Cuatro años sin Lohana

“De volver a nacer, elegiría ser Travesti”

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Lohana Berkins, activista por los derechos de la diversidad sexual e impulsora de la Ley de Identidad de Género. Un repaso por la historia y el legado de una de las mayores referentes del movimiento trans en Argentina a través de sus propios textos.

“Yo soy travesti, aunque mi DNI diga `mujer´. Yo soy Lohana Berkins: travesti. Sino, seguimos aceptando que los genitales nos dan la identidad. El travestismo rompe con eso. Nos construimos”.

Oriunda de Salta, donde nació en 1965, Lohana se escapó de su casa a los 14 años. Eran los años de la dictadura en Argentina. Hija de una madre boliviana y un padre militar que le decía que se hacía bien hombre o se iba, huyó de una casa que no le daba contención y llegó a Buenos Aires para probar suerte.

Allí comenzó a prostituirse para poder sobrevivir. Más tarde, en una Marcha del Orgullo LGBTTIQ+, conoció la Asociación de Travestis Argentinas y sintió que ese debía ser su lugar de militancia.

Cuando le dieron el diagnóstico de Hepatitis C, complicado luego por la aparición de un tumor, comenzó a despedirse de su gente. “Estoy convencida de que el motor de cambio es el amor. El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo. Todos los golpes y el desprecio que sufrí, no se comparan con el amor infinito que me rodea en estos momentos”, escribió en una carta que dejó a sus compañeras poco antes de morir.

Lohana fue y sigue siendo hoy referente de los movimientos de desobediencia sexual en América Latina. Fundó la cooperativa Nadia Echazú y de ALITT, luchó por dar voz a sus compañeras trans travestis, por visibilizar sus vidas, y fue compiladora de los libros “Cumbia, copeteo y lágrimas” y “La gesta del nombre propio”, donde investigó las condiciones de vida de sus compañeras y las exclusiones que modelan esas vidas. En 2011 fue premiada como Personalidad Destacada de los Derechos Humanos por la Legislatura porteña. En 2013 fue designada para presidir la Oficina de Identidad de Género y Orientación Sexual, que funciona bajo la órbita del Observatorio de Género en la Justicia de la Ciudad de Buenos Aires.

También fue, durante muchos años, colaboradora del suplemento Soy del diario Página/12. Allí escribía sobre los temas que realmente le importaban.

Lohana dijo todo lo que tenía para decir.

 

Lohana Berkins y la política

En 1994, Lohana fundó la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT). Esta fue el resultado de su creciente militancia, que había comenzado como integrante de la Asociación de Meretrices Argentina, y sobre todo, después de haber conocido a Carlos Jáuregui, fundador de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y militante por el VIH. Gracias a su encuentro con él, comprendió la importancia de organizarse en torno a su identidad de género y de pelear para el reconocimiento de las personas trans.

Lohana Berkins y Carlos Jáuregui

También fue asesora de la ex legisladora porteña Diana Maffía y candidata a diputada nacional en el año 2001 por el Partido Comunista. “El sistema nos ha excluido siempre y nosotras no queremos que se nos integre desde el morbo del talk shaw. Nosotras queremos entrar en el sistema. Que la gente también pueda votar a una travesti sería lo más sano que le podría pasar a esta política enrarecida”, declaró por ese entonces.

En 2010 conformó el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género, una alianza de más de quince organizaciones que impulsó la sanción de una ley que garantizara la adecuación de todos los documentos personales a la identidad vivida y el nombre elegido por las personas. También el acceso a tratamientos médicos de quienes soliciten intervenciones en su cuerpo. En gran parte, le debemos a ella la ley que llegó a sancionarse el 9 de mayo de 2012, promulgada por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Poco antes de que Mauricio Macri asumiera la presidencia en 2015, Lohana se anticipó a lo que vendría: un gobierno liberal, antitravesti, con políticas de ajuste y desfinanciamiento a la educación pública y a la salud sexual. “Hay muchos elementos del perfil del nuevo presidente que alarman, uno es que se ha manifestado públicamente a favor de la prostitución. ¿Nos va a dar una oficina o nos va a mandar a la zona roja? Es preocupante la ideología de donde viene y que se puede olfatear en muchas de las personas que hasta ahora lo han apoyado: es probable que quiera resguardarse rápidamente por medio de la represión. ¿Las organizaciones seremos invitadas a discutir políticas o el silencio será el nuevo/viejo modo de contestación?”, escribía en noviembre de 2015 en “Aire cargado”, publicado en el Suplemento Soy.

“No estoy diciendo que mañana nos van a quitar la Ley de Identidad de Género. Sino que es probable que se aplique la misma lógica que se ha mantenido en la ciudad: vaciar los programas existentes, no permitir creación de nuevos y hacer programas que por su visión del mundo están sosteniendo el sistema androcéntrico, que sólo contempla a la familia nuclear”. Finalmente, la realidad superó todo ese pronóstico: el desmantelamiento del Ministerio de Salud, que pasó a tomar la forma de Secretaría, fue una cachetada para todo el colectivo LGBTTIQ+.

“Yo, que ya sé lo que es estar afuera, a un calabozo no vuelvo ni loca”.

 

Lohana Berkins y el amor 

“Hollywood palidecía ante nuestro Hollywood cartonero”, contaba Lohana sobre la boda salteña de La Pepona en “¿Casarse? ¿Nosotras? ¡Sí! ¿Para qué?”. Para ella, el pasado estaba lleno de historias desopilantes. Casarse también era un deseo travesti. O alguna vez lo había sido. Porque cuando se aprobaron, primero la Ley de Matrimonio Igualitario y después la Ley de identidad de Género, Lohana observó que “lo que parecía un deseo irrefrenable (¡casarnos!)” no estaba sucediendo en masa.

“Dudo que el rechazo actual al matrimonio sea una decisión consciente y libertaria de parte nuestra. Me encantaría ver a alguno de nuestros príncipes ir a solicitar la obra social para su esposa travesti”, escribía por entonces, en 2014. ¿Será que algunas ritualidades ya nos empiezan a parecer ridículas? ¿Será que el aspecto más profundo de la institución matrimonial, asegurar la transmisión de patrimonio, suena graciosa en nuestro universo? Ante el divorcio, ¿cómo sería la repartija de nuestra miseria? ¿Vamos a pelear a ver quién se queda con la peluca y con la cartera Louis Vuitton adquirida en La Salada?”

“¿De qué nos enamoramos nosotras?”, se preguntaba Lohana un día de San Valentín de 2014 en “Un oasis en el desierto”, publicado en Página/12. “Curiosamente, las personas que estamos o estuvimos en situación de prostitución tenemos una moral victoriana de terror. Por nuestra historia de lucha tuvimos que priorizar otras cosas, el amor se nos aparece siempre como tema menor”. Esa “nimiedad” del amor, en contextos de opresión, era la escapatoria imaginaria: fantasear con pajaritos frente a policía que no temería en matarlas; escribir cartitas con “corazoncitos”.

Lohana creía que, con el tiempo, iban a poder ir estableciendo sus propios contratos afectivos y desligarse, al menos un poco, del deseo de los otros: que no sólo se trate de complacer. “Más allá de la obligación de ser esbelta, hiperfeminizada, provocativa, ¿por dónde pasa nuestra cotidianidad, esa de amanecer dormida junto a otro u otra? La domesticidad de nuestro amor no está construida todavía”. El primer paso era, quizás, asumir su propia “belleza T”.

 

Lohana Berkins y su Furia Travesti

La palabra “acción” define bien la vida de Lohana.

Su lucha comenzó cuando era chica y todo en su vida era un no: la familia, la sociedad, la escuela. “Los años pasaron sin que todavía pueda darme una explicación de por qué nos encarcelaban, por qué fui expulsada de mi familia, por qué se me negó el acceso a la escuela. En términos de militancia y lucha, no teníamos una formación o un grupo de pertenencia que nos contuviera. Éramos nosotras y nuestro cuerpo ahí puesto recibiendo todo”, escribía en su texto “Las travestis siempre estuvimos aquí” (2012). “Esto lo contamos, no para regodearnos en el sufrimiento sino para que tomemos dimensión de que nosotras vivíamos en un apartheid”.

Con eso en mente, en 2008 creó la Cooperativa Textil Nadia Echazú, la primera Escuela Cooperativa para travestis y transexuales. Era también un homenaje a Nadia Echazú, militante trans travesti. Pero llegar ahí no fue fácil.

La primera vez que fue a pedir trabajo, recuerda Lohana en “Y ahora: el futuro”, le preguntaron qué sabía hacer y ella se quedó dura. No supo qué contestar. “A nosotras se nos internaliza eso de que no servimos para nada. Y eso se está empezando a romper. La cotidianidad va a ser la única forma para derribar viejos prejuicios. En la interacción en los distintos espacios de trabajo, las historias de los otros se van a empezar a entrelazar con las nuestras. Van a descubrir que no hay tantas diferencias, sólo que las oportunidades de las que los otros disfrutaron siempre para nosotras siempre estuvieron vedadas”.

Cuando en 2012 se aprobó la Ley de Identidad de Género, las travas festejaron juntas el jolgorio de los derechos adquiridos y durante tantos años vedados. Pero en el silencio de su casa, Lohana cuenta que se sintió sola. “En ese momento me hubiese gustado que sonara el teléfono y escuchar del otro lado a tantas amigas que no están. Que mi amiga Valeria me llame y me diga en su tono salteño, como el mío: ‘¿Qué ha pasao, marica?’”.

Lohana convirtió la furia en acción. “Somos traidoras del patriarcado y muchas veces pagamos esto con nuestra vida (…) Por el otro lado, sufrimos la violencia institucional, aplicada en aras de salvaguardar la moral, las buenas costumbres, la familia, la religión. Esa violencia es consecuencia de otra, la social, y nos es aplicada por atrevernos a desafiar el mandato social de lo que tenemos que ser y hacer”, remarca en su artículo “Un itinerario político del travestismo”, publicado por Diana Maffía en la compilación Sexualidades Migrantes, género y transgénero.

Esa acción que guió sus días hasta el final. Su deseo era volver a casa, pero no llegó. Cuando supo que su salud se deterioraba, escribió un último mensaje. Así se despidió de sus compañeras.

 

“Queridas compañeras, mi estado de salud es muy crítico y no me permite reunirme personalmente con ustedes. Por eso quiero agradecerles sus muestras de cariño y transmitirles unas palabras por medio de la compañera Marlene Wayar, a quien lego esta posta. Muchos son los triunfos que obtuvimos en estos años. Ahora es tiempo de resistir, de luchar por su continuidad. El tiempo de la revolución es ahora, porque a la cárcel no volvemos nunca más.

Estoy convencida de que el motor de cambio es el amor. El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo. Todos los golpes y el desprecio que sufrí, no se comparan con el infinito amor que me rodea en estos momentos. Furia Travesti, siempre. Un abrazo. Lohana Berkins”.

 

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