Sindicalismo feminista

Trabajadoras somos todas

Ayer se realizó en el Museo del Bicentenario el primer encuentro del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades con representantes sindicales. En la antesala de un nuevo Paro Internacional, este evento dejó en claro que integrar la agenda de cuidados a la política pública no sólo es importante sino urgente.

Un sol tajante raja el asfalto de Paseo Colón al 100. La brea negra forma una curva abrazando la casa de gobierno, la hace destellar, más rosada que nunca. Son las once de la mañana del último viernes de febrero y el calor ya abruma en el centro porteño. Dentro del Museo del  Bicentenario -que cobija en sus entrañas el icónico mural “Ejercicio plástico” realizado por David Alfaro Siqueiros- se escucha el vítor conjunto ‘unidad de las trabajadoras y al que no le gusta que se joda, que se joda’. Está por comenzar el primer encuentro del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades con representantes sindicales. Las participantes llevan sus pecheras de colores atadas a los costados del cuerpo, como si fuera un recordatorio de que hace varios años existe participación femenina en los sindicatos. Las que llegan son reconocidas y abrazadas por las primeras. Las siglas de las principales centrales de obreras se mezclan entre sí. Los celulares se prenden y los brazos se extienden para sacar selfies. Algunas vienen de otras partes del país, otras juegan de local. Son muchas y no se callan, porque aprendieron a hacerse lugar a los codazos desde las sombras de los dirigentes v(b)arones. Son muchas y no callan, porque gritan que trabajadoras somos todas.

En 2017 los feminismos argentinos le realizaron el primer paro al gobierno neoliberal de Mauricio Macri. Ya en las asambleas previas se delinearon las consignas de la manifestación, bajo la lógica de que lo que no se nombra no existe. De allí surge la frase trabajadoras somos todas tensionando desde dentro la herramienta del paro, que cobra otra forma pero también otro sentido cuando se trata del empleo informal o el trabajo doméstico y de cuidados no remunerados.

En nuestro país existe una brecha del 27% entre el salario de mujeres y varones, mientras que el 98% del colectivo travesti trans no accede a un trabajo formal. Además la Encuesta Permanente de Hogares realizada por el INDEC en el tercer trimestre del 2019 expuso que la mayor tasa de desocupación correspondía a las mujeres de 14 a 29 años llegando al 22,6% y, cuando la desocupación total estaba en 9,7%, la de mujeres ya estaba en un 10,8%. En los hogares son las mujeres las que dedican alrededor de 3 horas más que sus compañeros varones a las tareas domésticas y participan en un 90% frente al 60% de los últimos.

A pocos días de otro Paro Internacional, y con el bagaje de las luchas y conquistas históricas, queda en claro que integrar la agenda de cuidados a la política pública no sólo es importante sino urgente. Algo que ya había anticipado la ministra Elizabeth Gómez Alcorta cuando anunció que impulsará un Mapa Federal del Cuidado en la Argentina apoyado por la CEPAL.

El evento rebasó de la energía que caracteriza a los encuentros feministas, aún los que nacen de la ira y el dolor. Antes de comenzar al panel Cecilia “Checha” Merchán, secretaria de Políticas de Igualdad y Diversidad, explicó a El Grito del Sur: “Este encuentro para nosotras es fundamental. Creemos que la creación del ministerio tiene que darse de este modo, donde todas podamos participar y las mujeres y colectivos LGTB organizados dentro de los sindicatos ocupen un rol central. Frente a un nuevo paro de mujeres al que adherimos, creemos que hay que poner en el centro de la escena que no existirían las violencias de género si no existieran las enormes desigualdades en la base social y económica de la sociedad. Es fundamental dar cuenta de que, por ejemplo, las tareas de cuidado representan un 30% del PBI y no son tenidas en cuenta recaen fundamentalmente en mujeres” y agregó que ésta era la primera de muchas instancias de diálogo con sectores empresarios, organizaciones sociales y cooperativas para trabajar en el diseño de políticas públicas que reduzcan las desigualdades en el mundo del trabajo.

Por su parte, la secretaria general del Sindicato de Amas de Casa, «Pimpi» Colombo, dijo a este medio: “Para nosotras es histórico que se ponga en debate la tarea que hacemos las amas de casa. En el sindicato llevamos 36 años luchando para que nuestro trabajo sea reconocido. Queremos tener derecho al salario y a la jubilación, ya que las mujeres somos las grandes excluidas del sistema previsional porque no tenemos aportes, porque somos más en el trabajo informal y porque a veces cuando conseguimos un empleo debemos dejarlo porque no existen políticas que ayuden a compatibilizarlo con las tareas del hogar. No se trata sólo de buscar oportunidades para las mujeres fuera de sus casas -que es muy importante-, sino también reconocer que lo que hacemos las amas de casa sea valorizado”. Además Colombo aseguró que desde el sindicato buscan proponerle al Gobierno un paquete de proyectos que contemplen la creación de una Ley de Jubilaciones para amas de casa, la posibilidad de que la AUH se complemente con los aportes jubilatorios y un programa para que las madres de niños y niñas de hasta 3 años tengan talleres de formación y acompañamientos que les permitan reinsertarse en el mercado laboral.

La jornada estuvo dividida en dos comisiones. Una, precedida por la subsecretaria de Políticas de Diversidad Alba Rueda, dedicada al sindicalismo y a la participación de las mujeres y diversidades en el mundo del trabajo formal. Otra, dirigida por Pilar Escalante, subsecretaria de Políticas de Igualdad del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, inclinada hacia el reconocimiento de las tareas de cuidados.

El panel de presentación contó con la presencia de la ministra Elizabeth Gómez Alcorta, quien declaró: “Nosotras ejercemos la gestión pública como militantes. Ante todo somos trabajadoras y luchamos no sólo para tener una vida y un salario más digno, sino para garantizar los derechos de todas. Hay injusticias que vienen desde hace siglos, pero nosotras tenemos mucha claridad que esta batalla hay que darla y hay que hacerlo desde adentro y reconociendo centralmente la potencia que tiene el movimiento obrero organizado en Argentina. Desde el Ministerio entendemos que tenemos que ser aliadas inclaudicables. Sabemos que el movimiento de las mujeres sindicalistas tiene que desbordar, como tiene que desbordar el feminismo en las calles”.

“Es la primera vez que un gobierno en Argentina entiende que hay que hacer algo con las tareas de cuidado. Nadie nos tiene que explicar a ninguna mujer ni persona LGTBI que los cuidados recaen en nosotras. El reconocimiento de la inequidad en relación a los géneros y la ausencia del Estado constituyen modos centrales para empezar a roer un sistema de opresión que hace siglos recae en nosotras. Sólo unidas y organizadas vamos a poder terminar con estas desigualdades”, agregó luego de ironizar: “Esto de que volvimos para ser mejores es volvimos para ser mujeres y ese fallido vale».

Además de Merchán y Gómez Alcorta, tomaron la palabra Yamile Socolovsky, de la CTA de los Trabajadores; Claudia Baigorria, de la CTA Autónoma; Noe Ruiz, de la CGT; Mara Rivera, de la Corriente Federal de Trabajadores y Trabajadoras y Jackie Flores, de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular.

“La importancia del reconocimiento de la economía popular está en que sabemos que es un trabajo que no se ha generado desde una política pública ni desde un Estado presente, sino desde la opresión y el descarte de la sociedad. Que nosotras hoy podamos discutir la identidad de trabajadora fue una construcción. Unirnos con el sindicalismo tiene que ver con la perspectiva de género que hemos podido construir y hace a la profundidad y la identidad del movimiento, nosotras no queremos que ninguna mujer pierda su trabajo y necesitamos esta unidad para ir por esos derechos que la economía popular se merece. Me pone muy feliz que nuestro sector ya no sea contado por alguien más, sino que hayamos ganado el lugar en la mesa y generosamente las compañeras sindicalistas nos hayan dado este espacio. Para nosotras es complicado parar un día porque, si bien no tenemos un patrón visible, sí tenemos un Estado ausente”, sostuvo Flores a este medio respecto al 9M.

Mientras se organizaban las comisiones, pasado el mediodía y con café en la mano, mujeres, lesbianas, travestis y trans volvieron a burbujear entre el piso vidriado del Museo del Bicentenario. Muchas se acercaron a la ministra a pedir fotos, compartir problemáticas y traer las conquistas de sus espacios. En las rondas las participantes esperaron su turno para hablar, reproduciendo la dinámica tan aceitada luego de 34 años de Encuentros Plurinacionales de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans.

La feminización de la pobreza -que creció como enredadera sobre los cuerpos durante el gobierno macrista- dejó expuesto que es imposible hablar de endeudamiento público sin hablar de endeudamiento en la vida cotidiana y que es necesario rastrear la vinculación entre deuda y violencias machistas, como explican Luci Caballero y Verónica Gago en su libro “Una lectura feminista de la crisis”. No es casual que, para junio de 2019, el 81% de las beneficiarias de la Asignación Universal por Hijo (AUH) – que en el 97% son mujeres- había tomado un préstamo con Anses. Además este subsidio habría perdido en promedio casi 7% del poder de compra durante el período enero a diciembre de 2019, respecto del promedio de enero de 2014 a diciembre de 2015, tal como informó el Centro de Economía Política Argentina (CEPA).

Este año, el paro feminista que abrió la posibilidad de entender el mundo laboral más allá del trabajo formal lleva en sus consignas  ‘la deuda es con nosotras’ para dejar en claro que el plan de pagos del Gobierno al FMI no puede pasar por alto que las mujeres y diversidades son las más empobrecidas de la sociedad. En un contexto de recuperación que es una subida empinada, los feminismos pisan fuerte y no dejan que se posterguen sus luchas. En un tiempo donde el aborto está inminente a ser ley, los frutos de la lucha se hacen más palpables que nunca. Las sindicalistas lo saben. Hablan fuerte y no se callan cuando dicen que trabajadoras somos todas.