A siete años de la represión

Cuarentena en el Borda

Por primera vez desde la brutal represión de 2013, este 26 de abril no habrá actividades dentro del Hospital Borda debido a la pandemia del coronavirus. ¿Cómo es la cuarentena de los usuarios de la salud mental? Vivir entre el encierro, la falta de barbijos y el temor por el contagio.

El 26 de abril de 2013, más de un centenar de efectivos de la Policía Metropolitana y varias cuadrillas de operarios ingresaron cerca de la madrugada al Hospital Borda con el objetivo de demoler el Taller Protegido 19. Allí funcionaba la carpintería donde muchos usuarios de la salud mental trabajaban en la fabricación de sillas, camas, roperos y muebles de oficina destinados a hospitales de la Ciudad de Buenos Aires. Detrás de la avanzada macrista contra el Borda estaba la intención de construir el «Centro cívico» -las oficinas del Ejecutivo comunal-, que era visto por organizaciones y sindicatos como la punta del iceberg de un nuevo negocio inmobiliario. La resistencia fue masiva y la represión brutal: gas pimienta, balas de goma y un saldo de 20 pacientes heridos, 60 personas lastimadas y 8 detenidos.

Ya pasaron siete años de aquel ataque a la salud pública y los principales responsables políticos de lo que pudo ser una masacre -Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta- fueron sobreseídos por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en septiembre de 2017. Por primera vez desde que se recuerda la fecha de esta represión, este 26 de abril no habrá actividades dentro del neuropsiquiátrico debido a la pandemia del coronavirus.

Gabriel Cavia, subsecretario gremial de la Asociación de Profesionales del Hospital Borda, recuerda dicha represión en diálogo con El Grito del Sur como «un acto criminal planificado que llevaba a un solo objetivo: un gran negocio inmobiliario encabezado por Nicky Caputo. Fue una locura absoluta, nosotros presentamos denuncias pero Macri tenía un gran blindaje no sólo en los medios sino también en la Justicia. Salvo una multa, no hubo ningún tipo de condena». «Este episodio infame fue un avasallamiento a la salud pública y los derechos humanos», opina por su parte Sara del Valle, integrante del Taller del Tomate.

En medio de la pandemia más fuerte de los últimos 100 años, los trabajadores y las trabajadoras del Hospital reclaman falta de Equipos de Protección Personal (EPP) para desarrollar sus labores, entre los que se cuentan la necesidad de barbijos quirúrgicos, máscaras y camisolines. Gonzalo Sánchez, delegado por ATE Capital, cuenta que «estamos atravesando una situación muy particular por falta de insumos, que están siendo comprados por los propios trabajadores. El Covid-19 viene avanzando y sabemos que, tarde o temprano, va a entrar al hospital. Trabajamos con una población adulta mayor y, por las enfermedades que se tratan allí, se hace muy difícil el distanciamiento social y la implementación de ciertas normas de higiene. Si llegamos a tener algún caso, va a ser muy difícil controlarlo internamente».

El temor por la salud crece porque ya hay dos casos sospechosos de coronavirus, aunque aún no hay ningún confirmado. Se estima que el Gobierno de la Ciudad está entregando cerca de 300 barbijos por día, mientras que el personal necesita a diario alrededor de 1000.

Ubicado en el barrio de Barracas desde el año 1863, el Hospital Borda abarca 16 hectáreas ocupadas por 100 mil metros cubiertos de construcciones de diferentes épocas, rodeadas de calles con nombres, árboles, murales y graffitis. Allí se alojan unas 600 personas que reciben atención en forma ambulatoria, con unas 5500 prestaciones mensuales. En este marco, la pregunta resulta obvia: ¿cómo es la cuarentena de los usuarios de la salud mental?

Gabriel Cavia señala que «estamos intentando que los pacientes estén en sus servicios y pueden deambular, lo cierto es que están en un lugar con mucho parque. Ellos están bien y es una buena señal el hecho de que hasta ahora no tengamos contagiados». «Hay muchas actividades que están restringidas y obviamente que la patología es muy difícil de ser tratada con un 100% de encierro. No reciben visitas, no puede ingresar gente más allá de los que trabajamos ahí. Esto requiere un doble esfuerzo y presencia por parte de los profesionales», expresa Gonzalo Sánchez.

Precisamente, el Hospital cuenta con una gran cantidad de talleres no institucionales que buscan incluir a los usuarios en diversas disciplinas artísticas y oficios laborales desde una perspectiva de sujetos de derecho. En un comunicado conjunto, los talleristas sostienen que «para ellos nunca hay oportunidades, ni afuera y mucho menos estando encerrados entre muros. Como se tratan de ¨locos, pobres, sucios y feos¨, es más barato tenerlos hacinados y en condiciones inhumanas, con falta de higiene y salubridad, rodeados de tuberculosis, de sarna, muchas veces sin agua, gas, luz ni comida». «Los hospicios encierran miles de historias y todas reflejan que esta institución no es más que un lugar para depositar a quienes ya no le son útiles al sistema», agregan los talleristas.

Florencia Grillo, quien forma parte de Cooperanza Salud Mental Colectiva, reflexiona sobre las lógicas de encierro: «Imaginate si ahora uno lo sufre, que tiene medios para comunicarse. Los usuarios de la salud mental sufren una estigmatización, por lo cual ellos padecen el doble esta cuarentena». «A pesar de que hoy no nos podamos encontrar con ellos, se han formado otros vínculos a la distancia y estamos convencidos de que vamos a salir juntos de esta pandemia», se ilusiona.

«La pandemia terminará, pero estas formas policiales de vinculación con el otro quedarán»

En una crónica escrita para el portal Marcha, Darío Cavacini relata que visitó una tarde el Borda para preguntarse: «¿Cómo será el aislamiento de los que ya están aislados hace años? Esos mismos muros que han protegido a los sanos del afuera de los enfermos del adentro, hoy han invertido su orden. Ahora también nosotros estamos encerrados a cielo abierto. Quizás sepamos cómo se siente».

A siete años de la represión en Borda, las fichas saltaron por el aire. Corren tiempos en los que buena parte de la ciudadanía manifiesta el sufrimiento personal por la obligación del encierro sin haberse cuestionado jamás el padecimiento de quienes están atados a los designios del manicomio. Queda claro que el encierro no es algo natural ni terapéutico para ningún ser humano. Hoy, las grandes mayorías estamos conociendo lo que es realmente el encierro y lo difícil que resulta lidiar sus consecuencias.

Foto de portada: Daniel Davobe