La exportación de cerdos a China y el peligro de alimentar nuevas pandemias

Negocio para algunes, deuda para todes

Ayer se realizó un tuitazo masivo para rechazar la instalación de granjas industriales de cerdos que permitirían producir 9 millones de toneladas de carne porcina y exportarla al país asiático. La iniciativa del Gobierno reabre el debate sobre la intensificación del agronegocio, el cuidado del medioambiente y la necesidad de soberanía alimentaria.

Miles de personas manifestaron su rechazo al acuerdo comercial entre Argentina y China que permitiría la instalación de granjas industriales de cerdos para producir 9 millones de toneladas de carne porcina y exportarla al país asiático. Periodistas, ambientalistas y personalidades de la cultura firmaron una carta titulada “No queremos transformarnos en una factoría de cerdos para China, ni en una fábrica de nuevas pandemias”, en la que advierten del peligro sanitario que representa el proyecto. Ayer por la tarde se realizó un tuitazo masivo para manifestarse en contra de la instalación de las granjas.

María Marta Bunge es coordinadora técnica de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria (CaLiSA) de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba). Les integrantes de la CaLiSA son unos de los cientos de firmantes de la carta en contra del proyecto del Gobierno. “La exportación de bienes naturales y servicios a China no le deja nada a la economía, ni a la alimentación ni al pueblo en general. El dinero va a parar a unos pocos que son los que concentran (tierras y riquezas) -afirmó Bunge en diálogo con El Grito del Sur -. No es alimentar al pueblo, es un negocio. Lo que está en discusión es una forma de ver el mundo”.

Cerdos y diamantes

A principios de este mes, el sitio web del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto publicó una nota en la que mencionaba que el canciller argentino, Felipe Solá, se había reunido con el ministro de Comercio de la República Popular China, Zhong Shan. La nota menciona la posibilidad de firmar un acuerdo bilateral con el país asiático para la “producción de carne porcina de inversión mixta entre las empresas chinas y las argentinas”.

“La Argentina podría producir 9 millones de toneladas de carne porcina de alta calidad y le daría a China absoluta seguridad de abastecimiento durante muchos años. Ya llegaron a un acuerdo sobre este proyecto la Asociación China para la Promoción Industrial y la Asociación Argentina de Productores Porcinos”, continúa la nota de Cancillería. El proyecto impulsaría inversiones por US$ 27.000 millones en los próximos cuatro a ocho años y generaría US$ 20.000 millones anuales en exportaciones de carne de cerdo y sus derivados.

Pero, ¿por qué China necesita de estas granjas industriales? La periodista y autora de los libros “Malcomidos” y “Mala leche”, Soledad Barruti, explicó en sus redes sociales que China es el principal consumidor de carne de cerdo a nivel mundial, pero que este año “tuvo que matar 250 millones de animales, que los enterraron vivos, los quemaron” debido a un brote de Peste Porcina Africana (PPA).

La PPA es una enfermedad altamente contagiosa que afecta a los cerdos. El virus puede diseminarse a través del contacto directo o indirecto y puede persistir durante mucho tiempo en el medio ambiente y en una variedad de productos porcinos. Actualmente, no hay una vacuna que pueda tratar esta enfermedad. Hace ya dos años, en China hay un brote de PPA y matan a los cerdos enfermos para intentar que no se propague este virus.

“Para que se pueda garantizar esa carne, China piensa exportar sus granjas industriales y hacer lugares en donde se engorden los cerdos que ellos van a consumir”, señaló Barruti. ¿Y por qué eso representa un peligro? Porque la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de la Sanidad Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ya advirtieron que el virus de la PPA puede mutar y comenzar a afectar a los seres humanos. “Como esta Covid-19 que tenemos hoy y que nos tiene a todos encerrados en casa”, agregó Barruti.

Soja, cerdos y sistemas extractivistas

El acuerdo también representa una intensificación del agronegocio y perjudicaría al medioambiente. “Se exportarían un montón de bienes que nos da la naturaleza y que no se cuantifican. Por ejemplo, cuando nosotros producimos los cereales y la soja que alimentan a los cerdos de China, exportamos también nutrientes del suelo, que queda recontra pobre. Eso no se contabiliza”, afirmó Bunge.

Para la integrante de CaLiSA, este acuerdo bilateral “representaría lo mismo que representó la soja en su momento”: en 1996, Felipe Solá (que entonces era secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca), aprobó la introducción de la soja transgénica en el país, cuyas semillas requieren del uso de agrotóxicos. La soja transgénica, señala la carta de denuncia, es un monocultivo que ocupa el 60 por ciento de la tierra cultivada, que promovió el desmonte y que convirtió a la Argentina en uno de los 10 países con mayor deforestación en el mundo. La soja cultivada, además, se exporta a China para alimentar a los cerdos.

“Los bienes que nos da el ecosistema no se contabilizan, se dañan los suelos, se talan los bosques, se reduce la biodiversidad y eso se refleja inevitablemente en enfermedades de plantas, animales y personas -denunció Bunge-. ¿Y cómo remediamos esa falta de diversidad? Con remedios posteriores. Todos esos caminos llevan al agronegocio, la concentración de los medios de producción, de la tierra y de la plata. Nunca resuelven el derecho humano a la vida digna”.

Bunge sostuvo que las granjas industriales (una forma de producción que ya existe en Argentina) implican “más extractivismo” y “una forma de vida que no se corresponde con la agroecología”. “(Los cerdos son considerados como) animales que son solamente carne, no se considera su rol en la naturaleza y obliga a quienes trabajan en esas granjas a vivir en una forma cruel. Se concibe a la naturaleza de forma utilitaria”, aseguró.

La integrante de CaLiSA advirtió que “producir alimento para otro pueblo no está mal”, pero hay que tener en cuenta “qué pone cada uno”. En este caso, Argentina pondría sus recursos naturales y China el dinero. “Estos sistemas extractivistas no producen alimento, producen divisas. Y es cierto que un país tiene que tener divisas, pero evaluemos cuánto valen esas divisas y la riqueza del suelo que se llevan a algunos y pagamos todos. Los negocios son para algunos, las deudas para todos”, manifestó.

El acuerdo con China es promovido por el canciller Felipe Solá.

Soberanía alimentaria: igualdad social y cuidado del medioambiente

Bunge y sus compañeres de CaLiSA creen en la soberanía alimentaria: la posibilidad de que sean los propios pueblos quienes produzcan sus alimentos sin dañar el medioambiente ni profundizar la desigualdad social.

“Se hizo una experiencia en Lobos (provincia de Buenos Aires) con mujeres productoras. Con 12 hectáreas de producción se abastecía a todo el pueblo y hay experiencias similares en otros lugares -contó Bunge-. Producir desarrollo en el campo no es producir hectáreas de monocultivo. Producir desarrollo en el campo es producir productos que cuiden el ambiente de nuestros hijos y nietos y que permita una vida digna”. En el caso de las ciudades, agregó, la producción puede hacerse en los conurbanos y periurbanos.

Otra de las propuestas de la cátedra es la desconcentración de los polos urbanos. Pero, advirtió Bunge, para que eso suceda es necesario garantizar que las personas puedan acceder a la tierra que trabajan y que cuenten con una infraestructura (luces, escuelas, hospitales) que permitan buenas condiciones de vida. En el caso de la propiedad de la tierra, “muchos productores pequeños alquilan la tierra” y “si se les dieran créditos podrían dejar de pagar un alquiler”. Así, mejorarían sus ganancias.

“(Para la producción de carne) hay propuestas que son las granjas agroecológicas que con el apoyo del Senasa, el INTA y las universidades controlen la inocuidad (la calidad alimentaria) y que con centros de faena cercanos permitan la faena local y no concentrada, que produce estrés en los animales -afirmó Bunge y señaló que la producción es de menor escala-. Uno puede tener gran cantidad de tierra con un monocultivo o un solo animal, o puede tener muchas granjas diversas. Muchas chacras chicas hacen eso y les deja una ganancia, pero, además producen alimento. Lo que está en discusión (en el acuerdo con China) son los modelos”.

 

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