Entrevista a Jimena Carol

Mi cuerpo no quiere tu opinión

Los memes gordoodiantes inundan las redes, los comentarios sobre el cuerpo propio y ajeno son moneda corriente en cuarentena. "¿Qué genera esto? me pregunto y pregunto", dice Jimena Carol, cocinera, bailarina, performer y activista gorda.

“No voy a poder salir de la cuarentena porque no voy a pasar por la puerta”, dice un meme gordoodiante que se reproduce en redes sociales. Otros muestran el “antes y después” del aislamiento como si éste implicara un cambio de peso. Las imágenes ponen el foco en algo que no lo es, mientras mundialmente mueren cientos de miles de personas. Les activistas gordes son claros: no es gordofobia, es gordoodio. El primero es un terror irracional hacia una persona o situación, que no se controla, o si se lo hace es a través de un tratamiento psicológico. Lo segundo es una estructura social que patologiza ciertos cuerpos y los estigmatiza, bajo un paradigma en que algunos valen más que otros.

Jimena Carol “La Pichi” -que ya desdibujó su nombre en su apodo- es cocinera, bailarina y performer, forma parte de la revista MU donde cubre temas de diversidad corporal. También es activista gorda, de lo cual escribe y habla en su cuenta de Instagram. Recientemente, desde MU realizó un video con testimonios que recolectó en redes sociales de las experiencias y frases gordoodiantes que muches reciben durante la cuarentena.

Allí dice casi como un manifiesto, mientras se cambia de ropa frente a la cámara: “En las redes sociales se habla mucho de alimentación y no me refiero a quedarnos sin comida o que exista la posibilidad de que algunos no tengan para comer. No, se habla del miedo de que la cuarentena termine y nos encuentre gordos, gordas y gordes. Se habla en la televisión, en las redes sociales, en las mesas familiares en los grupos de whatsapp de lo horribles que vamos a terminar. Hay memes riéndose de los cuerpos que no encajan, de que ahí no hay belleza ni salud ni placer ¿Qué genera esto? me pregunto y lo pregunto. Recibir violencia genera angustia, desata desórdenes alimenticios, autoodio y distanciamiento de quienes se burlan de nuestros cuerpos. ¡Basta! Mi cuerpo y ningún cuerpo quiere tu opinión».

En diálogo con El Grito del Sur, «La Pichi» se extiende sobre el tema y aporta su visión de la situación.

-¿Que es para vos el activismo gorde?

-Es difícil porque no tengo una definición clara. Me parece que, más que pensar en el activismo como un hecho concreto, es la cuestión diaria de replantearse cosas, de empezar a poner el ojo en algunas normas sociales que tenemos naturalizadas y uno no se da cuenta hasta que un día te empiezan a hacer ruido y te das cuenta que no está para nada bueno. Ahí te empezás a encontrar gente que también se lo está cuestionando, entonces es mucho más fácil no hacer de cuenta de que no está pasando. En este tiempo que empecé a darme cuenta esto, me sirvió en el diálogo con otras personas que esta vez no se plantearon estas cosas.

-¿Vos cómo llegaste al activismo gorde?

-Yo tuve dos hechos claves. Primero, una vez que leí un texto de María Riot que hablaba sobre su cuerpo. Ella es trabajadora sexual y actriz porno y no tiene un cuerpo que se considere “hegemónico” para la sociedad. En este texto hablaba de que había entendido que, igual que las putas se apropiaron de esa palabra y la resignificaron, ella había hecho lo mismo con la palabra gorda. Para ella, gorda nunca más iba a ser un insulto. La segunda cosa es que yo iba a una escuela de danza y tenía una compañera que era activista gorda, ella hablaba de un montón de cosas que yo no entendía y pensaba que estaba muy enojada con la vida, porque yo no había tenido la misma experiencia. Hasta que la empecé a escuchar de verdad y entendí que, aunque a mi algunas de esas cosas no me hubieran pasado, no significa que a otros cuerpos gordos no les pasan, entonces es importante poder identificarlas.

“Cada vez que la sociedad lee mi cuerpo gordo me deja saber que soy defectuosa. La sociedad conoce mi cuerpo como un sitio de carne indisciplinada y deseos inmanejables”.
Samantha Murray

Foto: @monikitamorris

-Vos bailás, das clases de twerk y hacés performances que también tienen que ver con el activismo gorde, como la que hiciste el año pasado en el festival FAQ. ¿Es una manera de resignificar un cuerpo que muchas veces es estigmatizado por la sociedad?

-Esa estigmatización tiene un nombre y se llama patologización de los cuerpos gordos, es algo que sucede todo el tiempo. Tiene que ver con esta cuestión de que el cuerpo gordo no se mueve, que su estado se caracteriza pura y completamente con una cuestión de pereza y abulia.
Yo personalmente siempre me sentí dueña de mi cuerpo. Hoy por hoy empiezo a tener una mirada más fina y a reconocer cosas que en esos momentos no entendía como violencia. Pero después yo siento que siempre estuve conectada con mi cuerpo. Yo bailo desde los seis años. Bailaba clásico, que es la rama del baile que más reglas tiene respecto al cuerpo y después hice comedia musical. En los dos espacios me pasó lo mismo: no sé si en algún momento se tuvo en cuenta lo talentosa o no que podía llegar a ser porque siempre -por mi cuerpo de nena morocha- se me negó el papel de Bella de “La Bella y la Bestia”. Me acuerdo que adicionaba y para mi era obvio que no iba a quedar, decía “bueno, por ahí puedo ser panadera”.

-Claro. Los estereotipos que nos marcan desde que somos chiquitos, por ejemplo en los actos escolares…

-Yo vendía mazamorra caliente todos los años (se ríe). Eso está re bueno repensarlo desde las infancias, ya que desde tan chicos te coarten la posibilidad en lo artístico te influye. El colegio es el primer espacio donde se te cierra la posibilidad de relacionarte con tu cuerpo. No tiene que ver sólo con la discriminación que pueda tener un compañerito hacia vos, sino que incluye a los profesores y la institución. Hasta que los profesores no seamos les de esta generación deconstruida que podemos tener otra mirada, va a ser difícil que haya adultos diferentes.

“Geografías complejas, y paradójicas, sometidas a un régimen de dura invisibilidad por extrema visibilidad, porque esa es nuestra realidad, somos los cuerpos que todos ven pero pocos nombran en las dinámicas del deseo, y en los manifiestos políticos de ese nuevo mundo que estaría por venir”.
Nicolás Cuello

-¿Qué te pasa a vos con los memes sobre engordar en la cuarentena?

-Yo creo que probablemente haya personas que engorden en la cuarentena, porque la comida toma protagonismo. Lo que pasa es que no es tan trágico y que en este momento hay cosas más importantes. A mi me parecen muy bien los memes en general, creo que a nuestra generación a veces le salvan el momento cuando entendemos de qué reirnos. Pero, ¿la sociedad entiende de qué reírse?

-O si la sociedad es capaz de pensar que eso puede ser hiriente para alguien…

-Exacto. En el video que hice para MU encuesté a 500 personas y tuve respuestas de 155 pibas y pibes de todas las edades. Me pasó que después me afectó un montón. Tuve dos días seguidos donde me miraba y me sentía horrible, y ni siquiera había recibido esas violencias: sólo había hablado y leído a gente que las recibía.
Yo estoy pasando sola la cuarentena, por lo cual no tengo a alguien que me esté haciendo comentarios sobre lo que como. Pero hay gente que si está con alguien al lado cuestionando lo que come o diciéndole que coma otra cosa. Que alguien haga un comentario sobre tu ingesta en el momento en que te sentás a comer te cohíbe.

 

«Desnaturalizar que nuestras existencias como gordxs están privadas de placer, afectos, belleza y apropiarnos de esos lugares de donde se nos priva, para ocuparlos como espacios propios de enunciación política, desde donde poder inventarnos otra vez, sin patrones, sin normatividades asfixiantes, y con alianzas suficientes para seguir cuestionando un mundo que continua siendo patriarcal, heterosexual, blanco y corporalmente esbelto, fibroso, y saludable».
Nicolás Cuello

 

-Qué significa para vos la frase “mi cuerpo no quiere tu opinión” en un momento donde todes se arrogan el derecho a opinar?

-Muchas veces desde una corriente del feminismo que es blanco, magro y biologicista -que igual está empezando a cambiar y es importante reconocerlo-, la frase “mi cuerpo no quiere tu opinión” significaba solamente no me digas lo buena que estoy por la calle, y en realidad la frase no aplica en ningún aspecto. La premisa ahora es hacer el ejercicio de no opinar sobre cuerpos ajenos, no opines hoy que estás en una casa encerrado y si hacés eso y empezás a ponerte en el lugar del otro, tal vez mañana cuando salgas a la calle tampoco opines.

-En tus redes vos hablaste de que cuanto más te dicen cosas sobre lo que comés, más se vuelve contraproducente. ¿Por qué?

-Claro, porque no es lo mismo si vas a un evento y comés de más porque hay comida y la estás pasando bien. Ahí no ligás la ingesta con algo negativo. Otra cosa es terminar dándote un atracón por algo que alguien dijo algo sobre mi cuerpo que no quería escuchar y terminás volcando esa angustia en comida. Entonces el vínculo con la comida simbólicamente empieza a ser negativo.

*Los fragmentos de esta nota fueron tomados del libro «Cuerpos sin patrones», compilado por Laura Contrera y Nicolás Cuello de Editorial Mansalva.

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