Esteban "Gringo" Castro

«Ojalá esta crisis sirva para valorar el trabajo de la gente que está al servicio de los demás»

El secretario general de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) se reunió el martes con Alberto Fernández, en el marco de una serie de reivindicaciones que el sector viene planteándole al Gobierno. En diálogo con El Grito del Sur, Castro valoró las medidas del Presidente para "cuidar a la gente", insistió en la necesidad de incrementar los programas de ayuda social y repasó las medidas que las organizaciones sociales proponen para salir de la crisis.

No estaba en los planes, pero la reunión que tuvo con Alberto Fernández en Olivos este martes, dice Esteban «Gringo» Castro, secretario general de la UTEP, sirvió para poner sobre la mesa una serie de propuestas que las organizaciones sociales elaboraron para salir de la crisis, que van desde la reforma tributaria y la estatización de los servicios públicos al aprovechamiento de unas 18 millones de hectáreas improductivas en manos del Estado. También, para revalorizar el trabajo de las miles de mujeres y de varones que en los barrios populares, donde está el foco de contagios el coronavirus, paran la olla, asisten con cuidados de salud y organizan su cuarentena comunitaria. «Ese trabajo de la gente que está al servicio de los demás en nuestro país es histórico y viene desde que desapareció el pleno empleo, porque se hizo necesario. Eso tiene que tener un ingreso, llamale universal o como quieras, pero se tiene que ordenar», comenta Castro sobre los temas que le planteó al Presidente.

¿Qué sensaciones le dejó su encuentro con Alberto Fernández?

Fuimos a presentarle nuestro planteo gremial, que tiene que ver con que no puede ser que nuestros compañeros que se juegan la vida todos los días en los barrios cobren únicamente los 8500 pesos del salario social complementario. La primera reunión fue con el Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y el Presidente pidió vernos. Y escuchó, en parte el planteo de nuestras organizaciones con propuestas para salir de esta crisis, con nuestra posición y visión sobre el país, sobre cómo vemos desde el territorio un futuro mejor para todos y todas, para corregir las desigualdades que esta pandemia puso sobre la mesa. Principalmente la situación de la agricultura familiar.

¿Hubo coincidencias?

Coincidimos en el diagnóstico de lo que está pasando. Abrimos una mesa de trabajo sobre las 18 millones de hectáreas que están en propiedad del Estado y no están productivas, que podrían ser una salida de formalidad, trabajo y bienestar para muchas miles de personas del Conurbano y los barrios populares. El 80 por ciento de los productores de verduras de nuestro movimiento viven y trabajan en tierras que alquilan, a eso tenés que sumarle el valor del flete y demás. Es una forma concreta de salir de este esquema que es malo para todos.

En el manifiesto de las organizaciones sobre el modelo de país, hay medidas como una reforma tributaria y un impuesto a las grandes fortunas, similares a las que el Gobierno tiene en carpeta pero que por ahora no se materializan. ¿El contexto de crisis no debería acelerar los tiempos sobre algunas discusiones de fondo?

Si fuera por nosotros está claro que sí. Pero hay que tener paciencia. Quizás uno quiere ir a un ritmo más rápido del que permite la realidad, las correlaciones de fuerza y demás circunstancias. Pero hay que tener una mirada más amplia. La lucha reivindicativa sola no resuelve las cosas: con el gobierno de Macri, gracias a la movilización, obtuvimos muchos recursos, que paliaron un poco el ajuste, pero vino la corrida cambiaria y todo lo que habíamos logrado lo perdíamos por otro lado. Por eso hay que priorizar el proyecto de país. Aunque lo haga otro. Y en ese marco nosotros aportamos la unidad de las organizaciones sociales y los movimientos populares, dentro del Frente que hoy gobierna.

El propio Presidente reconoce que el Gobierno se llevó una sorpresa con las 11 millones de personas que solicitaron el IFE, y hasta se refirió a la dificultad de “llegar” a los argentinos que no están “registrados” por el Estado. ¿A los movimientos populares también los sorprendió?

Es el planteo que venimos haciendo, sí: casi la mitad de los trabajadores del país están en la informalidad. Pero en esta crisis hemos visto cómo muchas personas de clase media estaban también en esa misma situación. No es que todo el mundo forma parte de la Economía Popular, pero cada vez somos más por la propia lógica de concentración económica del neoliberalismo y la globalización, que cada vez expulsa más gente del sistema de trabajo formal. Por eso, otro punto importante para nosotros es poder avanzar decididamente en el registro de trabajadores de la Economía Popular, que está reglamentado desde 2016 por la ley de Emergencia Social, pero a la que el macrismo no le dio bola. Y pasó lo que pasó.

Se habla mucho de la dificultad de hacer la cuarentena en los barrios populares, pero no tanto quizás sobre la solidaridad que hace posible pasarla no tan mal a la hora de cumplirla. ¿Cree que falta un reconocimiento más profundo de la militancia que sostiene el día a día de la crisis?

Ya perdimos la cuenta de la cantidad de ollas populares que sostienen nuestros compañeros en los barrios. Fundamentalmente nuestras compañeras, las mujeres, y no sólo de los barrios, sino también de la clase media, todas ellas. Todo eso es un desarrollo de organización y confraternidad que, con amor, está poniendo el cuero y arriesgándose. Nosotros planteamos un aumento de los salarios complementarios, también Leo Grosso presentó un proyecto en ese sentido. Pero, ¿cómo se mide el salario de ese amor, de ese trabajo? Y no es algo de hoy, ojalá esta crisis sirva para poner en valor el trabajo de la gente que está al servicio de los demás, algo que en nuestro país es histórico y viene desde que desapareció el pleno empleo, porque se hizo necesario ese trabajo, mayoritariamente de las mujeres, como dije. Eso tiene que tener un ingreso, llamale universal o como quieras, pero se tiene que ordenar.

¿Cómo tomó las muertes de Ramona Medina y tantos otros referentes populares por el COVID-19?

A lo largo de nuestra vida vimos cómo se morían compañeros y compañeras, por la represión, por el gatillo fácil, por todos los abusos. Uno siente que se muere una parte de uno con ellos, es un momento donde se replantea todo, incluso que somos parte de un proyecto esperanzador, de un mundo más justo, y esas muertes no son justas y pegan en ese lugar.

Movilización CTEP San Cayetano

Movilización por San Cayetano, 2018

Las falencias en la urbanización de los barrios populares, como en Villa Azul, y el escándalo reciente por la compra de alimentos en Desarrollo Social expusieron que el Estado, pese a lo importante que es en el planteo de las organizaciones, también tiene muchas fallas, como la corrupción. ¿Cómo se resuelve ese problema?

Al Estado también hay que transformarlo. Hay que desburocratizarlo y desconcentrarlo. Hoy es la expresión de la sociedad: si tenés la concentración económica que tenés, vas a tener compras como la que hizo Desarrollo, a un par de vivos que concentran el mercado. Además, hay una lógica de “te lo voy a pagar a 4 meses”, “entonces yo te fijo el precio”. Ese es un Estado que no cuida, hay que cambiarlo.

Llama la atención que entre los sectores más afectados por la cuarentena están los trabajadores de la Economía Popular, pero no se los ve dentro del grupo que pide abrir todo. ¿Por qué?

Claro que la cuarentena nos afecta y tampoco queremos que se estire para siempre. Hay que desconfiar de los que hablan con barbijo desde un lugar cómodo. Lo que sentimos en los barrios es cierta incomodidad de la oposición por cómo llegó el planteo de Alberto desde el primer día. Sinceramente fue una sorpresa: de pronto, el Estado estaba para cuidarte. Fue muy impactante, de una calidez que no se veía. Y tiene que ver con que es peronista (risas).