Padre "Toto" De Vedia

«Tenemos que aprovechar esta crisis para redistribuir la riqueza»

La crisis del coronavirus pega y mucho en la Villa 21-24, donde el Padre "Toto" De Vedia hace lo imposible para sostener la emergencia. "Es momento de pensar en el otro", dice en diálogo con El Grito del Sur y pide que "los que ganaron mucho en otro momento aporten para remediar las desigualdades que arrastra el país".

La voz del Padre «Toto» De Vedia suena más áspera y cansada que de costumbre. Desde que empezó la crisis por el coronavirus, dice, vive el sacrificio de trabajar sin parar por los vecinos y las vecinas de la Villa 21-24 de Barracas «con la plenitud de la pasión». «Nunca me sentí más cura que ahora», dice entre risas, tose y enseguida repasa todas las medidas de emergencia que junto a las organizaciones sociales sostiene a diario en el barrio: repartir alimentos, relevar puerta por puerta a los adultos mayores, ordenar el plan de vacunación, facilitar los trámites de la Anses, parar la olla y convertir las capillas en centros de «cuarentena comunitaria». «Las crisis desnudan a las personas y a los pueblos», le dice a El Grito del Sur, y afirma que apoya la implementación de un impuesto a las grandes fortunas.

¿Cómo se está viviendo la crisis en la 21-24?

Para tener un panorama basta con ver que, a pesar de la lluvia de hoy, las filas de vecinos y vecinas en los puestos de la Anses para agilizar los trámites de la asistencia social son enormes. Se acercó mucha militancia a dar una mano también, se trabaja todos los días, todo el día. Sino, hay que salir del barrio, y no es la idea. Con las iglesias nos pasa lo mismo: están abiertas de par en par, y la gente viene constantemente a pedir mercadería y a llevarse la comida. Como barrio nos organizamos con mucha consciencia porque la cuarentena resiente mucho la parte económica, se perdió la changa y tenemos que acompañar. También a los adultos mayores: tratamos de llevarles las cosas nosotros, para que no tengan que salir, salvo para darse las vacunas, lo que ya estamos haciendo. Hicimos un revelamiento de los adultos mayores con las organizaciones, puerta a puerta. Es una tarea que estamos haciendo con mucha pasión, en plenitud, nunca me sentí más cura que en estos días.

¿Alcanza con la ayuda que hasta ahora bajó del Estado?

En principio tenemos las capillas abiertas como centros de aislamiento para aquellos adultos mayores que padecen hacinamiento puedan hacer la cuarentena “en comunidad”, como le decimos. Contamos para eso con la ayuda del Gobierno nacional, que nos equipó, y también del Ministerio de Salud de la Ciudad. También es cierto que los alimentos no paran de llegar, incluso para los programas que ya existían por fuera de esta emergencia, y aunque tuvimos que pelearle un poco al Gobierno de la Ciudad, la ayuda también llegó.

El Papa Francisco, en la carta que le envió a los movimientos sociales, propuso un salario universal, medida que está en estudio o en aplicación en otros países. ¿La extensión de la cuarentena podría ameritar otro tipo de medidas?

Yo creo que sí, que es otra discusión que hay que darse. La desigualdad estructural que ya teníamos se profundizó con el coronavirus. Esto que nos está pasando visibiliza realidades que existen desde siempre y, si somos serios como sociedad, tenemos que aprovechar esta crisis para hacer las transformaciones que haya que hacer. La principal es la redistribución justa de la riqueza.

En ese sentido, hubo una pronunciación muy firme de los Curas en Opción por los Pobres, grupo hermano de los curas villeros que usted integra, a favor de implementar un impuesto a los ricos. ¿Está de acuerdo?

Es un debate que por supuesto hay que dar. No soy especialista en economía, me cuesta opinar tajantemente sobre ese tipo de medidas. Pero sí creo que es hora de que los que han ganado en otras ocasiones paguen las deudas sociales que arrastra el país.

Desde hace algunas semanas, el Gobierno porteño muestra su preocupación por el cumplimiento de la cuarentena en barrios populares. Incluso circuló un video filmado en la 1-11-14 de Flores, y algunos salieron a pedir más control policial. ¿Qué tan cierto es que en las villas no se cumple la cuarentena?

Por supuesto que más policía no es la solución. No he visto que la gente no cumpla la cuarentena, por lo menos en nuestros barrios. Hay casos de incumplimiento, sí, no es diferente acá que en otros lados. La cuarentena cuesta como a todos, pero se cumple. Hay ciertos horarios en que hay movimiento lógico, inevitable, de salir a hacer las compras y demás. Pasa que las villas ya son populosas de por sí, el mínimo movimiento se nota mucho más que en otros barrios. Pero la romantización de la cuarentena no es algo que tenga lugar en las villas, eso es evidente.

¿Es ahora cuando más se nota la falta de servicios básicos?

Los chicos están haciendo tareas en la casa, pero acá no hay Internet. Las familias no pueden ponerse ese gasto necesario para hacer las tareas. Por eso es un reclamo nuestro, que haya Internet gratis como hay en otros lados en la Ciudad. Eso ayudaría muchísimo.

Hasta ahora hay casos confirmados de coronavirus en la Villa 20 y en la 31. Pero no en la 21-24.

Hasta el momento no hubo casos confirmados. Sí hubo rumores, pero ninguno se confirmó. Algunos se asilaron, porque se le están haciendo estudios, pero ninguno dio positivo hasta ahora.

Uno de los debates en cuarentena es la disyuntiva economía-salud, que el Presidente dijo que era falsa, contestándole más que nada a los empresarios. ¿Esa discusión también es falsa en los barrios, donde se cayó el sustento?

No es una disyuntiva que se tenga que plantear así. La lucha es por la vida, y por una vida digna que es el sostén económico y el trabajo, y la salud forma parte de lo mismo. Para los sectores populares, la lucha por la supervivencia es algo permanente. Hay temor a las dos cosas, al contagio y a quedarse sin nada. Pero en eso yo personalmente estoy con el Presidente, que lo planteó en una forma muy de docente: es un falso dilema.

¿Cómo cree que vamos a salir, en términos espirituales, de esta crisis?

Yo creo que las crisis desnudan a las personas y a los pueblos. El que era egoísta, lo era y lo será con o sin coronavirus, lo mismo para quien es solidario. También puede ser una oportunidad de resurgimiento o un impulso para el hundimiento. Por suerte tenemos mucho de que agarrarnos para crecer como sociedad. Es momento de pensar en el otro. Quedó claro que los países mas afectados están gobernados por ideas liberales. Eso da que pensar.

¿Y la Iglesia? ¿Cómo va a salir de esto?

Para nosotros la religión no es el opio de los pueblos, sino un motor de transformación. Está siempre el riesgo de la fe como negación, pero también se puede vivirla como un camino al compromiso y a las transformaciones, el camino de Jesús. Yo creo que la Iglesia tiene que ir para ese lado.