Las mujeres de la UTT

«La explotación de la tierra se relaciona directamente con el machismo»

La Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) se convirtió en un agente clave para el abastecimiento y la distribución de comida durante la cuarentena. Camila Ortellado es integrante de la Secretaría de Género de la organización y, en una charla con El Grito del Sur, habla sobre el lugar del feminismo en la agroecología y por qué explotar la tierra es también un síntoma de machismo.

La Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) es una organización que nuclea a 17 mil familias campesinas que cultivan 300 hectáreas a lo largo del país. Estos pequeños productores luchan por rever el modelo extractivista basado en el agronegocio para instalar uno nuevo que respete los ciclos de la naturaleza, que cultive sin aditivos ni agrotóxicos y genere canales de venta directa para evitar los sobreprecios. Además luchan por una redistribución de la tierra en un país donde el el 1% de las explotaciones controla el 36% de la tierra. La organización -que ya venía demostrando su importancia partir de que uno de sus referentes, Nahuel Levaggi, asumió como presidente del Mercado Central- se convirtió en un agente clave para el abastecimiento y distribución de comida durante la cuarentena: hasta el 15 de mayo, la UTT había repartido dos mil toneladas de comida a lo largo del país, y miles de kilos de fruta y verdura en la Villa 31 azotada por la emergencia sanitaria.

Las mujeres de la organización tienen un rol fundamental. Desde hace un tiempo, ellas vienen marcando las desigualdades de género en el sector y organizándose para cambiarlo. Por eso, en octubre del año pasado realizaron el primer Encuentro Nacional de Trabajadoras de la Tierra -en la ciudad de La Plata-, donde elaboraron un pliego de reivindicaciones que, entre otros puntos, exige el financiamiento e implementación de un Programa de Promotoras Rurales de Género y la transversalización de la perspectiva de género en todos los espacios de la organización. Luego realizaron un verdurazo – una gran suelta de verduras y frutas que adoptaron como herramienta para manifestarse- en el Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans. Camila Ortellado es integrante de la Secretaría de Género de la UTT y habló con El Grito del Sur sobre el lugar del feminismo en la agroecología y por qué explotar la tierra es también un síntoma de machismo.

¿En qué momento surge el enfoque de género en la UTT?

Desde el principio, la UTT tuvo una mirada de mucha importancia y mucho valor sobre las mujeres. Tal vez no se manifestaba en estrategias concretas, pero las compañeras agricultoras  siempre tuvieron un rol fundamental. Con los años, las mujeres fueron ocupando cada vez más lugares de toma de decisiones. Nuestra organización tiene 11 años y la Secretaría de Género se conformó hace cuatro. A partir de allí, el enfoque de género tomó un rol fundamental en todas las luchas que vamos llevando.

¿Cómo apareció la idea de las Promotoras Rurales de Género?

La idea de que existan promotoras surge -al igual que la Secretaría- a partir de un caso de violencia de género dentro de la organización. Esto llevó a que tengamos que discutir qué postura tomar y, como creemos que nada de lo personal es meramente individual, entendimos que hay con un montón de cuestiones sociales donde la organización tiene mucho que aportar. En ese momento nos empezamos a cuestionar por qué había muchas situaciones que se repetían entre las mujeres agricultoras y decidimos elaborar estrategias, porque si bien el Estado puede desplegar políticas públicas sobre violencia de género, éstas son insuficientes y no llegan a donde estamos. Las instituciones que conocemos están en los centros urbanos, que para nosotras son de muy difícil acceso. Si bien la violencia de género llega a todos los estratos de la sociedad, en los sectores rurales es mucho más complejo porque hay otras condiciones de vida. Para las compañeras agricultoras la dependencia económica de sus familias o sus parejas es terrible, hay veces que al interior de las quintas su trabajo productivo no se retribuye monetariamente. Por eso cada estrategia que nos quieran dar, cada comisaría que nos pongan, es inviable para nosotras.

¿Por qué recalcan que es importante que haya cupos femeninos en la organización?

Es una decisión de la organización que en todos los espacios haya un cupo femenino. Sabemos que las mujeres siempre estamos relegadas a los trabajos reproductivos y de cuidado, esto hace que muchas veces las compañeras no lleguen a otras actividades o capacitaciones. Que en cada espacio de la organización haya cupos femeninos realmente aporta al empoderamiento de las compañeras. De hecho, la Secretaria de Producción está encabezada por una mujer y eso no es menor, las compañeras tienen una capacidad enorme que hay que poder valorarla y darle lugar. Además, hace un tiempo venimos recuperando los saberes de nuestras ancestras, la relación con la naturaleza, la tierra, las semillas, todo eso que preservaron las mujeres y que el modelo de producción convencional te dice que es atraso.

¿La explotación de la tierra tiene que ver con la dominación del cuerpo sobre las mujeres que genera el machismo? 

Sí, la explotación de la tierra se relaciona directamente con el machismo. El modelo de explotación extractivista que quiere extraer lo poderoso de la tierra y no generar una retroalimentación hace con la tierra lo mismo que hace con nosotras el patriarcado, que es mirarnos como objetos de consumo descartable. Por eso decidimos apostar a la agroecología para romper con la manera de producción convencional que te limita y te genera dependencia, porque te endeudás para pagar agrotóxicos en dólares y vendés tu producción en pesos. Es muy difícil salir de eso y más sin políticas del Estado. Por otro lado, vimos que cuando es una posibilidad abaratar costos de producción, las familias venden lo que cultivan en sus quintas y se genera una estabilidad económica, las relaciones entre las personas se vuelven mucho más armónicas. Sabemos que, en momentos de crisis económica, muchas veces aumenta la violencia hacia las mujeres.

Foto: Pepe Mateos para la UTT

En ese sentido, ¿cómo se vincula la agroecología al feminismo y a los cuidados? 

La agroecología y el feminismo están completamente relacionadas. La agroecología permite que tengamos una relación con la tierra de vida. Conocer las plantas y su diversidad, incluso valorar una plaga, los microorganismos que antes con los agrotóxicos la meta era eliminarlos y ahora es aceptar la multiplicidad de especies que existen en los campos. A partir de la agroecología ya no hay un monocultivo, sino que es una variedad de plantas. Estos conocimientos siempre los guardaron y los transmitieron las mujeres, las formas de plantar, la necesidad del descanso de la tierra, las semillas. Además hay cuestión de vitalidad en la producción que se ve en las relaciones de las personas con la naturaleza, los compañeros empezaron a decir que estaban enamorados de la agroecología, que las plantas estaban contentas, hay algo de lo alegre del trabajo que genera relaciones de conexión con el campo.

Durante la pandemia estuvieron repartiendo frutas y verduras en barrios populares. ¿Cómo es el lazo entre las mujeres de los barrios y las mujeres del agro? 

Creemos que el sector hortícola tiene mucho que aportar durante la pandemia. Nuestro trabajo es fundamental todos los días, pero sobre todo en un momento donde es tan importante que tengamos el sistema inmunológico fortalecido. Hace mucho tiempo venimos trabajando en la  relación con organizaciones urbanas de espacios que están sumamente desprotegidas. Las organizaciones de mujeres del agro y de la ciudad se retroalimentan. En los tiempos de crisis son las mujeres las que generan más estrategias para paliar la situación. Nosotras tenemos muchísimo que aportar en los comedores y merenderos, por eso es importante conocer cómo viven las mujeres en las villas y generar una relación de sostén.

¿Y con las floricultoras?

Es tremendo que la producción de flores esté pasando por este momento, por eso la UTT está implementando microcréditos para que las familias floricultoras puedan producir verduras y frutas agroecológicas. Es una posibilidad para salir de esta crisis y superar la situación de desabastecimiento. Es muy triste que las familias que producen flores pierdan sus campos y su producción porque no tienen recursos para sostener su trabajo. Si bien transicionar de un tipo de producción a otro es difícil, hay que estar contenido y en comunidad para poder hacerlo.