La cultura de la violación

¿Cuándo es abuso? ¿Cuándo lo certifica un juez con una pericia? ¿Es necesario un cuerpo muerto? Es abuso cada vez que una, como mujer, lo sienta así. La cultura de la violación surge como el resultado de una lógica patriarcal que lo auspicia, y permite que los hombres en mayor o menor medida sientan derecho sobre los cuerpos de las mujeres.

chat entre Martín Benítez y su novia abusada
Chat entre Martín Benítez y Giuliana Peralta

El 16 de marzo de 2014, Giuliana Peralta se despertó siendo penetrada por Alexis Zárate, amigo de su entonces pareja Martín Benítez, ambos jugadores del club Independiente. Horas después, Benítez y otros compañeros del equipo le pidieron que no haga la denuncia para no generar revuelo. Zárate recibió una condena de 6 años, pero permanece libre.

El 24 de septiembre de este año, Natalia Nutty dio testimonio en la revista “Rock and ball” sobre los abusos recibidos por Santiago Aysine, líder de la banda “Salta la Banca”, sumándose a la larga lista de denuncias de abusos por parte de músicos del underground, que divide aguas entre sus seguidores.

El 8 de octubre de 2016, Lucía Pérez fue violada y empalada por dos hombres mayores que ella, lo que causó su muerte. Hace pocas semanas una nueva autopsia sobre su cuerpo determinó,  que no se puede probar el abuso sexual asegurando que se trató de una muerte  por asfixia. La totalidad de las hipótesis sobre su muerte, según estableció el juez de la causa, se debatirán en el próximo juicio oral.

Aparte del eterno romance entre justicia y machismo, en estos tres casos, y en muchos otros, se repite una constante que atraviesa la trama de sucesos y normaliza el accionar patriarcal: la cultura de la violación.

La cultura de la violación excede aquellos casos donde se sucede un abuso sexual, tal y como lo reconoce la mayoría de la sociedad, ni siquiera es necesario que exista un sujeto inimputable, sino que es el resultado de una lógica patriarcal que la permite y auspicia Esto lo que permite que una parte de la sociedad sienta que tiene derecho sobre el cuerpos de otra mujeres.

La cultura de la violación anida en sitios privados y está respaldada en la lógica del silencio. Se nutre de cuestiones implícitas, de prácticas cotidianas, de atribuciones que se toman o se dan. Puede sucederse en una relación que en algún momento fue consensuada pero que, más antes o más después, termina anidando abusos de poder, acciones no consentidas, forcejeos físicos y presiones para que la otra persona acceda a realizar cosas que no quiere.

Muchas veces estos abusos son graduales y llegan a pasar desapercibidos tanto para el entorno como para las víctimas. ¿Quién podría negarse a tener sexo con su pareja estable? ¿Cuántas se accede a tener relaciones por insistencia? ¿Cuántas sintieron que tenían que acceder a ciertas prácticas aún cuando no las deseaban en el medio de una relación sexual? ¿Cuántas no quisieron continuar teniendo sexo pero no pararon por miedo a la reacción del otro?

En la cultura de la violación, estos sucesos pasan a ser historias comunes, anécdotas en las reuniones de amigas. La televisión reproduce el mensaje por el cual “la mujer dice que no cuando es sí” y la complicidad machista siempre encuentra argumentos nuevos para justificarla. Muy pocas veces se culpabiliza a la víctima de un robo, por más que ésta haya estado distraída, por más caro que haya sido el auto que maneja, por más peligrosa que haya sido la zona en la que sucedió el hecho. Sin embargo, ante un abuso sexual se genera un halo de duda donde muchos preguntan cómo y porqué la víctima vestía o actuaba de cual o tal manera, porque se drogaba, porque andaba distraída, donde se metía. Si aún cuesta pensarlo es porque la cultura de la violación involucra a todos y naturaliza las propias conductas, conquistando complicidades por acción o por omisión, si aún cuesta pensarlo es porque obligan a admitir que es muy fácil caer en la tentación de cuestionar y avalar lógicas machista, aunque se quiera alejarse de ellas.

chat entre Martín Benítez y su novia abusada
Chat entre Martín Benítez y Giuliana Peralta

 

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