es una experiencia de casa colectiva que ya tiene casi dos años, era algo que veníamos pensando desde hace un tiempo con la idea de generar un espacio comunitario fuera de lo institucional. En las casas colectivas se reproduce muy bien el modelo de la red afectiva que es No Tan Distintas. Es un espacio que genera cambios a nivel más molecular, que le permite a las mujeres y disidencias que estuvieron en situación de calle apropiarse de la dimensión material de tener techo”, explica Montes Paz.

Los acompañamientos que realizaba la organización también cambiaron y se vieron casi imposibilitados. Éstos, que pueden ser legales, sociales, de salud o simplemente afectivos, se limitaron a los estrictamente necesarios, lo cual expone a que muchas mujeres y personas trans no sepan dónde pasar la noche o tengan complicaciones para hacer los trámites que les permiten acceder a algún subsidio. Las activistas explican que los acompañamientos sirven para atravesar distintos momentos de la vida acompañades luego de la soledad que supone la calle. Allí, a la situación específica que hay que resolver, se le suma la dimensión afectiva feminista que tiene que ver con habilitar la escucha sin dejar de estar presentes. Ahora los encuentros virtuales son la única herramienta de encuentro posible, pero no dejan de ser la estructura que sostiene los lazos afectivos creados durante años. “Seguimos estando en contacto y nos organizamos para gestionar recursos y brindar información. Mientras estamos pensando cómo va a ser nuestro espacio a futuro, armamos un newsletter para difundir nuestras actividades y empezamos a subir los diferentes talleres a la web con el fin de que todas las compañeras puedan acceder”, finaliza Paula, otra de las activistas.