Testimonios de la militancia barrial en cuarentena

Estar con quienes más lo necesitan

En medio de la crisis sanitaria, muchas organizaciones sociales y políticas continúan trabajando a destajo para garantizar los bienes esenciales de las familias más humildes. Cuatro militantes populares relatan sus inéditas experiencias de militancia bajo la amenaza del coronavirus.

A una semana y media del inicio del aislamiento social preventivo y obligatorio, el Gobierno viene acumulando una creciente preocupación frente a la dificultad de cumplir las medidas de prevención del coronavirus por parte de los sectores más vulnerables. En los barrios populares se vieron por estos días escenas muy alejadas del privilegio que gozan los habitantes de clase media-alta al momento de realizar la cuarentena: desde la imposibilidad de recluirse en las casas producto del hacinamiento, así como la falta de alimentos por vivir “al día” y no poder trabajar, hasta ser víctimas del abuso represivo de las fuerzas de seguridad.

Esta cruda realidad motivó al Ejecutivo nacional a adoptar medidas diferenciadas para las barriadas populares, villas y asentamientos en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. En ese marco surgió el plan “Quedate en tu barrio”, orientado a minimizar el movimiento de grandes cantidades de personas en busca de alimentos, estableciendo así una cuarentena comunitaria en aquellos territorios donde la vida cotidiana se sostiene en función de los lazos solidarios, la organización popular y la articulación con los distintos niveles del Estado. Este programa se efectivizará a partir de un fondo especial de 300 millones de pesos distribuido a los municipios y contará con el apoyo activo de los intendentes, los movimientos sociales y las iglesias que desarrollen tareas en cada lugar.

En tiempos donde la gran mayoría -o, mejor dicho, les que cuentan con dicha posibilidad- se guardan en sus hogares para cumplir con la cuarentena, un numeroso grupo de militantes populares sigue poniendo a diario los pies en las calles de los barrios para ayudar a los sectores que no cuentan con recursos para aguantar este parate económico obligado. En diálogo con El Grito del Sur, cuatro de elles relatan sus inéditas experiencias de militancia bajo la amenaza del coronavirus.

Leonor “La Leo” Larraburu es presidenta de la Cooperativa “18 de Abril”, integrante de «El Amanecer de los Cartoneros» y milita en el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) dentro del Partido de Escobar. Allí cuentan con ocho merenderos que continúan desarrollando su labor en estos días difíciles, pero además siguen efectuando la recolección de materiales reciclables como servicio esencial. “Hemos conseguido los elementos de higiene y de seguridad para salir a trabajar, pero se nos hace muy difícil. No damos abasto, nos lleva desde la mañana hasta la tarde-noche para poder organizar todo. Hoy ya casi no contamos con alimentos para seguir abasteciendo a los vecinos y las vecinas que no tienen nada”, se lamenta.

Milca Sosa es referente territorial del Movimiento Evita en la zona norte de la provincia de Buenos Aires y milita en el Partido de Tigre. Allí cuentan con varios centros comunitarios que dan el almuerzo y la merienda. “La pandemia arrancó con la política de ajuste y la tremenda pobreza que dejó el gobierno anterior. En lugares donde se daba de comer tres veces a la semana, la asistencia se empezó a implementar los siete días y los recursos alcanzan mucho menos que antes. Necesitamos una intervención rápida y directa en cuanto al alimento desde el Estado nacional y provincial, además de lo que ya se hizo hasta el momento, para que no se agudice la situación”, reclama.

Federico Pería es coordinador del Movimiento de Acción Social (MAS), organización que tiene como foco el trabajo en los barrios populares a partir de cuatro ejes basados en la inclusión social: alimentación, educación, arte y deporte. Actualmente cuentan con un merendero en el barrio La Cava (San Isidro), al cual asisten más de 120 pibas y pibes. En este momento suspendieron las actividades culturales y deportivas, pero siguen yendo al barrio para garantizar la entrega de alimentos y artículos de higiene. “Cuando la gente viene a buscar los alimentos, tratamos de promover que haya dos metros de distancia en las filas que se arman para que no se genere mucha aglomeración de gente. Trabajamos con guantes, barbijos e intentamos cumplir con todas las medidas establecidas desde el gobierno nacional. Tenemos clarísimo que no somos el Estado: hay un montón de cosas que no podemos cubrir, pero estamos recibiendo donaciones para seguir funcionando”, explica.

Juliana milita en el Polo Obrero dentro del barrio de Villa Lugano, uno de los más pobres de la Ciudad de Buenos Aires. “Hay compañeros y compañeras que la tienen muy difícil para cumplir la cuarentena: casas completamente hacinadas, sin habitaciones ni los servicios básicos. Además, la falta de insumos está haciendo que la situación sea más complicada. Los comedores están jugando hoy más que nunca un rol de organización fundamental y están sosteniendo la economía de las familias más golpeadas”, asegura.

Militar en estos días cruciales supone un compromiso fundamental con quienes más lo necesitan, pero también implica tomar las medidas de recaudo necesarias para que no haya un contagio masivo. “La Leo” señala que “muchos compañeros y compañeras militantes le están poniendo el pecho. Nos hemos puesto en campaña para recolectar mercadería en beneficio de aquellos y aquellas que necesitan comida, medicación y otras necesidades. Te parte el alma la situación. Yo tengo 7 pibes y salgo todos los días a exponerme. Y salgo porque puedo salir, hay compañeros que no pueden. Sigo haciendo el mismo desgaste tirando un carro y levantando bolsones en las camionetas para poder seguir sosteniendo a los que no cobran nada”.

Milca agrega que “como militantes estamos tomando las medidas que son de público conocimiento. Barbijos, dos metros de distancia ante cada persona, no ser más de cuatro en la elaboración del alimento, mucha agua y jabón, etc. El alcohol en gel es algo difícil de proveer porque se encareció mucho. A veces no todo se puede cumplir con exactitud porque son hábitos que aún no tenemos del todo incorporados”. Por su parte, Juliana explica que desde el comedor en Villa Lugano están promoviendo “grupos rotativos al momento de entregar la comida para que no se junte todo el mundo a la vez, porque eso sería exponer a todos los vecinos y compañeros. Lo que está dando el Estado es insuficiente. Por eso estamos haciendo un relevamiento de todas las cosas que van faltando para que el Estado lo garantice. Lamentablemente no alcanza con los 10 mil pesos que está dando el Gobierno”.

Si en algo coincide este grupo de militantes populares, más allá de cualquier diferencia político-ideológica que puedan tener, es que la salida a la crisis del coronavirus es colectiva. Eso, no obstante, está acompañado del lógico temor a los peligros de la cotidianeidad a la que están expuestos. “Obviamente los compañeros y las compañeras tienen miedo de esta situación pero, si se quedan en su casa, no tienen para vivir”, asegura Leonor Larraburu. “Miedo e incertidumbre, desconocimiento de lo que se trata y hasta a veces una sobreestimación de lo que implicaría un contagio masivo del virus. A veces te levantás para salir a pelear contra el virus y otras veces estás desmoralizado por la situación en sí, que puede terminar colapsando. Lo importante es seguir teniendo una conciencia solidaria y un compromiso con el territorio. Eso no se modifica por el coronavirus”, sostiene Milca Sosa.

Peria concluye: “Desde afuera muchas veces se estigmatiza lo que pasa en los barrios, diciendo `por qué no salen una vez por semana a comprar en un supermercado´. A veces eso no se puede, primero porque posiblemente no tengan donde guardar esa mercadería y segundo porque no tienen plata para hacer la compra de una semana entera. Desde nuestro lugar buscamos trabajar en soluciones comunitarias”.