Día del Orgullo

Falta mucho glitter y populismo rosa para que el armario deje de existir

Hoy se celebra un nuevo Día del Orgullo y, como cada año, esta fecha viene acompañada de nuevos debates que vuelven a poner en cuestión parte de lo instituido y nos invitan a repensar los avances y límites del colectivo LGBTTIQ+ en una sociedad que se sigue construyendo heterosexual y nos sigue educando para la vergüenza.

Las últimas dos semanas, fundamentalmente a partir de la «salida del closet» del reconocido cantautor español Pablo Alborán, las redes se volcaron a opinar sobre cuán necesario continúa siendo salir de un closet que para muches ya no existe en un 2020 con Matrimonio Igualitario, una Ley de Identidad de Género y una serie de legislaciones de avanzada que en la última década aportaron a terminar con el estigma y el castigo para un enorme y diverso colectivo en nuestro país. Ahora bien, ni ese abultado armario, cargado de prejuicios y violencia, desapareció por completo, ni se trata de salir del closet como un mero capricho.  Sostener este acto hasta el día de hoy tiene que ver con un hecho profundamente político de enunciar y poner en palabras aquello que durante cientos de años fue un imposible y a muches incluso les costó la vida. Dicen que lo que no se nombra no existe y visibilizar nuestras identidades gays, tortas, maricas, bisexuales, travas, trans, queers, intersex y no binaries viene a poner sobre la mesa que desde hace años hay un colectivo orgulloso que existe y resiste.

Foto: Abril Pérez Torres

Sin lugar a dudas, ese populismo rosa que vivimos en la Argentina no solo saldó deudas históricas para el colectivo de las diversidades, sino que incluso fue pionero en toda la región. Sin embargo, al 28 de junio de 2020, aún con las transformaciones y cuestionamientos que trajeron los feminismos, todos los días seguimos viendo cómo se estigmatizan, se violentan, se criminalizan y hasta se condenan nuestros deseos y nuestros derechos a ser otres. Sin ir muy lejos, hace exactamente un año la Justicia condenó a un año de prisión en suspenso a Marian Gómez por haber «resistido a la autoridad» cuando fue discriminada por estar besando a su novia en el centro de transbordo de Constitución. En uno de los hechos más paradójicos del último tiempo, una jueza argentina condenó en el Día del Orgullo a una pareja de lesbianas lisa y llanamente por su orientación sexual.

Casos como éste, como el de Eva Analía «Higui» de Jesús y como el de Joe Lemonge, entre otros, se repiten una y otra vez en una sociedad que se maquilla LBGT-friendly, pero sigue conservando los más anticuados estereotipos que nos encorsetan y nos educan para la vergüenza. Por más glitter y ornamentos accesorios que le pongamos a la cuestión, la única verdad es la realidad, y esa realidad hoy nos muestra cómo ese homolesbotransbi-odio permanece intacto. Proyectar la bandera del orgullo en ese venerado monumento falocéntrico de la Ciudad de Buenos Aires no va a hacer que dejen de discriminar ni asesinar a todas esas identidades que le escapan a la heteronorma. Discutir entre les convencides si existe o no en el 2020 un armario del cual salir no hace más que generar fisuras hacia dentro de un movimiento al que le costó décadas saberse unido en la diversidad.

Foto: Cristina Sille

A muches puede chuparle un huevo, o un ovario, con quién se acueste Pablo Alborán, Lindsay Lohan, Ricky Martin, Lady Gaga u otras celebridades que han hecho pública su orientación sexual. Y está bien que así sea. Pero desconocer que actos de este tipo, por la magnitud y el nivel de alcance que tienen, logran derribar para muches otres barreras con las que se vienen chocando desde hace tiempo habla de una necedad absoluta. Y mientras haya una sociedad que nos siga escondiendo y borrando de la historia, seguiremos rompiendo los armarios que sean necesarios.

Estas líneas no tienen por objetivo venir a delimitar los márgenes de lo permitido ni los estándares de lo establecido, tampoco viene a introducir grandes verdades desconocidas por la mayoría. Muy por el contrario, el propósito de este artículo es simplemente aportar al debate desde las propias vivencias y reflexiones de una persona, como cualquier otra, que un día se cansó de callar, de ocultarse con vergüenza y de mirar hacia abajo para finalmente, un día como hoy hace ocho meses, salir de ese closet en el que permanecí durante 21 años, siete meses y dos días. Porque a pesar de involucrarme políticamente desde los 12 años, cuando ingresé al colegio secundario, no fue hasta nueve años después que logré derribar mis propios prejuicios y mandatos familiares y sociales para asumirme bisexual.

Foto: Abril Pérez Torres

Muches -al igual que quien escribe- seguramente hayan asumido o les haya resultado más fácil asumir primero su identidad política, entendiendo a ésta como algo completamente escindido de su identidad de género. Así como muches otres habrán asumido su identidad de género sin comprenderla también como una categoría política. Y es que, durante años, la política y las diversidades caminaron por senderos separados y la sanción de las leyes ya mencionadas en nuestro país vinieron justamente a reforzar ese lazo, a unificar esos caminos y a comprender ambos componentes como parte de una misma fórmula. Esto no quiere decir que antes del 2010 o del 2012 no había maricas, tortas, travas y putos haciendo política en la Argentina. Pero hoy más que nunca tenemos el desafío y la responsabilidad de politizar nuestras identidades para seguir avanzando e impedir que un eventual viento de cambio le quite derechos a uno de los colectivos más postergados.

María Rachid tiene 45 años, es una histórica luchadora y activista lesbiana, fue presidenta del INADI entre el 10 de diciembre de 2010 y el 10 de junio de 2011, además de desempeñarse como legisladora porteña por el Frente para la Victoria entre el 10 de diciembre de 2011 y el 9 de diciembre de 2015. «Me involucré en política cuando me di cuenta que no todes teníamos los mismos derechos», cuenta una de las impulsoras y fervientes militantes por la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario.

Leonardo Grosso es un joven diputado marika de 37 años que «salió del closet» en sus redes sociales el 17 de noviembre de 2018, el Día del Militante. «Más allá de todos los avances que hemos tenido como colectivo, como comunidad, más allá de todas las discusiones que se están dando en el planeta, más allá de que en la Argentina tenemos la Ley de Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género y que estamos debatiendo el Cupo Laboral Trans, hay muchas cosas que todavía faltan», resalta uno de les principales adherentes al proyecto de ley de Cupo Laboral Travesti-Trans.

Foto: Cristina Sille

Adrían Urrutia tiene 48 años, hace cinco logró formar su familia homoparental y actualmente se desempeña como director de Diversidad del gobierno de la Provincia de Neuquén. Invitado a reflexionar sobre la fecha, expresa: «Estamos muy comprometidos para seguir trabajando, para seguir activando y seguir militando por todo lo que nos falta para poder hablar de igualdad real».

Por último, Carolina Pedelacq, militante popular de 34 años, feminista, lesbiana y concejala del Frente de Todes en el partido de San Martín, nos propone que «sigamos haciendo de la rebeldía y de la visibilidad una práctica política para conquistar todos los derechos que todavía nos faltan».

Por todo esto, hoy, 28 de junio de 2020, y todos los días reivindicamos salir del closet, ser visibles, nombrarnos y reconocernos como lo que somos: iguales en la diversidad.