Hebe de Bonafini

Que nadie se atreva

Los que defienden la democracia de elite, como sinónimo de república, de división de poderes, saben muy bien que la justicia es de todos, el poder más elitista y concentrado. El método de elección de jueces, en torno a acuerdos interpartidarios -donde el Partido Radical se encuentra notoriamente sobrerepresentado-, su potestad para tener la última palabra en los debates democráticos y ciudadanos – Ley de Medios, por tomar un ejemplo-, y la impunidad con la que se mueven los magistrados, es una muestra clara de que el poder judicial es necesariamente un espacio sobre el que los militantes populares debemos avanzar. Son los propios jueces los servicios de inteligencia que operan en política, inclinando la balanza y quitándose el velo que le tapa los ojos.

 

Los que defienden la democracia de elite, como sinónimo de república, de división de poderes, saben muy bien que la justicia es de todos, el poder más elitista y concentrado. El método de elección de jueces, en torno a acuerdos interpartidarios -donde el Partido Radical se encuentra notoriamente sobrerepresentado-, su potestad para tener la última palabra en los debates democráticos y ciudadanos – Ley de Medios, por tomar un ejemplo-, y la impunidad con la que se mueven los magistrados, es una muestra clara de que el poder judicial es necesariamente un espacio sobre el que los militantes populares debemos avanzar. Son los propios jueces los servicios de inteligencia que operan en política, inclinando la balanza y quitándose el velo que le tapa los ojos.

Ayer vinieron por Hebe. Antes trataron de ir por Cristina. El plan tiene como objetivo golpear las referencias, lo más alto del acumulado de este pueblo desde la dictadura a esta parte. El golpe no es solo político sino que, más doloroso aún, es una avanzada simbólica. Es escupir el pañuelo de la memoria, verdad y justicia, para que Aldo Rico marche en el Bicentenario, para que Obama nos visite un 24 de marzo o para que las esposas de los genocidas brinden con champaña en los palcos de la Sociedad Rural.

Golpean con el discurso de la corrupción, no sólo para deslegitimar su lucha – que es nuestra lucha, la lucha de todos-, o para volver a instalar la “teoría de los demonios”, que durante el kirchnerismo supimos sepultar. La corrupción es el arma de fuego que tiene la derecha (y la derecha pintada de rojo) para avanzar sobre la política como herramienta, para señalar nuestra arma de combate como la posesión exclusiva de una casta, de mafiosos y corruptos, en las que es mejor “no meterse” por que al fin y al cabo “son todos Lopez”.

Los que luchamos a diario por la democracia del pueblo demostramos ayer cómo son las cosas: a los referentes los cuidamos en las calles, contra la infantería o contra todos los que se vengan. Sólo la organización popular, con sus métodos creativos y su irreverencia, va a lograr frenar esta avanzada.

Pero como aprendimos que no podemos morir en la resistencia, debemos tener un claro plan ofensivo. La conquista de la justicia, la reforma del Consejo de la Magistratura y la elección de jueces por voto directo son algunas de las tacuaras que tenemos que sacar a relucir, afiladas a fuerza de democratización y lucha popular. Y cuando toquen a una madre, sabrán que están tocando a la madre de todos. Que nadie se atreva.