A 113 años de su nacimiento

Frida, la mala feminista

La artista mexicana es un icono de la cultura de masas y especialmente del movimiento feminista. Sin embargo, atrás de su imagen cristalizada hay dualidades y contradicciones que la acercan más a la mala feminista que al estereotipo esperado. Preguntas sin respuesta sobre Frida Kahlo.

 Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarse a que te devore desde el interior

Frida Kahlo

Frida pintora, Frida libre, Frida enamorada, Frida en pantalones, Frida tehuana, Frida ansiosa de ser madre, Frida chango, Frida verde, azul, rosa mexicano. Frida dolorida y accidentada, Frida amante. Hoy Frida Kahlo cumpliría 113 años, pero su presencia sigue intacta.

La vida de Frida estuvo atravesada por el sufrimiento físico y psicológico y por la dualidad entre fortaleza y desprotección. Durante su infancia la pintora mexicana fue diagnosticada con poliomielitis, lo que comenzaría con una serie de dolencias e imposibilidades físicas que la acompañarían toda la vida. La admiración por su padre fotógrafo sería otro rasgo que surgió en ese momento y conservaría a lo largo de los años. Ya siendo joven, Frida cambiaría su fecha de nacimiento de 1907 a 1910 en honor al año de la Revolución Mexicana. En 1922 fue una de las 35 mujeres de entre los 2000 alumnos que formaban parte de la Escuela Nacional Preparatoria. Allí integró el grupo “Los cachuchas” – muchos de cuyos miembros terminarían convirtiéndose en intelectuales de renombre- y tuvo su primer acercamiento a la política. En ese momento Frida también comenzó a usar pantalones, algo revolucionario para su época.

Tres años después, un trágico accidente de tránsito que le produciría fracturas en la cadera, la columna y las costillas -entre otras partes del cuerpo-, cambiaría todo por completo y la obligaría a usar un corset por largos períodos para ayudarla a mantener su columna firme. Fue durante el reposo total cuando encontró en la pintura una herramienta de supervivencia. En ese momento sus padres le armaron un baldaquino con espejos sobre la cama para que se pudiera retratar a sí misma, cosa que continuaría haciendo a lo largo de toda su trayectoria. En 1926 realizó su primer autorretrato; durante su vida haría un total de aproximadamente 200 obras, mayormente de este género.

Las dos Fridas

Frida es un icono tan contradictorio como revolucionario, que desbordó su disciplina para acaparar la historia, la política y el feminismo. Fue la artista más destacada de su generación, e incluso de muchas más, superponiéndose a otras de sus congéneres que también tuvieron carreras prolíficas como Leonora Carrington o Remedios Varo. Su obra tuvo diferentes motivos y etapas, muy ligadas a su vida personal, con influencias de las vanguardias europeas, referencias a la vida y la muerte, motivos prehispánicos e iconografía de los exvotos. Su primera muestra en el extranjero fue en 1938 gracias a André Bretón y su única exposición individual en México será en 1953, un año antes de su muerte, a la que llegó en ambulancia ya en muy mal estado de salud y adolorida. En 1939 terminará “Las dos Fridas”, el cuadro icónico donde refleja su realidad partida, bicéfala. Frida nunca se separaría de los artistas que integraron el movimiento muralista: entre ellos su esposo al que pronto, luego de su muerte, superará en popularidad. Actualmente, las colas para ingresar a la Caza Azul en Coyoacán, el museo construido en su residencia, dan la vuelta a la manzana y no merman hasta terminado el día.

Hernry Ford Hospital

La mezcla entre romanticismo y sufrimiento frente a fuerza y valentía llevó a que la historia hiciera de ella un icono cuya vida trascendió a su obra. En 2018, la fábrica Mattel lanzó una Barbie con su cara y la propia Madonna la usó como inspiración para sus videos. Si bien en este fenómeno tuvo una gran implicancia la industria cultural y hollywoodense, la «Fridamanía» va más allá y nos plantea la duda sobre si es necesario (o posible) separar al creador de su creación o si esto va en detrimento de alguna de las dos partes. En ese sentido, Néstor García Canclini se pregunta en su artículo «Frida y la industrialización de la cultura»:  “¿Favorece o perjudica a la obra de Frida Kahlo recordar su militancia comunista, su inquietante relación entre dolor y placer, la multiplicación de su imagen en números que le dedicaron Elle, Harper’s y otras revistas para crear el ‘Look Frida’, su feminismo adoptado en distintas versiones por mexicanas, chicanas y europeas? ¿Cómo distinguir los tequilas, anteojos y perfumes, los tenis Converse y los corsés italianos que llevan el nombre de Frida, del Corsé que ella pintó estampando la hoz y el martillo?”.

En 1929 Frida y Diego se casan por primera vez, había una diferencia de 21 años entre ambos. Al año siguiente la pareja se mudará a Estados Unidos, un país donde Frida nunca se sintió a gusto. En esa relación habrá engaños -inclusive de Diego con la hermana de Frida-, dolores, reconciliaciones, tres abortos espontáneos, mudanzas. También habrá militancia política y un amorío de Frida con Trotsky durante su exilio en México, donde será asesinado. En 1939 la pareja se separa pero un año después se vuelve a casar con la condición de tener vidas sexuales separadas, aunque desde antes Frida ya se relacionaba sexoafectivamente tanto con hombres como con mujeres.

Frida es, sin duda, una figura tan única como contradictoria, una mujer que se sublevó a los estereotipos de género pero también una enamorada sufriente de un hombre que muchas veces la lastimó. Frida fue militante política, pero también fue quien estuvo deprimida por un amor convulsionado. Frida fue la que se mudó a un país que nunca quiso, pero también quien estuvo abierta a vincularse con mujeres y varones. Frida fue la que andaba vestida con pantalones revolucionando su época y la misma que luego recuperó los trajes femeninos de pueblos originarios de la región, que dicho sea de paso, la ayudaban a disimular su renguera. Frida es quien se inspira en las vanguardias, pero también quien recupera el arte prehispánico.

Frida está, o al menos su legado, en ese linde incómodo del corrimiento de los estereotipos que molesta tanto a la sociedad en general como a las expectativas mismas del feminismo. Aunque probablemente no se lo hubiera planteado, la artista fue tomada como un icono del movimiento, incluso cuando no encajaba en ningún casillero, entre sus contradicciones y su apoyo al pensamiento de las mujeres de su época. Sin embargo, cuando la analizamos de cerca tiene algo de esa figura insidiosa de la “mala feminista”, la que ama su libertad y también la cede. Tal vez sea esa incomodidad rasposa la que debe llevar al feminismo, que sabe que lo personal es político, a volver sobre ella una y otra vez, para desacralizarla y romper su imagen cristalizada, obligándonos a tener una mirada crítica para mantener realmente su presencia viva.

El abrazo del universo , la tierra (México), Yo, Diego y el señor Xólotl