¿Lo peor está por venir?

Los hospitales porteños se preparan para las «semanas más duras»

Luego de las pesimistas declaraciones del ministro Fernán Quirós, los establecimientos sanitarios de la Ciudad ya se imaginan el peor de los escenarios con fuertes dificultades para contener la demanda sanitaria. Sin posibilidad a esta altura de sumar nuevas camas UTI, el principal reclamo apunta a la falta de personal.

La Ciudad de Buenos Aires transita la pandemia en medio de la contradicción de registrar récord de casos (ayer hubo 1405) y, al mismo tiempo, avanzar hacia una flexibilización que se avizora desprolija y con riesgo de colapso sanitario. Entre les profesionales de la salud en la metrópolis porteña, prima el miedo y la incertidumbre. Durante la primera etapa de la emergencia sanitaria, reclamaron a viva voz por elementos de protección personal (EPP) pero en varias partes no fueron escuchados y más de 500 laburantes ya se contagiaron de coronavirus. A pesar de los obstáculos, pusieron el cuerpo en todo momento y fueron los principales testigos del progresivo crecimiento de la demanda por atención de casos de COVID-19.

CABA ya supera los 2500 casos por millón de habitantes en 7 días. 1 de cada 104 personas están atravesando la enfermedad y, de los 47.796 casos totales, ya fallecieron 965 personas. De acuerdo con un reporte del Ministerio de Salud porteño difundido el pasado 16 de julio, la Ciudad tiene aún 98 camas UTI disponibles en el sistema público para atender la necesidad de los pacientes más graves. Sin embargo, la situación es variopinta según los diferentes establecimientos: el Penna, el Piñero y el Ramos Mejía, entre otros, se encuentran en graves dificultades para atender la ola de pacientes contagiados.

¿Lo peor está por venir?

Una semana atrás, trabajadores y trabajadoras de la salud realizaron un abrazo simbólico al Hospital Ramos Mejía -ubicado en el barrio de Balvanera- con el objetivo de denunciar las malas condiciones laborales en plena pandemia. Actualmente cuentan con unos 120 pacientes internados por COVID-19 y, si bien lograron que el ministro Fernán Quirós les enviara 20 enfermeros, esta cantidad les resulta insuficiente. «Nos faltarían 30 enfermeros porque, si no ingresan ahora, vamos a tener serios problemas cuando se colapse», explica a El Grito del Sur Claudio Gómez, enfermero y delegado del hospital por el gremio Sutecba. Gómez agrega: «De 16 camas reales de terapia intensiva puestas a disposición de los pacientes, ya tenemos 13 ocupadas. Así estamos en todos los servicios con el agravante de que no lo podemos sostener por falta de personal de enfermería».

En su último comunicado, la Asamblea de Trabajadorxs del Hospital Piñero advirtió que durante los meses previos al estado actual de la pandemia «las camas de terapia intensiva no se han cuadruplicado (ni duplicado siquiera) sino que continúan siendo las mismas 8 camas de siempre». Esto a contramano del discurso de Horacio Rodríguez Larreta planteando un supuesto fortalecimiento del sistema de salud público. Al 15 de julio, ya tenían 81 laburantes contagiados y el nivel de incidencia del COVID-19 en pacientes testeados era del 50%. En diálogo con este medio, Alejandra Molina -trabajadora social del hospital ubicado en el barrio de Flores- señala que «uno de los reclamos es que haya mayor cantidad de personal porque, al enfermarnos cada vez más compañeros y compañeras de la salud, se va recargando más la tarea de quienes quedan y eso repercute también en la calidad de atención que se brinda. El aumento de la cantidad de personal es indispensable porque la situación está lejos de ser controlada».

El Hospital Ferrer, en tanto, está ocupado casi en su totalidad con pacientes de coronavirus. A diferencia de otros establecimientos sanitarios en una situación más crítica, no sufren por el momento falta de equipos de protección y material de trabajo. «Hay algunos compañeros que se han contaminado y están en período de aislamiento. Hasta ahora en terapia intensiva no falleció ningún paciente, tenemos unos 5 pacientes con respirador. Estamos trabajando mucho, tenemos la UFU en la Avenida Caseros y Montes de Oca», cuenta Fabiana Demuro, médica y delegada de ATE en el hospital del barrio de Barracas.

Cuarentena flexible desaprobada

Los tres entrevistados coinciden en que el progresivo levantamiento de la cuarentena en la Ciudad de Buenos Aires, teniendo en cuenta el número alto de contagios que se registra por estas horas, traerá consecuencias negativas con el peligro de un inminente colapso sanitario. Cabe destacar que, si bien el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta apeló en la conferencia de prensa de la semana pasada a la «responsabilidad de cada ciudadano», el ministro de Salud Fernán Quirós reconoció hoy que «las próximas semanas serán muy intensas, quizás las más duras».

Demuro plantea que «muchas personas no toman las medidas de seguridad que corresponden, se siguen juntando en fiestas y en situaciones que no corresponderían. Es una posibilidad que todavía siga en aumento el número de casos. Ahora creo que se va a ver el nivel de concientización de la gente». Por su parte, Claudio Gómez asegura que «con la flexibilización de la cuarentena van a aumentar los contagios. Lo dicen las estadísticas nacionales. En los primeros meses de la pandemia no pasábamos de los 40 pacientes en el Ramos Mejía, pero hoy se triplicó esta cifra. Yo creo que esto va a colapsar si sigue así».

La pandemia afecta en mayor medida a la población vulnerable de la Ciudad y, en particular, a aquellas personas que viven en villas y barrios pobres de la zona sur. ¿Tendrá implicancias dañinas esta reapertura en términos sanitarios? «Nos preocupa muchísimo la flexibilización porque no aumentaron la cantidad de camas y tampoco la cantidad de personal.  Si seguimos con los mismos recursos y se flexibiliza la cuarentena, difícilmente podamos hacer una atención seria de la pandemia en nuestra área programática y en todo el sur de la Ciudad. Acá se pone en evidencia la desigualdad y cómo eso afecta la salud de la población», concluye Alejandra Molina.

 

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