Cárceles y pandemia

«Cuidar a la población que está en la cárcel es cuidar a la sociedad»

Christian Escanes pasó 11 años de su vida privado de la libertad. Ahora milita contra la violencia institucional en la agrupación Pocho Lepratti y denuncia la situación que se vive en los penales. "Tenemos una sociedad vengativa. Cuando a una persona le roban, no quiere que el pibe se reinserte en la sociedad sino que se pudra en la cárcel", señala.

Fake news, argumentos sin sustento, miedo, sed de venganza y cacerolas. El combo se hizo sentir en la semana con una protesta fogoneada por el sector más conservador de la sociedad para evitar que las personas privadas de su libertad en penales y centros de detención accedieran al derecho humano a la salud en el contexto de la pandemia de COVID-19. Mientras los grandes medios impulsan una campaña intencionada de desinformación para aglutinar las pulsiones más reaccionarias, desde El Grito del Sur nos comunicamos con aquellos que pueden dar testimonio real de la situación que se vive en las cárceles de nuestro país, lejos del odio y el afán de ver correr sangre.

Christian Escanes pasó 11 años de su vida privado de la libertad. En contexto de encierro pudo estudiar, formarse y comenzó su militancia, la misma que hoy lo encuentra en libertad, trabajando, con un hijo recién nacido y colaborando de manera activa con la Pocho Lepratti, organización que lucha contra la violencia institucional en contextos de encierro.

¿Cómo es la situación en los penales y por qué se da este tipo de protestas?

En los penales hay mucho miedo. La situación está lejos de lo que se piensa desde el oportunismo de que «en la pandemia van a salir los presos». Hay mucho hacinamiento y la idea de que el virus pueda entrar a la cárcel es tenebrosa. De hecho, ya está entrando en algunos penales y por eso el reclamo de los pibes de Devoto y otras unidades. Como las visitas están cortadas, el virus entra porque el contacto con el afuera lo tienen el personal penitenciario y de salud. Hay una tensión y una desidia total. Los juzgados están en cuarentena y no están dando mucha bola más que la que podemos lograr sacando un habeas corpus y pidiendo un arresto domiciliario para personas con riesgo de salud.

¿Cuáles son los reclamos que hacen de ésta una protesta política y no un motín?

Los reclamos son los lógicos: que se descompriman las cárceles. Si hoy entra el coronavirus en las cárceles, muchísima gente se va a contagiar. La situación en la cárcel no está dada para resistir una pandemia, en muchísimos sentidos. En un penal con 3000 personas, si entra el virus va a saturar el sistema de salud del lugar donde está ese penal. Si en una unidad de San Martín unos 500 presos se contagian, saturaste el sistema de salud de San Martín. Al mismo tiempo, hay que desvincular la idea de que esto es parte de un modelo político, separar la idea de que el peronismo está largando presos porque es el modelo político que quieren hacer. Es una decisión política frente a una crisis humanitaria. Una decisión coherente y científica.

La OMS, la CIDH, la relatoría de la ONU para Derechos Humanos, entre otros, apoyan la adopción de este tipo de medidas.

Exacto, y la problemática que tenemos es que los pibes desde las cárceles empiezan a ver estos fallos. El tema es que tenemos un Poder Judicial re conservador que está haciendo caso omiso a estas recomendaciones. Eso genera muchísima tensión, mucho miedo, vienen los reclamos, los reclamos no son contestados. Y los mal llamados motines son reclamos justos y desesperados. Lo que la gente está pidiendo es que los jueces trabajen, aceitar el sistema judicial. Hay delitos que son irrelevantes y que se podrían estar pagando con arresto domiciliario. Eso es cuidar a la población que está en la cárcel y cuidar a la sociedad.

Devoto no es un viaje de egresados

El tema tuvo mucho visibilidad después de lo sucedido en Devoto, pero ya habíamos tenido muertos en Varela, en Coronda, en Las Flores. ¿Por qué toma tal estado público cuando llega a Devoto? ¿Existe una jerarquía en las cárceles?

Lógico. Por eso también el proyecto del Gobierno de la Ciudad para sacar la cárcel de Devoto, desde siempre. Estar en la parte urbana hace que el reclamo lo puedan oír los vecinos. Esto viene de una data antigua: hubo un momento de la historia en que se torturaba a la gente en las plazas y mucha gente lo iba a ver, se llevaba a los chicos. En algún momento, nuestra sociedad empezó a tener un rechazo por estas torturas en las plazas y se empezó a tapar, al punto de llevar las cárceles a los lugares más desiertos del Conurbano, de las provincias, para que no se viera. Es difícil pensarlo en una sociedad en la que si decís tortura no podemos pensar en otra cosa que no sean los desaparecidos, la dictadura cívico-militar, pero en las cárceles todos los días se tortura. Cuando vos decís hambre se liga con los barrios vulnerados, las villas, pero en las cárceles los pibes se están muriendo de hambre. O cuando se habla de esclavitud se lo liga a las películas yanquis de los campos de algodón, donde tenían a los afros laburando, pero acá en provincia de Buenos Aires los pibes laburan y no se les paga o se les paga 700 pesos por mes. Esta situación invisibiliza los problemas que hay en las cárceles.

¿Y por qué sucede esto?

Tenemos una sociedad bastante vengativa. Cuando a una persona le roban, no quiere que el pibe se reinserte en la sociedad. Lo que quiere es que se pudra en la cárcel, que no salga nunca más, que si es posible lo maten de hambre. Todo esto es fomentado por los medios, por la derecha, por los mismos mercenarios de siempre. Pero realmente es una cuestión estructural. Yo estuve 11 años detenido y te puedo contar la violencia que ejerce el Estado en una cárcel y lo invisibilizado que está. Las cárceles no deberían ser para castigo, sino para reinserción social. También hay una parte de la sociedad que elige mirar para otro lado. Es muy poca la gente que entra en una cárcel por cuestión de militancia y los que entran, salen y no se desvinculan más.