RED de cine argentino

Un circuito alternativo y genuino se expande

A precios populares y con la presencia de sus directores y directoras, el ciclo RED de cine argentino se realiza desde el mes pasado con una gran respuesta del público. Juan Schnitman, miembro del Colectivo de Cineastas y uno de los impulsores de esta iniciativa, hace un balance y opina sobre los desafíos de la próxima etapa para el cine argentino.

La industria del cine en Argentina está sumida en una fuerte crisis. A lo largo de este año se vieron las peores tendencias monopólicas con películas extranjeras como Avenger Endgame, El Rey León y Toy Story 4, que evidencian una concentración del mercado sin precedentes. Frente a esta situación, el Colectivo de Cineastas -conformado por directores/as, productores/as, técnicos/as, estudiantes, periodistas y personas relacionadas al ámbito audiovisual- decidió armar un circuito alternativo para acercar las películas argentinas a sus destinatarios y brindarles la posibilidad de una mayor difusión. El ciclo RED de cine argentino se inició en septiembre y propone un recorrido por la pluralidad de nuestra producción cinematográfica a través de proyecciones semanales de películas estrenadas recientemente en los centros culturales Simona (Álvarez Thomas 661) y Zelaya (Zelaya 3134), ubicados en la Ciudad de Buenos Aires.

Las funciones son a precios populares ($50) y están siempre acompañadas por lxs realizadorxs, promoviendo el encuentro con el público. A lo largo de octubre se destaca una programación que incluye la exhibición de cuatro películas los sábados y domingos: La huella de tara (Georgina Barreiro, 71´), Rojo (Benjamín Naishtat, 109´), Atenas (César González, 76´) y Esa película que llevo conmigo (Lucía Ruiz, 84´).

En diálogo con El Grito del Sur, el director Juan Schnitman -uno de los impulsores de esta iniciativa- cuenta que «estos años han sido muy difíciles porque la producción se ha visto precarizada. Antes una película que se filmaba muy rápido lo hacía en cuatro semanas, pero hoy ese tiempo se ha convertido en el standard. Todo eso baja considerablemente la calidad de las películas que estamos haciendo y disminuye el trabajo de los técnicos y actores». Una de las características de este ciclo es la posibilidad de dar lugar a la charla, el intercambio y el encuentro bajo la profunda convicción de que la relación con el público es lo que le da sentido al cine. En esta línea, el integrante del Colectivo de Cineastas plantea que «las películas se completan en su contacto con el público y lo que le pasa a éste con lo que uno ha hecho. La gente quiere ver las películas del cine argentino, lo que pasa es que en muchas oportunidades se exhiben muy poco tiempo en el circuito comercial y no tienen chance. La mayoría de las películas están una o dos semanas en el Gaumont. Cuando se les da un poco más de difusión y tiempo, la gente se interesa genuinamente».

En referencia a los desafíos de la próxima etapa para el cine argentino, Schnitman señala que «una iniciativa de este tipo no puede suplantar el alcance del Instituto del Cine o del Ministerio de Cultura, que entendemos volverá a ser tal. En cuanto a la producción, el Colectivo de Cineastas tiene una serie de propuestas de fomento para hacer menos restrictivo lo que se llama audiencia media, que debería bajar sus requerimientos, y el INCAA debería poder respaldar aquellas películas que se le escapan y que terminan sorprendiendo mucho, como por ejemplo «El estudiante». Al INCAA no se le pueden escapar las películas buenas, tienen que ser apoyadas por el Estado. En cuanto a exhibición, hay algunas leyes que ya existen y no se cumplen: la cuota de pantalla por ejemplo. Hoy no hay ninguna fiscalización de lo que están haciendo las salas con las películas argentinas. Una de cada tres salas debería proyectar cine argentino todo el año y todo el tiempo».

La RED de cine argentino continuará en noviembre, aunque aún no está definida la programación.