¿Cuál es el rol de la universidad en tiempos de pandemia?

«Hay que poner la estructura universitaria al servicio de la emergencia sanitaria»

Las cursadas virtuales avanzan en las universidades de todo el país, pero suenan también los reclamos por la falta de conectividad y la sobrecarga de trabajo docente. Luis Tiscornia, secretario general de la CONADU Histórica, opina sobre los desafíos para sostener la calidad educativa y el rol que debe cumplir la universidad en este contexto.

Luego de reprogramaciones en el calendario académico, finalmente comenzaron las clases virtuales en las universidades de todo el país. Esta situación puso otra vez sobre la mesa distintos reclamos estudiantiles y docentes, a la par del debate que impulsan distintos sectores acerca del rol que debe cumplir la universidad pública en medio de la crisis sanitaria que se atraviesa. Luis Tiscornia, secretario general de la CONADU Histórica, dialogó con El Grito del Sur sobre estos temas para explicar con claridad cuál es la situación en las altas casas de estudio de todo el país.

Luis Tiscornia explica que «se está intentando continuar con los cursados del primer cuatrimestre a través de las denominadas modalidades virtuales o utilizando herramientas virtuales, esto es continuar dictando clases a través de internet conectándose con los alumnos de manera virtual». «Digo que se está intentando porque nuestra universidad está basada en la presencialidad. Esto tiene que ver con las condiciones de ejercer la enseñanza y la investigación en contacto directo con los estudiantes en las aulas. Por lo tanto, el pasaje a la llamada enseñanza virtual es sumamente complejo porque implica habilidades y soportes tecnológicos que no se tienen normalmente», explica el docente.

Sobre este punto, Tiscornia destaca el «gran esfuerzo» que viene haciendo la docencia de todo el país para poder adaptar el contenido y el dictado de las clases a la virtualidad. En paralelo, plantea tres problemas principales: en primer lugar, la cantidad de estudiantes que quedan por fuera de la cursada por la falta de conectividad; en segundo lugar, la sobrecarga de trabajo a les docentes que deben reorganizar y adecuar el contenido de las clases a la virtualidad; y en tercer lugar, el enorme desafío de mantener la calidad en la enseñanza y el aprendizaje.

A pesar de la decisión del ministro de Educación, Nicolás Trotta, de liberar los datos móviles para la utilización de las plataformas educativas nacionales, son muches les estudiantes que en distintos lugares del país continúan teniendo dificultades para sostener la cursada, ya que muchas veces no se cuenta, por ejemplo, con una computadora propia. «Esto es un problema muy grande porque sería una enorme paradoja que se trate de mantener el vínculo con los estudiantes y una parte quede desvinculada porque no tiene las condiciones para mantenerse», expresa el secretario general de la CONADU Histórica.

Luis Tisconia, secretario general de la CONADU Histórica

Si bien la modalidad virtual representa una alternativa para sostener el dictado de clases y el acceso a la educación, no contempla una serie de cuestiones como, por ejemplo, las condiciones de habitabilidad de cada persona en sus hogares. Tanto estudiantes como docentes en muchos casos conviven con hijes o personas mayores a cargo y no cuentan con la misma capacidad que otres para acoplarse al esquema de cursada virtual. En este sentido, desde CONADU Histórica solicitaron a las autoridades universitarias y los funcionarios nacionales que se tomen las medidas necesarias para evitar lo mayor posible la deserción de los y las estudiantes, así como también habilitar las licencias que contempla el DNU dispuesto por el Ejecutivo para exceptuar del cumplimiento de sus funciones a aquellos y aquellas docentes que se encuentren con menores o personas mayores a su cargo.

Además hay muchas disciplinas de índole prácticas que requieren de la presencialidad para desarrollar la cursada. «Pretender que no pase nada, que todo es mecánica y dogmáticamente pasar todo a la modalidad virtual es una actitud negacionista, que quiere dibujar una normalidad que no tiene nada que ver con la gravedad de la situacion y los padecimientos que está sufriendo el pueblo argentino», afirma Tiscornia.

A todo esto se suman las distintas formas en las que se aplica la modalidad virtual. Mientras que en algunos casos se desarrollan clases virtuales a través de plataformas como Zoom y YouTube, entre otras, en muchos otros se realiza simplemente un acompañamiento. Sobre este punto, Tiscornia plantea: «La enseñanza virtual tiene que ser preparatoria para que el retorno a la presencialidad, que será dentro de un tiempo determinado, sea lo menos abrupto posible y podamos recuperar a los jóvenes que han quedado fuera de la carrera, desplegar las actividades presenciales que en muchas asignaturas son necesarias y hacer las evaluaciones, porque sino las tasas de desaprobaciones y, por lo tanto, de deserción van a ser muy altas».

En lo que respecta al debate abierto sobre el rol que debe cumplir la universidad en este contexto, la CONADU Histórica plantea que debe plasmarse un lugar protagónico y proactivo que colabore en la resolución de los diversos problemas que se desprenden de esta situación. «Tiene que poner toda su estructura al servicio de la resolución de los grandes problemas y de la emergencia sanitaria y económica», dice. Durante este tiempo se ha ido avanzando con numerosos laboratorios que se pusieron al hombro la tarea de producir alcohol en gel, las universidades que desarrollaron respiradores artificiales y otras, ligadas principalmente al área de la salud, ofrecieron grupos de voluntarios -tanto docentes como estudiantes- para reforzar el sistema público de salud.

Para Tiscornia, esta situación abre la puerta a grandes transformaciones post-pandemia que conllevarán discusiones para nuestro país y el mundo, ya que «lo que está haciendo esta crisis es poner sobre la mesa las deformaciones, las inequidades y las injusticias que en medio de semejante situación pasan a ser intolerables». «Hay que rediscutir el modelo productivo, la distribución de la riqueza y el desarrollo del país en el nuevo contexto mundial que se avecina», concluyó.