Los riesgos de otra disparada de la pobreza en la Ciudad

Crece la pobreza en la Ciudad y Larreta sigue sin un plan anti crisis

Los datos del INDEC correspondientes al primer trimestre de 2020 revelan que el 22,9% de la población porteña se encuentra por debajo de la línea de pobreza. En medio de la pandemia, el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta se ha mostrado reacio a diseñar un plan económico que redistribuya recursos y proteja a los sectores más afectados por la crisis.

El pasado 3 de julio se conocieron los nuevos datos de pobreza en la Ciudad de Buenos Aires (INDEC). Al primer trimestre de 2020, el 22,9% de la población porteña -703 mil personas- ya se encontraba en situación de pobreza y el 7,8% -unas 240 mil personas- bajo la línea de indigencia. Durante el último año de la gestión Macri a nivel nacional, 118 mil personas se sumaron al listado de pobres en el distrito más rico del país.

Cabe destacar que estos datos no reflejan el impacto de la pandemia, que afecta fundamentalmente a los sectores más vulnerables y además golpea a sectores estratégicos como el turismo y el comercio. Según el último informe de la Cámara Argentina de Comercio, se detectaron en junio 345 locales en venta o alquiler en las principales avenidas porteñas, lo cual implica una suba de 203% interanual. 2019 ya era malo debido a las políticas económicas, 2020 es peor producto de un parate económico que trasciende las fronteras nacionales.

La proyección de caída en los ingresos porteños es de al menos 80 mil millones de pesos para este año, de acuerdo con los cálculos del ministro de Economía y Finanzas Martín Mura. Sin embargo, el diseño de un plan económico integral que redistribuya recursos y proteja a los grupos más necesitados sigue brillando por su ausencia: hasta el momento, la medida más ambiciosa fue la condonación del ABL durante los meses de junio y julio para aquellos comercios contemplados como «no esenciales» y relacionados con la venta de bienes y la prestación de servicios.

Desde la oposición cuestionan la falta de acción del Jefe de Gobierno para paliar los efectos de la crisis. «Mientras a nivel nacional se creó el IFE y los ATP para ayudar a familias y trabajadores cuyos ingresos desaparecieron o se redujeron drásticamente, el Gobierno de la Ciudad más rica del país no puso un solo peso para ayudar a los porteños y las porteñas en esta situación. Así, Horacio Rodríguez Larreta arruina a pequeños comercios, peluquerías, tiendas de ropa, restaurantes, hoteles y miles de monotributistas, cooperativistas, vendedores ambulantes», cuestionó recientemente Eduardo López, secretario general de la CTA Ciudad. En esa misma línea, el legislador Santiago Roberto (Frente de Todos) presentó un proyecto de ley para que el GCBA cobre «por única vez» un impuesto del 1% a los bancos y operadores del sistema financiero, aunque esta iniciativa corrió la misma (mala) suerte de la gran mayoría que no salen del riñón oficialista.

Quien sí tomó nota de la necesidad de tomar medidas propias sin depender únicamente de la administración nacional fue Axel Kicillof, quien se apresta a lanzar un plan de salvataje económico de alrededor de 2500 millones de pesos que incluye condonaciones y reducciones impositivas, créditos del Banco Provincia, el pago de salarios a trabajadores mediante un «mini ATP» y un fondo destinado a los 135 municipios con el objetivo de asistir áreas críticas como la gastronomía y el turismo. A diferencia del ATP nacional que incluyó también a las grandes empresas, la versión propuesta por el gobernador apuesta a cubrir a las micropymes que quedaron por fuera, tales como locales de gastronomía, peluquerías, lavaderos o salones de fiestas.

En esta situación adversa, el Jefe de Gobierno debe atender con urgencia las necesidades de los sectores bajos y medios. El crecimiento de la pobreza es proporcional al deterioro de la situación de la clase media, con lo cual si no se protege a aquellos hogares en situación vulnerable (un 7,9% según los datos consignados del INDEC) es muy probable que la pobreza llegue a niveles alarmantes en el corto y mediano plazo. Ni hablar de la indigencia. Para ello cuenta con la herramienta del Estado, cuya presencia es la única capaz de impedir una catástrofe en términos económicos y sanitarios.