Sube la tensión en la oposición

Macrismo explícito vs «autocrítica»: la pelea interna de Cambiemos en su semana más intensa

El ex presidente dijo que está dispuesto a "dar pelea" el mismo día que Vidal pedía una "autocrítica" y Rodríguez Larreta compartía el acto del 9 de Julio junto a Alberto Fernández. Se avecina un choque de planetas por las candidaturas en Ciudad y, sobre todo, por el perfil que tomará Juntos por el Cambio en 2021: reinventarse o apelar al antiperonismo intenso. Las encuestas marcan que la segunda opción, y Macri, corren de atrás.

La semana que pasó fue la más intensa para Juntos por el Cambio desde que es oposición. Hubo que esperar ocho meses para que la interna entre sus principales dirigentes, que se cocina a fuego lento, aflorara públicamente con claridad. El escandaloso documento que sugería que el de Fabián Gutiérrez fue un crimen político fagocitado por Cristina fue el paso en falso definitivo que “los dialoguistas” esperaban para desplazar al “ala dura” del último reducto de poder intestino que les quedaba: la vocería del frente. A la pequeña crisis interna, que por ahora se tuerce pero no se rompe, le siguieron gestos políticos fuertes: el mismo día que Mauricio Macri hablaba por primera vez después de dejar el poder y fagocitaba la movilización contra el Gobierno bajo las consignas clásicas del antiperonismo, la ex gobernadora María Eugenia Vidal les decía vía Zoom a un centenar de diputados provinciales cambiemitas de todo el país que el espacio necesita una “autocrítica” para volver a ganar. Horacio Rodríguez Larreta, por su parte, se sentaba junto a Alberto Fernández y el resto de los gobernadores en un mensaje de unidad nacional.

Las cartas ya están sobre la mesa y está claro que las diferencias no se acotan únicamente a cómo debe pararse el espacio frente a la pandemia: las principales giran en torno a cuál es el discurso y la propuesta necesaria para competir con éxito en las elecciones del año que viene. La mayoría de los dirigentes del Pro de la Provincia de Buenos Aires, intendentes y legisladores incluidos, apuestan por reperfilar el espacio y reinventar la propuesta electoral, en sintonía con la “autocrítica” y la «refundación» que propone Vidal. Y si bien tuvieron más de un encontronazo con el gobernador Axel Kicillof en estos más de 100 días de cuarentena, terminaron optando por la “cooperación” sobre la crítica, en la línea de Rodríguez Larreta. Si realmente quiere volver, Macri deberá primero tallar en esas posiciones, y convencer a la mayoría de su propio partido de que su candidatura el año que viene es viable y tiene lugar. La foto de hoy dice que está muy lejos de lograrlo.

De hecho, en el larretismo cayeron muy mal los indicios que dio Macri en su entrevista con el escritor Mario Vargas Llosa de querer jugar en 2021. «Voy a dar pelea», dijo. Nadie esperaba una retirada digna, como la que en su momento le proponía un sector del PJ a CFK. Pero ahora está claro que la predisposición del ex presidente a pelear por una candidatura resulta una amenaza seria a dinamitarlo todo. Casi sin dirigentes que le respondan en la Provincia, donde además su gobierno dejó una pésima imagen, la única posibilidad razonable sería presentarse como diputado por la Ciudad, donde Larreta, que sueña con ponerse la banda presidencial en 2023, es amo y señor. Ese choque de planetas promete muchos más daños colaterales que lo que pueda suceder, por caso, en la Cámara Federal de Lomas de Zamora, donde avanza la causa por espionaje ilegal que tanto entusiasma al kirchnerismo.

Otro factor no menor que interviene en la discusión son las encuestas. Mientras Macri cae, Rodríguez Larreta crece en imagen positiva (y mucho) más allá de la General Paz. Una de las razones que explican el crecimiento del Jefe de Gobierno es su cercanía con Alberto Fernández. Un relevamiento de la consultora Circuitos, que ya tiene un mes pero no envejece, señaló que en el AMBA prefieren a un Larreta dialoguista y lejos de Macri. La última foto de ambos, juntos, fue unos días antes de la difusión de esa encuesta.

La carta que le queda a Mauricio, en tanto, es “la gente”. La gente que se movilizó al Obelisco, que protagonizó cacerolazos contra la expropiación de Vicentín, que firmó la carta contra la “infectadura”. Una suerte de espejo de la relación que CFK mantuvo con los suyos desde el llano cuando le tocó ser oposición. El sueño de Mauricio es equiparar la epopeya de Cristina, la única ex presidenta desde el regreso de la democracia que logró volver al poder, la misma en la que ya fracasaron Raúl Alfonsín, Eduardo Duhalde y Carlos Menem.

Parte de ese macrismo intenso es alimentado desde las redes sociales, donde también es muy clara la “grieta” con el sector dialoguista. #LarretaTraidor fue uno de los hashtags más utilizados después de que Alberto llamara “amigo” a Horacio. Curiosamente, un informe del Frente Renovador de Sergio Massa (otro amigo de Horacio) detectó un crecimiento del 68% en la actividad de los trolls macristas ese 9 de julio, mismo día en que se agitaban rencores internos.