El Grito del Sur en Chile

Victor Chanfreau: «Somos una generación sin miedo, que no tiene nada que perder»

Con 17 años, Victor Chanfreau es vocero de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios de Chile y uno de los referentes del sector más combativo de las protestas.

Víctor tiene 17 años, estudia en el Liceo Manuel de Salas y es nieto de Alfonso Chanfreau, un estudiante de Filosofía y militante del MIR detenido y desaparecido durante la dictadura pinochetista. Coordina uno de los sectores más pujantes y combativos dentro de la alianza social que ocupó las calles de Chile y que amenaza al gobierno de Sebastián Piñera. Hace poco, su imagen se hizo viral luego de que se difundiera en redes sociales una potente intervención política suya en una de las tantas asambleas surgidas al calor del conflicto de calle.

-¿Qué esta pasando en Chile? 

-Todo parte hace mucho tiempo. El sistema está provocando el decaimiento de las condiciones de vida de las y los chilenos, la gente se endeuda para comer, para vivir, los derechos básicos no están asegurados, y el agua y los recursos naturales están privatizados. Todo explota hace 3 semanas con un alza del pasaje del metro de 30 pesos, que actualmente cuesta más de un dolar (67 pesos argentinos). Entonces, los estudiantes secundarios de distintos liceos nos organizamos en evasiones masivas: un grupo de personas pasaba el torniquete y abría las puertas para que el público en general pasara sin pagar. Al mismo tiempo, la represión venía en aumento contra los estudiantes secundarios ya que en marzo se promulgó una facultad que permitía que los directores de los establecimientos pudieran expulsar a los jóvenes movilizados sin un proceso investigativo claro. En este contexto, el viernes 18 de octubre se organizan demasiadas evasiones masivas, se logran cerrar las estaciones de metro y, este mismo día, Sebastián Piñera declara el estado de emergencia y posteriormente el toque de queda, que implicaba que los militares se hacían cargo de la seguridad de la ciudad. Hasta ahora tenemos más de 20 muertos y mil heridos.

-¿Cómo vivieron ustedes, como jóvenes militantes, el hecho de que el ejército volviera a las calles?

-Muchas veces se habla del miedo, pero no es nuestro caso porque, de todas maneras, la represión en Chile siempre estuvo en un nivel muy alto. De hecho, muchas organizaciones internacionales han condenado esta situación, no sólo contra los estudiantes sino contra el pueblo mapuche, que son quienes más lo han sufrido. Pero es mayor la esperanza que el miedo, porque dejaron de ser manifestaciones sectoriales: no eran los estudiantes por un lado, los trabajadores por otro, los pobladores por otro, sino que todos los sectores sociales se encontraban en estas manifestaciones que duraron hasta las 3 de la mañana con barricadas.

-¿Qué mirada tienen sobre los partidos?

-Desde el 2011, que se dio el levantamiento más fuerte del movimiento estudiantil, surge un sector que decía representar a los movimientos sociales adentro del Congreso. Hoy vemos que esto no es posible porque si le damos la amplia visión de la demandas que tenemos, éstas van en contraposición con los pilares fundamentales del sistema: entonces, es imposible intentar generar estos cambios dentro del parlamento e implica mucho desgaste de fuerza. Además podía repetirse un proceso como el del 73 con Unidad Popular, que por disputar estas conquistas para el pueblo alrededor de la institucionalidad, olvidaron los procesos más populares, como tomas de fábricas y corridas de cerco. Allí los poderosos van a llegar y se van a imponer, sea de la forma que sea. Hoy estos sectores están en el Congreso por algo: si los han dejado estar ahí es porque no implican ningún riesgo y hacen creer que se pueden resolver estos problemas en el parlamento cuando no va a ser así.

-¿Cuáles son las reivindicaciones de la calle?

-Nosotros, lo primero que hicimos fue levantar demandas que fueran realmente de los territorios. La gente no le cree a ningún sector de la institucionalidad y, como Asamblea de Secundarios, teníamos claro que debíamos recoger las demandas de los territorios. Hoy pedimos que el sueldo mínimo sea de 500 mil pesos, que la tarifa de estudiantes y adultos mayores sea gratuita, la jornada laboral semanal de 40 horas. Respecto a la Asamblea Constituyente, la impulsan muchos sectores pero nosotros creemos que hay que instituir un poder desde los territorios y para los territorios, un poco paralelo a las instituciones ya creadas. Dentro de estas instituciones que tenemos, los cambios no van a ser reales ni de fondo.

-¿En ese caso la Constituyente no sería solución interesante para trastocar la institucionalidad existente?

-Lo podría ser, pero entendemos que allí no está el debate central. Nosotros sabemos que es un proceso más lento y si hoy no ponemos como eje central las reivindicaciones inmediatas, va a terminar como una movilización más y un proceso que nos sirvió para aprender pero que para la clase y para el pueblo no tiene ninguna ganancia concreta, como podría ser el sueldo mínimo o la tarifa. Asamblea Constituyente sí o Asamblea Constituyente no es un debate que hoy atrasa.

-¿Cómo avanza este proceso?

-Nosotros hemos acordado que no nos vamos a sentar a negociar con el gobierno, no hay nada que negociar y las demandas están claras: vamos a seguir en la calle hasta que seamos escuchados. Y además no alcanza sólo con este ente militante que se organiza dese hace tiempo, sino que también es con la gente de las poblaciones que se está organizando recién, que son sus primeras movilizaciones y que está en primera fila y comparten este análisis. No nos vamos a sentar a negociar con un gobierno que tenga las manos manchadas de sangre.

-¿Sienten que son la generación que vino a romper con el neoliberalismo en Chile?

-Sí, claro. Acá está el recambio de la generación que vio truncados sus sueños con el 73 y con el golpe. También mantenemos ciertas líneas: sigue siendo muy vigente el proyecto revolucionario en Chile y los cambios que se pretendieron hacer en las instituciones no nos han llevado a nada. Somos una generación sin miedo que no tiene nada que perder.