Experiencias de los primeros Ni Una Menos

La revolución de las hijas no salió de un repollo

Entre el gentío que se reunió alrededor del Congreso hace cinco años, había miles de pibis. Para muchas de ellas, esta marcha significó comenzar a militar o adentrarse en el feminismo. Ahora no se callan más. En un nuevo 3J dicen: "mi primera marcha fue el Ni Una Menos".

La revolución de las hijas, tal como dijo la periodista feminista Luciana Peker, no nació de un repollo. El 3 de junio del año 2015 marcaría un parteaguas en los feminismos argentinos y obligaría a todos los sectores de la sociedad a repensarse, incluso aquellos que seguían -y  siguen- levantando la bandera de ‘nadie menos’. Esa tarde lluviosa fue un hito para las miles de mujeres, lesbiana, travesti y trans que se convocaron en cada una de las ciudades del país. Alrededor del Congreso Nacional no se podía avanzar, la Avenida Rivadavia era un bosque tupido de abrazos, de pañuelos, de lágrimas. La venda que se había caído de los ojos no volvería a taparlos nunca más. Muchas de esas mujeres, lesbianas, travesti y trans serían las que después, en la encuesta elaborada por el colectivo Ni Una Menos para sistematizar las violencias de género, hablarían de abusos intrafamiliares y pondrían sobre la mesa que si sucede dentro de una pareja también es violación. Junto a ellas había pibas y no pocas. Fueron con sus madres, sus abuelas, sus compañeras de colegio, sus centros de estudiantes o solas. Fueron conmovidas por las que no pudieron volver y ellas no volvieron iguales de esa marcha. Para muchas fue un puntapié para arrancar a militar o introducirse en el feminismo, para muchas fue hacer manada, encontrar la punta del hilo para descubrir que lo personal es político.

A cinco años del 3J de 2015, El Grito del Sur reunió los testimonios de cinco pibas para las que Ni Una Menos fue su primera movilización y un inicio en el feminismo.

Foto: Cristina Sille

Denise

“Me acuerdo de que mis seres queridos y mis personas cercanas se rieron porque iba a ir, cuestionando por qué teníamos que marchar las mujeres si todos necesitamos derechos. En ese momento yo estaba en una relación muy heteronormativa y compleja. Justo ese día era el cumpleaños de la mamá de mi novio y cuando le dije que no iba a estar le cayó muy mal. Mi novio se enojó y no entendió porque prefería ir a una movilización. Un año después me separé. A veces me pongo a pensar si ahora, con todos los avances del feminismo, esas personas se habrán dado cuenta lo importante que era para mí”.

Foto: Cristina Sille

Julia

“Mi primera marcha fue Ni Una Menos 2015. En ese momento yo recién empezaba a estudiar y vivía en Provincia, por lo que me sentía más alejada de las movilizaciones. Me acuerdo que fui porque me convocaba mucho la causa, era como un grito de auxilio, fue muy conmovedor. A partir de ahí cambió mi vida, empecé a militar el feminismo y a entender un montón de cuestiones que no eran solo mías sino de muchísimas mujeres. Yo tenía 20 años y pensaba: ¿por qué tardé tanto en darme cuenta de esto? Recién entonces le pude poner nombre a la desigualdad y a las violencias que nos aparecen a diario. También fue el día en que me regalaron mi primer pañuelo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y creo que fue un detonante para que se empiece a visibilizar más la lucha por el aborto y podamos decir que queremos decidir sobre nuestros cuerpos. A partir de ahí no falté a ninguna marcha de Ni Una Menos ni a las movilizaciones por el aborto. Necesitaba estar ahí para unirme a ese grito colectivo”.

Foto: Cristina Sille

Abril

“En 2015 yo estaba en primer año en el colegio Julio Cortázar. Todavía no me había metido mucho en el centro de estudiantes, había ido a alguna reunión porque mi hermana era vocera pero no me había involucrado. Mi primer marcha fue Ni Una Menos porque se trató de la primera en que pude decidir yo que me importaba y me representaba. Estaba prácticamente sola y casi no hablé con nadie, pero a partir de ahí todo empezó a cambiar. Mi análisis es que la ola verde surge de ahí, prácticamente toda la última generación de feministas nos formamos a partir de esa fecha. Después de eso yo empiezo a ir a las reuniones del Centro, al mes tomamos el colegio y cada vez tuve un vínculo más estrecho con la militancia hasta que el año pasado me egresé del colegio siendo secretaria general. Esa marcha siempre va a ser super importante para mi historia”.

Foto: Cristina Sille

Eliana 

«La del 2015 fue mi primera marcha. Fui porque me tocaba bastante de cerca esta lucha, ya que padecí muchos años de violencia por parte del padre de mi hijo. Justo en ese momento había salido en las noticias la muerte de Chiara y, cuando volví a ir en el 2018, había pasado el crimen de Lucía Pérez, no es solo por esos casos sino por todos. Yo, aparte de hacer terapia, pude salir adelante por la lucha colectiva en sí. Siento que la marcha surgió de la necesidad de que nos escuchen a todas, estar con personas que también están pasando por lo mismo o cosas similares convierte las luchas individuales en una lucha grupal. Es una sensación de esperanza de que en algún momento las cosas puedan cambiar y se empiecen a visibilizar las violencias y las injusticias».

Foto: Cristina Sille

Melina

«Mi primera experiencia en una marcha feminista fue el Ni Una Menos. Si bien yo venía militando para mis adentros, la marcha fue un primer acercamiento al construir colectivo. Después de eso pude participar en muchos encuentros regionales, conocer compañeras y adentrarme en lo que era el feminismo. En el territorio donde vivo se empezaron a formar redes, encuentros regionales y también nos encontramos con compañeras en el Encuentro Plurinacional del año pasado. Todo eso me abrió un montón de puertas y también me permitió entender que muchas cosas que daba por naturales no lo eran. Ese Ni Una Menos significó quitarme la venda de los ojos».