Mi cara, mi ropa y mi barrio no son delito

El abuso de las fuerzas de seguridad es una de las formas en las que se expresa y ejerce la violencia institucional, vulnerando los derechos de todos pero, en particular, las de los grupos más excluidos.

El jueves 21 de abril por la noche, un nuevo caso de violencia institucional ocurrió en Villa 21.24, esta vez consecuencia de la militarización de los barrios impulsada por la Ministra de Seguridad. Entre gritos y golpes, Eugenia Nogueira – que trabajaba en dos talleres como docente, en la Casa de la Cultura de Barracas – fue obligada a desvestirse por los oficiales, a la vista de todos los presentes y a metros de su lugar de trabajo, tras actuar en defensa de chicos que fueron amenazados y agredidos por el personal policial.

Tras un episodio que concluyó en un enfrentamiento entre las oficiales y los chicos del barrio, Eugenia y su compañero Nahuel, que vieron la impunidad con la que el personal policial actuó frente a estos adolescentes, y al sentirse interpelados como militantes políticos, decidieron cuestionar esta conducta que terminó, para su desgracia, recayendo sobre ellos.

“A Eugenia la policía le decía que para qué venía a la Villa a defender a los villeros, que ella no vivía en el barrio; que los de la villa la iban a matar a puñaladas”. Asimismo, le hicieron saber que no solo sabían dónde trabajaban, sino también dónde militaban, quiénes eran e incluso qué medios de transporte utilizaban.

“Los chicos no pueden naturalizar ésto, pibes de 16 años que son hostigados en su barrio”, manifiesta Eugenia, que se quiebra y llora. El 17 de mayo se realizará un festival en Iriarte y Luna, “no pudimos hacerlo en el Casa de la Cultura porque el director del PRO a cargo declaró que no puede asegurar la continuidad en los puestos de trabajo”.

Por otro lado, El Grito del Sur habló con Matías Busso – abogado del colectivo FIDELA – que trabaja con causas de Violencia Institucional, como los casos de Kiki Lezcano y Cristian Blanco.

Matías nos comentó sobre las principales herramientas con las que contamos para actuar judicialmente en un caso de violencia institucional: “La justicia nacional tiene una tradición de ponderar el discurso de la autoridad, es decir, que entre la alternativa de escuchar las versiones de los casos entre las víctimas y las fuerzas de seguridad, existe una tendencia a optar por esta última. A esto se le suma que en muchos casos, por ejemplo los de gatillo fácil, las versiones de la policía suelen reforzarse con el discurso de los medios hegemónicos que instalan la idea de un enfrentamiento”, y agrega que “los casos se terminan resolviendo no gracias a la justicia nacional sino por haber llegado a la justicia internacional”.

Si bien la complicidad de los medios de comunicación, la policía y la justicia hicieron que por un tiempo prolongado los casos de violencia quedaran archivados sólo en la memoria de los familiares, hoy la organización y la fuerza militante de los vecinos de muchos barrios permitió la visibilización de esta problemática: “desde hace unos años, con la batalla de los 90 y con el aporte de organizaciones como Correpi y el Cels que se ocuparon del tema, se empezó a instalar esa idea de ponerle un nombre a la problemática de qué es Violencia Institucional y reconocer que no son abusos y excesos, sino prácticas sistemáticas: no es un policía que se zarpó y le pegó un tiro”.

Así, la violencia institucional se empezó a reconocer y a ganar lugar en el Estado, conmemorando el 8 de mayo como el Día Nacional de la lucha Contra la Violencia institucional, “Lo interesante tiene que ver con que el tema no sea tratado solo por expertos, investigadores o especialistas, sino que se le pueda dar voz a las personas que sufrieron eso y se transformaron en luchadores: las madres de los chicos asesinados. Ellas son las que llevan las causas y luchan para visibilizar el tema. Y viéndolas actuar se puede aprender un montón de cosas, de cómo acompañar, como sentir, como pensar, el sensibilizarte. Esas cosas no las aprendí con un abogado penalista, lo aprendí en su momento, al lado de la madre de Kiki Lezcano”.

Hoy estas madres ocupan el lugar que, en algún momento, conquistaron las Madres de Plaza de Mayo, enfrentando a la represión para encontrar la verdad sobre sus hijos.