Tercer Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans

8M: lo que no arde no desaparece

Foto: Catalina Distefano

El 8M les mujeres, lesbianas, travestis y trans nos juntamos a parar el mundo. Los machismos cotidianos no son las consignas principales, pero nos dificultan el avance hacia otra humanidad y hoy nuevamente los tiramos a la hoguera.

Una amiga me escribe que iba a salir con el chico que le gusta, pero ese día le vino.  Tiene ganas de verlo pero no sabe prudente o no advertirle. En su cabeza se repite la idea aprendida de que como mujer hay que devolver el cariño, tiempo o atención de un hombre con sexo. Sentirse en falta, en deuda. Sentirse en falta, en deuda y por eso ceder cuando el otro insiste.

Lo tiro a la hoguera

Fotos: Catalina Distefano

Una mujer dice que es estudiante de periodismo, que no se anima a mandar notas a la agencia de noticias de su facultad porque cree de antemano que se la van a rechazar. Pienso que muchas veces si a una mujer le rechazan una nota, piensa que es culpa suya, pero en el caso del varón cree que es la de los demás.

Lo tiro a la hoguera

Fotos: Catalina Distefano

Con una amiga venimos hablando de lo difícil que es no maternar a nuestros compañeros sexo afectivos. De que casi siempre nuestros pares varones -ya sean amigos, familiares, compañeros de trabajo- terminan encontrando en nosotras el lugar de descarga, el espacio de charla íntima que no se animan a fomentar entre ellos. Este rol en general no es parejo ni equitativo. Dos días después mi amiga me cuenta que acompañó a su compañero al aeropuerto, charlan sobre lo que significa el viaje para él, qué le pasa, qué lo moviliza. Al día siguiente, ella le escribe contando que la echeron del trabajo. ‘Uy que mal’, recibe de respuesta.

Lo tiro a la hoguera

Fotos: Catalina Distefano

En segundo año un profesor le pregunta a su alumna si se va a ir de vacaciones a la playa, ella contesta que no. El docente insiste en saber si la joven va a llevar malla. La joven repite que no. El profesor pregunta abiertamente a la clase si se imaginan a la alumna en corpiño. Durante el año el profesor hostiga a la joven, le pregunta por qué no se toma más el mismo colectivo. La mira y le pone una calificación mayor que sus compañeros en los trabajos prácticos grupales. Un tiempo después la alumna decide denunciar esto frente a las autoridades del colegio. El profesor dice que es mentira y que la joven fue influenciada por la comisión de géneros del centro de estudiantes.

Lo tiro a la hoguera

Fotos: Catalina Distefano

Estos no son, ni deberían ser, los reclamos principales del 8M. Por una cuestión de urgencias nuestras banderas llevan los nombres de las compañeras muertas cada 30 hs, de nuestras hermanas travestis y trans que tienen una esperanza de vida de 35 años y que en su mayoría no pueden parar porque no tienen un trabajo formal. Nuestras energías están puestas en visibilizar a las niñas que son obligadas a maternar, en denunciar las violaciones, las relaciones violentas, las infancias que sufren abusos sexuales. Nuestro ahínco pervive en la paciencia con la que año a año pedimos que las personas gestantes puedan decidir sobre su cuerpo mediante un aborto legal. Sabemos que con un ministerio de Salud inexistente, un presupuesto irónico en prevención de la violencia, una brecha de género persistente y una feminización de la pobreza que aumenta, hay jerarquías. Lo que enumero son sólo imágenes, raspaduras en la piel que hacen mella, posiciones que desgastan, maltratos a lo que nos adaptamos como a un zapato demasiado estrecho. Estos son gestos que se repiten y se enseñan, que se normalizan y forman un sentido común y un inconsciente social. Los micromachismos cotidianos son cargas que nos dificultan el avance hacia otra humanidad. La fogata es amplia y este 8M los tiramos a la hoguera, junto con muchas cosas más. Porque enojarse es político, porque la bronca es combustible y porque lo que no se nombra no existe, porque sin ponerlo en palabras no podemos quemarlo.

Y si no arde no desaparece.