Itai Hagman

«Los ricos en Argentina pagan pocos impuestos»

Economista, diputado nacional y referente del Frente Patria Grande, Itai Hagman habla sobre el impuesto a las grandes fortunas, el salario universal, la condonación de la deuda externa y el futuro post pandemia. "Un 50% de la Argentina se está hundiendo y el debate es de dónde salen los recursos para financiar la reconstrucción de las economías", afirma.

Economista heterodoxo, diputado nacional por el Frente de Todos y dirigente de Nueva Mayoría -espacio político encolumnado en el Frente Patria Grande-, Itai Hagman es una de las voces autorizadas para poner sobre el tapete los debates económicos que se abren al calor de la pandemia. Mientras los medios masivos amplifican las voces de economistas liberales marginales, Hagman responde sobre el impuesto a los ricos, la posibilidad de un salario universal, la condonación de la deuda externa para los países de América Latina y la pregunta de fondo sobre quién debe pagar los costos de la pandemia.

¿Qué implica discutir un impuesto a las grandes fortunas? ¿A quién afectaría y por qué la importancia de aplicarlo en este contexto?

Lo más importante es el contexto. Uno está acostumbrado a pensar que, cuando se habla de grandes fortunas, este impuesto estaría destinado a redistribuir la riqueza y tener una sociedad con mayor justicia distributiva. La realidad es que éste no es el caso, no estamos frente a a un contexto donde los sectores populares estén avanzando sobre la distribución del ingreso sino que, muy por el contrario, hay un 50% de la sociedad argentina que se está hundiendo y lo que estamos discutiendo es cómo contener esa caída. El Estado está haciendo su aporte a través de las distintas políticas públicas, transferencias de ingresos y demás, pero necesitamos que los sectores de mayor fortuna hagan lo suyo para contener la caída de un sector muy importante de la sociedad argentina que ha perdido sus ingresos por la pandemia. Nos referimos a un sector muy pequeño: no hablamos de la clase media, de la clase media-alta, te diría que ni siquiera de la clase alta. Es un escalón que está por encima de eso y que son los sectores de altísimas fortunas.

Si les ponemos nombre y apellido, ¿quiénes son? No es el panadero que tiene un negocio con 4 empleados, ni es el comerciante que tiene 2 o 3 locales, ni la persona con un departamento de más y que lo alquilan.

Te diría que tampoco es el dueño de una empresa de 300 empleados, ni el dueño de un departamento en Avenida Libertador que vale, a lo mejor, 500 mil dólares. Ni siquiera esos sectores. Quienes entran están un escalón por arriba de eso. Si bien falta la letra chica para decir el número concreto, si uno toma los primeros tres tramos de las personas que pagan impuestos a bienes personales, estamos hablando de alrededor de 12 mil personas. En Argentina pagan impuestos sobre los bienes personales más de un millón de personas. Entonces vamos a grabar al 1% de ese millón de personas que paga impuestos sobre bienes personales: una minoría de la minoría. Además, en el proyecto de ley va a estar especificado que estos recursos van a tener como destino el financiamiento de la política sanitaria y social, son fondos con destino fijado.

¿Que opinión te merece la propuesta de aplicar un salario universal como dijo el Papa Francisco?

El tema del salario universal, como plantea el Papa Francisco, tiene que ver con un problema estructural del capitalismo en el mundo: la tendencia a excluir mano de obra, a dejar afuera del mercado laboral a sectores cada vez más amplios de la población. Hoy, en la Argentina, nosotros estimamos un universo de 4 millones de trabajadores de la economía popular que no resuelven sus ingresos a través del mercado laboral, formal ni informal. La realidad es que la idea de un salario universal, o un complemento salarial, tiene que ver con cómo garantizamos – en una sociedad donde el mercado laboral no puede hacerlo- que todos los habitantes tengan satisfechas sus necesidades más básicas. Por supuesto que pensar en un ingreso mínimo implica discutir cómo se hace.

Foto: Abril Pérez Torres

Y la realidad es que la única forma de hacerlo es una reforma tributaria progresiva, que es una deuda pendiente que tenemos en la Argentina desde hace mucho tiempo: los ricos en Argentina pagan pocos impuestos y lo digo no en relación a lo que uno desearía, sino en relación a lo que pagan los ricos en aquellos países desarrollados que muchas veces nos plantean como modelo. En los países europeos, los altos ingresos y las altas fortunas pagan mucho más que en la Argentina.Vivimos en un sistema económico donde la concentración de la riqueza y la desigualdad ha llegado a niveles exorbitantes: hay estudios de Oxfam que reflejan que el 1% de la población del mundo tiene una riqueza acumulada equivalente al 50% de los más pobres. La pandemia puso en evidencia que tenemos una sociedad dual donde hay sectores con ingresos extraordinarios y otros que no pueden satisfacer sus necesidades más básicas.

Recientemente CELAG organizó un conversatorio en el que participaron Dilma Rousseff, Rafael Correa, Álvaro García Linera y otros referentes regionales, donde se discutió la idea de una eventual condonación de la deuda externa para América Latina. ¿Qué opinión te merece esta propuesta?

Es un planteo absolutamente pertinente. La campaña refiere a la deuda con organismos multilaterales de crédito: Argentina tiene una deuda muy importante con el FMI, al mismo tiempo que se encuentra negociando la deuda con acreedores privados. Me parece que el punto fundamental es que esta crisis también generó un enorme flujo de capitales desde los países periféricos hasta los centros financieros globales. Nosotros no fuimos el país más afectado por esta fuga de capitales por dos motivos: primero porque los capitales ya se habían ido con la fuga tremenda que tuvimos los últimos dos años, y segundo, porque los controles cambiarios que se reinstalaron en 2019 evitaron que pase lo que sucede en otros países, como Brasil por ejemplo. Hay un sobreendeudamiento de los países, un flujo de capitales desde las periferías hacia el centro y, obviamente, el pago de las deudas de los países periféricos implicaría reforzar esta situación. La realidad es que los países centrales tienen espalda financiera para hacerse cargo de esta crisis y los países periféricos necesitan volcar todos sus recursos a atender las necesidades sociales y la reconstrucción económica. De alguna manera, el debate que plantea esta iniciativa a nivel global es el mismo que se abre al interior de los países: ¿quién paga esta crisis? ¿De dónde salen los recursos para financiar la emergencia social y la reconstrucción de las economías?

El padre del neoliberalismo, Milton Friedman, afirma: «Cuando se produce una crisis, las acciones que se toman dependen de las ideas que están flotando por ahí«. ¿Cuáles son las ideas que deberían instalarse con la salida de la pandemia?

Hay que tratar de que este espíritu solidario y comunitario que se impuso producto de la pandemia sea un valor que tenga más fuerza en la salida de la crisis. Venimos hace muchas décadas sometidos a una colonización ideológica muy fuerte que nos ha llevado a una perspectiva extremadamente individualista, a incorporar una idiosincrasia meritocrática que nos invita a pensar que cada uno tiene lo que se merece, y el que no lo tiene es porque no se esforzó lo suficiente. Toda esa ideología entró en crisis con la pandemia y apareció un sentido de comunidad y solidaridad. Si esta crisis implica una mayor conciencia respecto al otro, un fortalecimiento de la idea de trabajo en comunidad, y eso lo podemos conservar después de la pandemia, creo que vamos a poder tener una sociedad mejor.

 

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