Corsos sin acoso

Carnaval (feminista) toda la vida

La fiesta popular que toma las calles también puede convertirse en un reducto del machismo. Por eso diferentes colectivas organizan propuestas para lograr murgas libres de violencias con herramientas de contención y cuidado entre compañeras. Además se generan actividades para reconocer a las murgeras desaparecidas.

En Buenos Aires las noches de febrero son tierra de nadie y de todes. Los cielos porteños se llenan de guirnaldas de colores que se entretejen como ramas. El corso es una orgía de espuma sintética y brillantina. Miles de personas forman un revoltijo sin protocolo que desintegra las formalidades en el aire, piedra libre para les pibis ansiosos. La única regla es que no hay reglas, ni pruritos, ni fórmulas. La fiesta popular se introduce entre los retumbes del bombo y los trajes de colas bicéfalas que ondean al ritmo de la murga. Las bombuchas estallan contra la piel y el tiempo que se vuelve laxo para darle paso a la única batalla divertida que es la ficticia.

Fotos: Abril Pérez Torres

Nacida como fiesta pagana incluida en el cristianismo en la la Edad Media, el carnaval viró su significado según la época. Por estar asociado al jolgorio previo a la cuaresma, históricamente permite el desborde y esto deriva en que la gente se cubriera la cara para tener impunidad. En Buenos Aires el carnaval, introducido por el españoles, fue inundando las calles.  Entre 1770 y 1784 Virrey Vertiz lo limitó a espacios cerrados y castigó el toque de tambor. Durante su gobernación Juan Manuel de Rosas lo censuró por decreto hasta 1854. Fue Sarmiento, maravillado por sus experiencias en Europa, quien instó el primer corso oficial en la ciudad en 1869 como una manera de igualar a todas las clases sociales. Durante la dictadura cívico-eclesiástica-militar el feriado fue removido para restituirse en 2010 bajo el mandato de Cristina Fernández de Kirchner.

Al día de hoy los carnavales siguen siendo lugares de reunión y disfrute pero también de impunidad para el machismo, es por eso que a partir de la oleada feminista surge la necesidad de deconstruir los modos y generar corsos seguros para redefinir el espíritu de las fiestas populares.

Fotos: Abril Pérez Torres

Carnavales sin acoso

Seamos Libres es una organización política que desde 2019 realiza el programa “Carnavales sin acoso”. La intención de éste es articular con murgas y organizadorxs de los corsos porteños para generar materiales con la idea de difundir cuidados colectivos y eliminar todas formas de violencia de género en los carnavales. Además de realizar recorridas por los barrios, desde la organización exigen que el personal de seguridad que esté presente durante el evento se forme bajo la Ley Micaela, que propone capacitar y sensibilizar a todos los funcionarios públicos del Estado más allá de las jerarquías. “Se buscará a lo largo de la campaña interpelar al Gobierno de la Ciudad, tanto en su órgano ejecutivo como legislativo, en la responsabilidad que le toca como máximo responsable de la organización y seguridad del carnaval porteño”, explican.

En la misma clave “Murgueras Feministas Organizadas” agrupa mujeres de diferentes espacios del Movimiento Nacional de Murgas Independientes. La decisión de encontrarse surge para marchar unidas en el 8M y se reprodujo en el Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans, donde pensaban realizar una intervención que debió cancelarse por la lluvia. Pero el colectivo fraguó especialmente al calor de la necesidad de generar estrategias colectivas contra todos los tipos de violencias. Julia Salido forma parte de “Cachengue y Sudor”. Ella explica que las violencias van desde ser subestimadas para realizar ciertas tareas que implican fuerza física -como tocar el bombo- hasta violaciones. Para prevenirse las murgueras están en comunicación constante encargándose que los compañeros denunciados no participen en los corsos ni en los Encuentros Nacionales de Murgas Independientes. Como las murgas independientes se manejan de manera horizontal, cada caso es analizado para darle el tratamiento adecuado. “Cada murga da los procesos a su paso. En los principios del carnaval las mujeres sólo acompañaban cosiendo los trajes y llevando el agua, ahora nos estamos abriendo los espacios a codazos, se corren o se corren, no les queda otra. Hay compañeros que no se han bancado el proceso y se han retirado. Lo mismo si alguien se desubica en el público, lo decimos en voz alta y lo invitamos a retirarse, ya no nos callamos más”.

Fotos: Abril Pérez Torres

La murga también tiene historia 

Clara Kierszenowiz militaba en la Juventud Peronista y formaba parte de “Los Descamisados de Liniers”. Era actriz y estudiante de arquitectura y fue desaparecida en 1976 a los 25 años. Por ella y por muchos y muchas más se realizará el “Carnaval por la Memoria” en el centro de la memoria Virrey Cevallos el 28 de febrero. La actividad que se realiza por tercer año consecutivo tendrá lugar también en el Atlético Olimpo.

“Los Descamisados de Liniers” fue una murga militante que existió entre 1973 y 1974. Llegaron a ser 20 personas que utilizaban el lenguaje murguero para difundir los mensajes políticos de la Juventud Peronista y los Montoneros. Además de Clara, otros de los murgeros desaparecidos fueron Jorge “El Pacha” Scorzelli, de “Los chiflados de Boedo”, Jorge “Lucho” Gullo de “Los alegres de Balbastro” y Jorge “el Tanito” Infantino Luppino, entre otros. Su amiga Rut Nierenberg recuerda: “Todavía algunas noches te veo cortando maderitas para entregas de la facultad. Te tenías que encerrar muchos días. ¡Cómo te gustaba estudiar arquitectura! pero también te transformabas sobre el escenario. Que buena actriz que eras ¡Cómo pintabas y escribías! Felizmente todavía tengo cartas tuyas guardadas”.

Fotos:Abril Pérez Torres

El carnaval de Tilcara

Teresa Jordan integra la colectiva Ni Una Menos Tilcara Maymará. Desde ahí surge la campaña «Por un carnaval sin acoso» que se realizó por primera vez el año pasado. La propuesta lleva, que como lema “En carnaval no vale todo” y “En carnaval nos cuidamos entre todas”, surge con la intención de visibilizar las violencias naturalizadas durante los festejos. Aunque Teresa acepta que el carnaval norteño en los últimos años tuvo un importante flujo de turistas, entiende que esto sucede previamente. La campaña se basa en generar herramientas de comunicación y difusión que una semana antes hacen circular a través de las redes sociales, afiches o pegatinas. Además este año sumaron la herramienta de los spots radiales que sirven para masificar el reclamo y ya fueron utilizados en otras provincias. “El objetivo es visibilizar el lado B del carnaval. Mostrar que aparecen formas de violencia, de acoso, de abuso, de manoseos, que te sacan a bailar decís que no y te insisten, que te tenés que bancar que alguien te dé un beso sin tu permiso”. “Creo que en este tiempo fuimos proponiendo cosas que nos ayudaron a ir cambiando la manera machista de la celebración. El año pasado, el 8M coincidió con carnaval y armamos una comparsa feminista con bandera llena de anatas y pañuelos verdes con la que recorrimos la plaza y el mercado”, explica.

Fotos: Abril Pérez Torres