Tensión entre el Gobierno y los grandes exportadores

¿Por qué Vicentin estatal es clave para la soberanía económica y alimentaria?

Nuevamente, al igual que en el conflicto de la 125, se puso en discusión el rol que debe jugar el Estado en el mercado agroexportador. En un país donde millones pasan hambre y existe una concentración indebida de la tierra, resulta estratégico que el Estado gestione una de las principales empresas generadoras de divisas.

Hace ya muchos años, el sueño agroexportador y de la agroindustria como modelo indiscutible están en disputa. Pero, como evidenció el conflicto de la 125, todavía se sigue debatiendo qué rol debe jugar el Estado en las cuestiones económicas agrarias, en el mercado exportador y en la industria nacional. Pero no es solo el Estado el agente económico en discusión: también es importante discutir respecto al sector privado agrario, quien en una economía donde la falta de dólares es un problema estructural puede garantizar la llegada de éstos. Por lo tanto, la existencia de empresas como Vicentin resultan vertebrales en la generación y garantía de dólares, lo cual hace más interesante el motivo de la intervención previa a la expropiación. Pero también, es la tierra en la cual podrían producirse alimentos más sanos y disputarse la enorme concentración terrateniente.

Variables económicas: devaluación y deudas

Vicentin es un grupo financiero y empresarial fundado hace casi 100 años y uno de los diez grandes exportadores de Argentina. Aunque tenga nombre simpático de juguetería, también es la principal productora de Biodiesel, una de las cinco grandes exportadoras de harinas y aceites y una de las tres empresas productoras de soja más importantes en la Argentina. Vicentin también es la principal empresa argentina de molienda de oleaginosas y más del 85% de esta producción se exporta al mercado externo. Además, la concentración del sector agrario argentino es tal que la exportación del 91% de los granos está en manos de apenas 10 empresas y Vicentin es una de ella.

Solamente hasta acá, no es difícil notar la importancia de Vicentin como una de las empresas clave en una rama estratégica de la economía argentina (“el agro”) y su estrecha vinculación con los dólares (generados a partir de la exportación). Pero aparte, también es cierto que Vicentin es una de las pocas ganadoras del modelo político-económico de Cambiemos: primero porque salió muy favorecida de la megadevaluación y segundo porque se vio altamente beneficiada por los préstamos que le otorgó la banca pública durante el mandato macrista.

¿Por qué hablamos de mercado externo y devaluación? En octubre del 2017, el dólar cotizaba entre los $17 y $18, mientras que en el mismo mes dos años después costaba el 300% más. Es decir, para conseguir el mismo dólar ahora se necesitaban más pesos argentinos o lo que es lo mismo, la moneda argentina perdió valor. Como en todo proceso económico, existen ganadores y perdedores. Los y las perdedoras somos quienes pagamos los platos rotos de las ganancias extraordinarias de la patria sojera. Los ganadores son aquellos productores como Vicentin, que pudieron colocar y vender sus productos en el exterior. Por un lado, estas pocas empresas tienen menores costos en comparación con el mercado mundial y, por el otro, el dólar que ingresan al país por la venta de sus productos en el extranjero ahora vale más que antes.

¿Por qué hablamos de préstamos y deudas? El “pasivo” en la jerga económica representa todo aquello que una entidad o persona le debe a terceros. Para nosotres: “deuda”. Vicentin tiene una deuda de entre 1.300 a 1.500 millones de dólares, donde más de la mitad de los acreedores son bancos públicos. Solamente al Banco Nación, Vicentin le debe más de 300 millones de dólares. Si bien el pasivo de Vicentin es principalmente con bancos públicos, también lo es con el Estado en tanto adeuda impositiva y aduaneramente más de 9.000 millones de pesos, con proveedores y cooperativas y con todos aquellos trabajadores que se vieron suspendidos.

Claramente, los bebés no nacen de cigüeñas y las intervenciones estatales no surgen de repollos. Hace ya algunos meses, la delicada situación financiera de Vicentin alarma al Estado y a sus acreedores. Desde diciembre del 2019 que la empresa no paga sus deudas, lo cual implicó que se celebrarán concursos de acreedores/as (que vendría a ser un paso previo a la quiebra). También por otro lado, el Estado argentino -que procura cuidar a sus ciudadanes-, hace ya un tiempo alerta sobre la delicada situación laboral que rodea a la empresa: Vicentin genera empleo directamente e indirectamente a más de 9.000 trabajadores/as. Todos esos puestos de trabajo se mantendrán intactos mediante la intervención, la cual también garantiza la continuidad de la cadena productiva, protegiendo así a los pequeños y medianos productores de granos/otros productos.

Expropiación e YPF Agro

Aunque la agenda mediática insista en el término “expropiación”, al día de hoy la medida tomada por el Gobierno es una intervención: el Gobierno intervino Vicentin mediante un DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia) y quien gestionará transitoriamente a la empresa será YPF Agro. ¿Qué es YPF Agro? Es una unidad de negocios de YPF cuya producción consiste en la venta de gasoil a cambio de granos. Los granos como medio de pago fueron la estrategia estatal-privada para comenzar a disputar la exportación de granos. De esta manera, YPF comenzó gradualmente a generar un stock de granos teniendo de a poco un peso relativo en el mundo de exportación granaria (de granos).

Lo relevante acá son varias cosas. Por un lado, Vicentin es hoy uno de los principales proveedores de biodiesel para YPF. Con la intervención -y eventual estatización- se abre una nueva posibilidad de autoabastecimiento del biocombustible necesario para la producción de gasoil. Por el otro, parece viable que YPF Agro pueda contener la dinámica exportadora de Vicentin. Por último, también es interesante contrarrestar lo escéptico de quienes comparan YPF con Vicentin. YPF es una empresa mixta donde el Estado cuenta con el 51% de las acciones y el 49% restante se reparte entre privados: lo cual implica que sí es cierto que las políticas y decisiones las administra el Estado, pero que “la torta” se la reparte también con los privados. Ahora bien, comparar YPF con Vicentin es comparar manzanas con peras. ¿Por qué? Porque mientras en el mercado internacional de los combustibles, nuestro país no tiene tanta importancia, sí lo tiene en el mercado mundial de los granos y la soja: allí la Argentina tiene un poder de decisión relativamente alto en la determinación de los precios. De acá lo estratégico de un Estado que administre, gestione y regule una de las principales empresas exportadoras con importancia en el mercado externo.

¿Desde dónde discutir la soberanía alimentaria?

Este conflicto tiene otras dimensiones como la soberanía alimentaria y preguntas como: ¿Qué hubiese pasado o qué puede pasar si no se interviene? ¿Quién hubiera ocupado el lugar de Vicentin? ¿Cómo se hubiese disputado todo el comercio exterior? Las opciones no eran muchas y lo más probable hubiese sido que Vicentin terminara en manos de grupos transnacionales, apostando a una creciente extranjerización de la economía argentina. También la discusión sobre la soberanía alimentaria implica mencionar que la apuesta por un país más justo e igualitario, depende en parte de la independencia económica. Antes que nada, mencionar que la independencia económica en este caso está ligada a la obtención de divisas, las cuales (euros, dólares, etc) se obtienen mediante exportadores como Vicentin.

En Argentina, el 1% de los productores agrícolas -incluidos Vicentin- explota el 36% total de las tierras fértiles. Esa explotación viene atada a formas de producir muy dañinas para el medioambiente y para nuestros pueblos. De esta manera, la decisión respecto a qué producir en esas tierras se concentra en unas pocas manos y el producto por excelencia es la soja. La discusión respecto a la soberanía alimentaria se encuentra ligada a la posibilidad de producir sustentablemente, sin contaminar los suelos/alimentos/comunidades, sin tener agentes económicos como Vicentin que puedan decidir aumentar en forma arbitraria los precios de las góndolas. La Soberanía Alimentaria discute la posibilidad real de nuestros pueblos a pensar social-políticamente la producción, a ser responsables sobre nuestros suelos y necesidades, evitar la primarización productiva y para ello sí es necesaria la presencia del Estado, gestionando los recursos estratégicos para luego agregar valor agregado. Como dice Miryam Gorbán: “para hablar de Soberanía Alimentaria acabadamente debe garantizarse el acceso a la tierra a los productores familiares, dejar de fumigar escuelas y producir con agrotóxicos, producir alimentos seguros, sanos y soberanos”.